La otra mirada

Reflexiones para un juancarlista acomodaticio

23.03.2020 | 01:23
Reflexiones para un juancarlista acomodaticio

no hay ámbito sin afectar en esta crisis sanitaria del coronavirus; todos vamos tocados en lo personal, familiar, laboral, económico€ ¡y va para largo! Pero todos con matices, porque cuando esto escribo hay unos 20.000 infectados y más de 30.000 denuncias por saltarse las restricciones del estado de alarma. Es decir, hay más imbéciles que enfermos de coronavirus.

Como no soy científica y el cupo de opiniones online sobre el viruscoronado está al copo, prefiero mirar hacia los senderos que transita el virus de la realeza española. Vericuetos hábilmente diseñados, imagino que por el CNI y la (ex) periodista real Lezitia con el dinero de todos/as, para aprovechando este estado de alarma soltar lastre exculpatorio informativo de la pútrida herencia del padre del actual rey. Medios y redes a pleno solo hablan de virus, infectados, confinamiento€, no queda hueco ni para mentar que ya hace un año el rey Felipe conocía que él y sus hijas eran beneficiarios de una herencia millonaria de Juancar el campechano; legado de origen nada oscuro, claramente procedente de una de las muchas comisiones personales que recibía ese presunto paladín de la libertad y de la democracia por cada firma de tratados como Jefe de Estado. Lanzar un año más tarde la noticia y presentar ahora la renuncia a esa herencia es burlarse del respetable y abusar de oportunismo. Lo hace porque se denunció en Suiza e Inglaterra, donde Corinna, la examante de emérito, alerta de su miedo real ante las amenazas del CNI. Así y allí quizá salve la vida, no como Sandra Mazarowsky, intimísima del entonces rey, a quien suicidaron en 1977, seguramente embarazada de su majestad. Corrió peor suerte que Raffaella Carrá, Barbara Rey y otras servidoras de la bragueta del rijoso, que follaron, callaron y cobraron en efectivo.

El próximo domingo hará 64 años que J. C. Borbón mató a su hermano Alfonso. Quizá Felipe herede también aquella pistola que nadie investigó, junto con la corona del dictador, o con la deshonra de abandonar a los saharauis con la talega personal llena con acciones de Fosfatos Bucraa. ¿Renunciará al sainete de un 23-F donde su padre muy probablemente pasó de ser promotor a camuflarse en bombero-salvador de la democracia? Incluso podría recibir como legado el fusil de matar elefantes o sus instrucciones a I. Urdangarin, que solo hizo lo que vio hacer al suegro. Ahora el hijo dice que renuncia (solo a la legítima) a esa mínima parte de una herencia fraguada de manera inverosímil e inexplicable solo con el suculento sueldo de monarca. Le quita al padre el sueldo vitalicio, pero no le arroja fuera de la familia real, para así mejor defenderlo y defenderse por si acaso a alguien se le ocurriera encausar sus otras acciones de comisionista y/o braguetista.

Nada de sucedido tendrá sustancia penal, porque ambos, más sus secuelas,son inviolables ante la ley, gozan de inmunidad plena: derecho de pernada institucional.

El juancarlista acomodaticio al que dirijo esta reflexión hizo su tránsito camaleónico de republicano a socialista moderno gonzalista y ya habrá encontrado excusa para proclamándose antimonárquico de boquilla, vivir cual entusiasta felipista. No importan las realidades de latrocinios, corruptelas y engaños de esta desestructurada arribista familia real, porque seguramente haya, como ante el coronavirus, más imbéciles que monárquicos.

nlauzirika@deia.eus @nekanelauzirika