Editorial

Lo que se dirime

Haya o no adelanto de las generales, el clima político y la radicalidad de discurso en el Estado no debe difuminar el objetivo real del 26-M: la gestión cercana y la voz propia en una Europa sacudida por el ‘Brexit’

07.02.2020 | 22:58

LA presentación el pasado dominfo en el BEC ante cinco mil militantes jeltzales del millar de candidatos que representarán a EAJ/PNV en las elecciones municipales, forales y europeas del próximo 26 de mayo se ha convertido, más de tres meses antes de esa fecha, en el banderazo de salida de un proceso electoral que se antoja, más que nunca, condicionado por aspectos diferentes y ajenos a lo que se dirime: el gobierno en los municipios y territorios históricos vascos y la representación de Euskadi en el Parlamento Europeo. Tanto es así que en previsión de otro posible condicionante, la convocatoria paralela para ese mismo día de elecciones generales adelantadas por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el PNV presentó asimismo a los candidatos elegidos por las bases de la formación para disputar los escaños en el Congreso y el Senado. Apenas horas después, la advertencia de ERC a Sánchez, con plazo hasta el día 12, para que inicie movimientos de diálogo con el soberanismo si pretende evitar una enmienda a la totalidad a los presupuestos parece reforzar la posibilidad de un superdomingo con hasta cuatro elecciones distintas a un tiempo. Si ERC y PdeCat se oponen a las cuentas en el debate y votaciones de los días 12 y 13, coincidiendo con la apertura del juicio por el procés en el Tribunal Supremo, el rechazo a los presupuestos obtendría una mayoría de un mínimo de 186 votos y Sánchez deberá desdecirse de lo afirmado por él mismo y sus ministros o convocar elecciones generales adelantadas que, si pretende celebrar también el 26 de mayo, deberían anunciarse a más tardar en la primera semana de abril. En todo caso, se dé o no esta última circunstancia, la confluencia de tres elecciones distintas pero, sobre todo, el clima político general, aquejado de tanta inestabilidad como radicalidad en los discursos, amenaza con extender la pugna izquierda-derecha y el posicionamiento ante la crisis en Catalunya y del modelo territorial del Estado cual bruma ideológica sobre el verdadero objetivo de la convocatoria a las urnas: la gestión más cercana al día a día de los ciudadanos vascos y la elección de una voz propia, no diluida en ámbitos de decisión más difusos por amplios, en una Europa que se enfrentará, casi al mismo tiempo, a las consecuencias de la resolución del proceso del Brexit.