Rojo sobre blanco

El hastío que no remite

Recuperar la versión del primer acto era lo que la coyuntura demandaba, pero no se pusieron los medios a tiempo y casi cuesta la derrota

07.12.2021 | 00:48
Unai Vencedor trata de zafarse de la presión de Carles Aleñá.

QUIQUE Sánchez Flores, histérico, saltó al terreno de juego, se fue a por el árbitro según este señaló el final y vio la tarjeta roja. El Athletic acababa de desperdiciar una excelente oportunidad para llevarse la victoria, en una contra nacida de un robo en campo propio. Berenguer no supo cómo resolver tras recibir de Sancet en inmejorable posición en el área, sin oposición. Dudó en vez de rematar, quiso recortar y se quedó sin opción de hacer gol. Así concluyó la noche en el Coliseum. Si no se añade nada a este breve relato, la interpretación de lo sucedido podría inducir a engaño. Sí que es cierto que eso pasó, pero fue la única jugada de peligro de los rojiblancos en toda la segunda mitad, período en que el tufo a empate a cero se fue intensificando a medida que el cronómetro avanzaba. Y no porque el Athletic ejerciese un dominio estéril, exento de profundidad, sino porque el héroe del partido ocupaba su portería.

Las mejores imágenes del Getafe - Athletic. Fotos: Athletic Club

De no mediar la brillante aportación de Unai Simón, e ste empate sin gracia, que de tanto repetirse produce hastío, hubiese volado al limbo y el Getafe tendría ahora los tres puntos. U n Getafe que sobrevive con el agua al cuello, incapaz de disimular su temor a la derrota o sus limitaciones creativas y de pegada, pero que en vista de la inoperancia de su oponente dispuso de hasta cuatro llegadas venenosas después del descanso. Todas desbaratadas por el portero, menos un chut de Sandro que no cogió portería. Ante el canario en un mano a mano, previamente al palmear un tiro con rosca de Aleñá y luego, repeliendo con el brazo izquierdo un remate a bocajarro de Olivera, S imón mantuvo en pie a los suyos, que fueron decayendo sin que en la banda hubiese reacción.

La tardanza de Marcelino para revitalizar a su equipo encaja de algún modo con el desenlace. Si en el primer acto el Athletic exhibió superioridad, luego dejó de hacerlo. Empezó bien, equiparándose en intensidad y agresividad le enseñó los dientes a un Getafe que si no intimida en el plano físico deviene en un conjunto muy vulgar. Bueno, pues cubierto el objetivo inicial, no dejarse apabullar por el anfitrión, fue el Athletic creciendo con el balón hasta dar la sensación de que si perseveraba rompería por fin su mala racha de resultados. El problema fue el de siempre, ausencia de pegada para reflejar el dominio en el marcador.

Cabría sintetizar la cuestión recordando que si en el último suspiro el Athletic gozó de una situación ideal para cobrar ventaja, unos segundos antes de que llegase el descanso ocurrió lo mismo. Nico Williams salió como un tiro, en la divisoria burló a un defensa y sirvió en ventaja a su hermano para que se fuese a fusilar a Soria. Pero el delantero efectuó un control deficiente y para cuando trató de orientarse ya tenía un rival encima, así que decidió regatear y lanzar, sin postura con la zurda, un churro a las manos del portero. Dos lances prácticamente calcados que arruinaron cualquier opción de victoria. Con que hubiese entrado una, hubiera bastado, pero ni la una ni la otra. Claro que se registraron otros momentos delicados para el Getafe, dos con la firma de Iñigo y una volea desviada de Vencedor. En cantidad, poco; pero en calidad, las dos narradas, muy nítidas.

A partir de la contrastada ineficacia en el último tercio del campo, al Athletic le sucede que se va apagando, se diría que esta tónica afecta a su ánimo y languidece. El asunto reclamaba ajustes para que el ritmo y la verticalidad no decayesen. Sin embargo, cuando entró Sancet, primer relevo, corría el minuto 75 y Raúl García llevaba un buen rato dando síntomas de desgaste. Hubo que aguardar casi diez más para que Petxarroman y Berenguer renovasen un ala que había dejado de percutir bastante antes.

Es posible que Marcelino no viese peligrar el punto, aunque el Getafe ya había mandado un par de avisos, y que por ello se mostrase reacio a tocar nada, pese a que el equipo necesitaba aire fresco por cómo discurría el duelo y porque, sencillamente, le faltan puntos. Recuperar la versión del primer tiempo y buscar el gol era lo que la coyuntura demandaba y quizá lo que hubiera impedido que Simón terminase por merecerse el sobresaliente, pero no se pusieron los medios a tiempo y casi cuesta la derrota.

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