Julito lo sabe todo
A Julito Martínez le tiemblan las canillas. Siente un sudor frío por la espalda. Le atormenta imaginarse los barrotes de la celda. Cree que puede ser carne de cañón. Este empresario sin relumbrón, a quien un juez y la UDEF convierten en testaferro de los lobbistas negocios de Zapatero, vive angustiado, prisionero de una duda existencialista: hablo o no hablo. Es decir, cuento (casi) todo lo que sé acerca de la doble vida del expresidente imputado y sigo, por tanto, el modelo Víctor de Aldama para procurar como garganta profunda cualificada la exculpación, o me inmolo. Ahí radica la suerte de un proceso judicial que podría llevarse por delante, en medio de una comprensible conmoción, o un gobierno, o una legislatura o la confianza en un sistema judicial y policial.
A la espera de conocer el sumario, ya tildado de aterrador por quienes supieron antes que nadie la inmediatez del explosivo auto que incrimina a ZP, el goteo de indicios provoca, desde el cristal de la objetividad, una profunda indignación. Aquel apóstol de las causas sociales, el predicador de la moral política, el adalid del diálogo queda reducido, de momento, a un malvado embustero. La sonrisa fácil de un impostor. El desengaño más cruel y doloroso para millones de votantes socialistas por falsario. La decepción ácida para quienes le secundaron en acuerdos tan estratégicos. Otro mazazo para la ética política. Otra disculpa para la desconfianza social en la arquitectura institucional. Siempre, claro, admitida la presunción de inocencia. A ese clavo, cada hora más ardiente, se agarra Pedro Sánchez, incrédulo por la desbordante magnitud de la sacudida sufrida.
Quedan demasiados días hasta la comparecencia de Zapatero ante el juez. Demasiado margen para enfangar sin remisión su figura, abiertamente desgarrada por la sonoridad de las imputaciones que se van desgranando. Quedan pendientes las pruebas, como bien alegan sus defensores a modo de coraza, aunque son conscientes de que la clarividencia de algunas investigaciones aboga al pesimismo sobre su suerte. Ya no hay alusión alguna al lawfare ni a la persecución judicial. El juez Calama no es el juez Peinado. Otra cosa bien distinta es que otros políticos y familiares hayan podido librarse con más facilidad.
En el caso de que persista la duda sobre la tamaña desvergüenza que recoge el auto, que pregunten a Julito, que siempre estuvo donde había fuego. O, en su defecto, también a Gertrudis Alcázar, la impagable secretaria de ZP, fiel a su idolatrado jefe desde hace más de 30 años. Incluso, a Sonsoles Espinosa para que explique cómo creció la cuenta corriente de su matrimonio en tan pocos años. En puridad, el escenario penal se oscurece a pasos agigantados para el devenir del primer expresidente imputado de un Gobierno español.
Más aún: queda la dinamita Ábalos, aderezada con la pimienta de su rencor intacto. Además, sabe de qué habla. Sus primeros lamentos desde la cárcel encierran una clamorosa sed de venganza. Especialmente hacia Sánchez. Fue el presidente quien eligió la vía del anterior mandatario socialista para salvar a Plus Ultra en detrimento del clan Koldo. La auténtica manzana podrida que envenenó las relaciones entre los dos bandos lobbistas y quizá alimentó la ambición del bando ganador. A su vez, fue el secretario general del PSOE quien ordenó sin contemplaciones la expulsión del ministro imputado nada más conocerse su imputación; esa justa vara de castigo no se le ha aplicado a ZP.
Que corra la bola
El alma socialista del Gobierno busca subterfugios imposibles para refugiarse. De momento, para llegar al fatídico 2-J. El seísmo alcanza tal grado que nadie se acuerda del varapalo en Andalucía ni del fracaso de Montero, ausente, por cierto, en el pleno del miércoles como era más que previsible. Hasta entonces, todo queda reducido al ventilador de la rumorología interesada, apostando por una imposible moción de censura o un quimérico adelanto electoral. Feijóo no es una alternativa porque sigue careciendo de los apoyos suficientes, al menos hasta que se demostrara que los negocios de Zapatero engordaron las arcas de Ferraz. Un final para esta legislatura atormentada cogería a demasiados partidos con el pie cambiado y al PSOE, en particular, abrasado.
Para mayor desolación socialista, ni la gran banca ha permitido desviar el interés sobre la suerte del grupo empresarial Zapatero hacia unas hipotéticas elecciones en el Real Madrid. Con su negativa a prestar un aval ya apalabrado a favor del rival de Florentino Pérez, difícilmente podrá encontrarse un ejemplo más ilustrativo del auténtico poder.
