Editorial

Flexibilidad y responsabilidad

18.05.2020 | 00:23

La mayor libertad de movimientos desde hoy y el anuncio de relajación de algunas medidas de la desescalada van acompañados de obligaciones necesarias para garantizar la salud

LA denominada fase 1 de la desescalada hacia la normalidad en la que Euskadi está inmersa desde hace una semana entra hoy en un nuevo ciclo en el que se incorporan varias novedades, fundamentalmente la posibilidad de que la ciudadanía pueda moverse libremente por el territorio histórico en el que tiene su residencia. Una medida que supone un paso más en el progresivo alivio en la libertad de movimientos desde el confinamiento decretado tras la declaración del estado de alarma, y a la que con toda probabilidad sucederán otras como la eliminación de las franjas horarias, de momento en municipios de menos de 10.000 habitantes, pero que, al mismo tiempo, conviven necesariamente con otras normas obligatorias con el objetivo de garantizar al máximo la salud y la seguridad individuales y colectivas. Así, por ejemplo, el Gobierno español tiene previsto, según anunció ayer y tal y como le volvió a solicitar en su reunión dominical el lehendakari, Iñigo Urkullu, al presidente Pedro Sánchez, la regulación obligatoria del uso de mascarillas en los lugares públicos, al menos en los espacios cerrados o en los que haya dificultades para mantener la distancia física aconsejada. Se trata de conjugar, siempre que la evolución de la pandemia así lo permita, la progresiva flexibilidad del confinamiento con la necesidad de extremar la prevención y la seguridad, ya que la mayor movilidad acarrea más riesgos de contacto con el virus y, por tanto, de contagio. Solo así se podrá avanzar hacia la fase 2, por lo que es necesario seguir apelando a la responsabilidad personal y colectiva. Aunque las imágenes que pudieron verse al comienzo de la fase 1 de concentraciones y grupos de personas sin guardar la debida distancia o de terrazas llenas que no cumplían las normas establecidas han ido disminuyendo, sigue habiendo una minoría que hace caso omiso a las pautas y pone en riesgo todo lo conseguido hasta ahora con mucho sufrimiento y esfuerzo de todos. La dura pero necesaria decisión de los alcaldes de las capitales vascas de suspender las fiestas este verano o la cancelación también de grandes eventos culturales como el BBK Live Festival o el Azkena Rock van en esa misma línea y son ejemplos de prudencia y responsabilidad en aras de la salud. Es momento de hacer uso de esa mayor libertad de movimientos, pero, como siempre, con compromiso ciudadano y sentido común.