Vuelve a estar el emérito en Sanxenxo (o Sangenjo, como gusta escribir a los recalcitrantes), y la prensa de orden se debate entre sudores fríos, equilibrios cortesanos, gestos de irritación con el abuelete gamberro y, cómo, encendidas loas al gran timonel de la inmaculada transición española. Vamos por partes…

La Razón no disimula el motivo de su disgusto. La visita les hace el caldo gordo a los malos. “La izquierda se impulsa con la nueva visita de Don Juan Carlos a España”, titula en primera el diario azulón. En el subtítulo, la explicación: “El viaje desde Dubái genera un ruido que beneficia coyunturalmente en los «tracking» electorales a los socios del presidente Pedro Sánchez”.

"Lo que no puede ser es que la agenda personal de Don Juan Carlos se imponga sin orden ni concierto sobre una realidad política palpable"

Editorial de La Razón

Como no podía ser de otro modo, la idea se desarrolla en un editorial que lleva por encabezado “Viaje inoportuno que alienta al populismo”. En la letra menuda, después de gasta unas cuantas líneas dejando claro su admiración por el señor cuya visita tanto temen, vuelven a la idea de base: “Lo que no puede ser es que la agenda personal de Don Juan Carlos se imponga sin orden ni concierto sobre una realidad política palpable que, además, sería un error y un flaco servicio a la Corona despreciar. Entre otras razones, porque los efectos de la terrible campaña de desprestigio personal del anterior jefe del Estado, impulsada por los partidos de la izquierda antisistema y los nacionalistas ha obrado sus efectos en una parte sensible de la opinión pública que, como habían calculado los detractores de la Monarquía, no han podido ser suficientemente corregidos por los distintos pronunciamientos judiciales en favor del rey Juan Carlos”.

Unas páginas más adelante, José Antonio Vera encuentra a los culpables de la situación. Según él, el patrón del Bribón actúa así porque nadie le dice que haga otra cosa. Se lo juro: “La realidad es que si el emérito Monarca es más expresivo o extrovertido de lo que debiera en sus esporádicas visitas a España, es porque alguien está dejando de hacer bien su trabajo. Es tan simple y tan sencillo como trasladarle sus obligaciones. Como militar disciplinado que es, cumplirá sin dudarlo con el deber, pese a que ya no tiene cargo ni salario ni residencia. El problema aflora cuando nadie le dice nada”.

Lo de ABC es para nota. La gran foto de primera no es del rey viejo sino del joven firmando autógrafos a unos niños en Ronda. “Normalidad institucional”, reza el gran titular, que lleva debajo la apostilla: “La discreta llegada de Don Juan Carlos a Sangenjo coincide con el baño de multitudes del Rey en su primera visita a Ronda, donde recordó que la sociedad requiere ser un ejemplo a seguir”. Esta vez, no hay editorial ni columnas de acompañamiento.

En la primera de El Mundo también hay una foto del baño de masas de Felipe VI en Ronda, pero también otra que muestra a su padre saludando desde un coche. El titular hace equilibrios: “Llegada discreta del Emérito con el Rey pidiendo lealtad a la Corona”. En el editorial, la glosa es para el Borbón joven, que aguanta mecha con enorme entereza: “En un momento difícil, cuando el segundo viaje a España de su padre desde que se mudó a Abu Dhabi vuelve a suponer un riesgo para la imagen de la Corona, el Rey no varió su agenda y enarboló, desde el acto conmemorativo por el 450º aniversario de la creación de la Maestranza de Caballería de Ronda, un discurso de alto valor simbólico. Allí subrayó «el esfuerzo de evolución, de renovación y de modernidad del que nadie, ni institucional ni personalmente, puede ser ajeno», e invocó el valor de la lealtad a la institución”.

"Hace tiempo que el peor enemigo del Rey Felipe es su propio padre"

Leyre Iglesias (El Mundo)

En la página anterior, Leyre Iglesias no se corta en presentar al asilado en Abu Dabi como el autor de las mayores faenas a su vástago: “Hace tiempo que el peor enemigo del Rey Felipe es su propio padre. Ya no solamente –y cuesta teclear el adverbio– por los actos inmorales que protagonizó cuando era jefe del Estado y tras abdicar, y que no han sido juzgados por razones de inviolabilidad y de prescripción, respectivamente. El pasado importa, pero ahora importa más el presente. Si Juan Carlos se ha convertido en un doloroso enemigo para Felipe VI es porque hoy sigue encarnando el tipo de comportamiento que su hijo debe repudiar, y porque ante toda España le desautoriza, o eso parece”.

Vamos terminando con los que, contra y marea, siguen defendiendo a su icono. Uno de ellos es el veterano Javier del Castillo, que escribe esto en The Objective: “Vivimos en un país donde el rey que apostó por la democracia y la defendió en momentos delicados tiene que estar callado y refugiado en Abu Dabi. Un rey al que se recomienda que permanezca alejado, que procure hablar lo menos posible y que no se acerque a Madrid ni para arreglar algunos papeles. Será prudente y acertado por parte de la Casa Real respetar las distancias cuando las cosas no vienen bien dadas, pero conviene ponerse en la piel de una familia que sólo puede verse junta en los funerales”.

"Es indecente que se trate a Juan Carlos I como a un preso de permiso"

Editorial de El Debate

Mucho más exaltado, el editorialista de El Debate echa espumarajos y, faltaría más, es capaz de incluir en su texto a Txapote. Ahí lo tienen: “Es indecente que se trate a Juan Carlos I como a un preso de permiso y se le obligue a visitar a España de manera casi clandestina. Es insoportable que la presencia del arquitecto de la Transición, sin el cual el salto a la democracia no hubiera sido tal vez ni tan pacífico ni tan ejemplar, genere más discusión que los indultos a los condenados del «procés» o el acercamiento al País Vasco de etarras crueles como Txapote”.