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Principios y prioridades

Groucho Marx revive en Extremadura, Aragón y en la Audiencia Nacional. María Guardiola, Jorge Azcón y Mariano Rajoy cambian sus principios porque tienen otros. Aquella bravata de la presidenta extremeña para prescindir de Vox por xenófobo se cuela por el sumidero del ansia de poder, abrazando una hiriente prioridad nacional. Aquel desdén hacia la impericia institucional de una endeble ultraderecha aragonesa para así alcanzar un gobierno en solitario se transmuta, como cruel efecto boomerang, en una mayor cesión de poder para tu incómodo socio. Aquel apoyo inquebrantable en las redes al tesorero encarcelado queda convertido ante la jueza en mero desprecio y olvido.

El PP ha decidido pagar un elevado precio para amarrar dos autonomías que ya gobernaba. Al admitir el entorchado más racista de la derecha intolerante se deja demasiados pelos en la gatera. Son triunfos nimios que ni siquiera deleitan a los suyos. Incluso, hasta abren brechas inoportunas para un evidente regocijo del contrario. La sumisión a los postulados nucleares de Abascal no solo debilita a Feijóo. Desagrada sobremanera a Moreno Bonilla en su fundada esperanza de evitar dependencias desagradables. Incendia a Ayuso, esa interesada defensora del Madrid de los acentos. En esencia, infunde desconfianza pensando, sobre todo, en la arquitectura de un futuro poder alternativo.

Vox ha rentabilizado al extremo la angustiosa espera de los populares en las procelosas negociaciones. Ha marcado los tiempos con una intencionada acritud sin despistarse por el desgaste de sus navajazos internos. Justo en vísperas de la campaña andaluza ha hecho viral su vergonzosa, aunque vacua, prioridad nacional. En la tierra donde más daño quiere hacer al PP, su enemigo permanente. Una iniciativa fanática, propia de sus inspiradores, pero convertida en epicentro de un debate político y jurídico del que nadie quiere sustraerse por su repercusión. En el caso de la izquierda porque confirma sus apocalípticas advertencias sobre los fundamentos de la derecha y antepone un claro modelo ideológico; para sus defensores, porque les supone la silicona de su forzada coalición.

Resulta patética la conversión dialéctica de Guardiola. Solo su irrenunciable derecho a liderar un gobierno por el sustancial respaldo conseguido en las urnas podría justificar su ridícula dejación de principios para mantenerse en el cargo a cualquier precio. Una renuncia que ensombrece, a cambio, la confianza en la clase dirigente. Ocurre otro tanto al comprobar atónitos el bochornoso intento de pucherazo de Pedro Sánchez hace diez años ante sus compañeros del entonces Comité Federal del PSOE y que traslucen un método despreciable que empaña su esencia democrática. Unas imágenes difundidas, curiosamente, el mismo día de la la declaración de Rajoy y Dolores de Cospedal como testigos en el juicio del caso Kitchen.

ESPERAN LAS EMOCIONES

La verdad se hace de rogar estos días entre pactos y juicios. Como si provocara mal de altura. Nada mejor que la amnesia, por tanto, para disfrazar las posibles mentiras. El recurso adiestrado para esquivar sin demasiados rasguños los trances peliagudos. Nada como la desbordante exhibición de ironía y sarcasmo del expresidente gallego para sortear las embestidas acusatorias. No se le resiste ni la prueba de su propia letra. A Cospedal le ocurre lo mismo, posiblemente porque comparten el mismo objetivo de salvar especialmente al exministro Jorge Fernández Díaz mientras denigran sin piedad la garganta profunda del engolado Bárcenas.

En el otro escenario de togas, aguardan las emociones fuertes. Llega el plato fuerte de las declaraciones de los principales inculpados. Ahora bien, tampoco ha sido menos distendido el denigrante menú de las andanzas de De Aldama, los contratos de las amigas de Ábalos o el esperpento de Koldo como estratega incansable de su abogada. Entre todos han desbordado las tertulias, minutos de televisión y columnas escritas como entremés del juicio por el carroñero negocio de las mascarillas durante la triste pandemia. Ahí prendió la mecha para descubrir de la mano de un evasor de impuestos y comisionista desaprensivo la vida disoluta en el entorno de un ministerio.

Aguardan malos ratos para los socialistas en el Supremo. Demasiada ropa sucia se desparramará durante los interrogatorios que aguardan. La disculpa para que el argumentario del gobierno cargue sin desmayo sobre el despropósito de la prioridad nacional, y para que Sánchez exprima el enésimo favor de su enemigo Trump, ahora a modo de OTAN.