El sacacorchos

El cero casi imposible

19.09.2020 | 01:23

EN las matemáticas de estos días el cero es un imposible, por mucho que los vigilantes de nuestra salud no quiten los ojos de la realidad en la que vivimos. No en vano, la gente usa la palabra para indicar algo que está fuera del alcance o que es muy difícil de lograr. En esa vida nos movemos, en la que nos indica que, por mucho que uno se vuelque en el empeño, es imposible sacar un cero en en examen de las libranzas a la hora de esquivar los peligros que nos rodean.

El escritor sudamericano Carlos Fuentes nos dijo que si este fuera un mundo perfecto no escribiríamos novelas ni haríamos películas. Está claro que perfecto no es, con el covid y los tratamientos que lo rodean sin dar con la tecla para salir del laberinto sanitario en el que estamos embarcados. Visto así uno supone que pronto habrá quien describa en un relato los duros tiempos que nos han tocado y que un poco más adelante, en cuanto caiga un buen guion en sus manos, un realizador de prestigio rodará una película que nos narre las fatigas y sufrimientos de hoy.

La ausencia del cero es la verdad que nos describe el ambiente en el que estamos metidos; temeroso, preocupante, duro de pelar y ansioso. De tanta desgracia como nos rodea, de tanta catástrofe como nos ha complicado el día a día, uno se siente fatigado. Tanto que uno cae en la tentación de soñar en una ilusión: cuándo desaparecerán los contagios, cuándo podremos salir a la calle sin precaución alguna, cuándo hoy volverá a parecerse a ayer. Es lógico pensar así pero quienes trabajan en primera línea de fuego no hacen sino repetírnoslo, el riesgo cero es casi un imposible. Oyéndoles a uno le corre una preocupación por el tuétano: ¿viviremos para siempre con una espada de Damocles sobre nuestras cabezas? Bien mirado uno sospecha que, más allá de la realidad física y médica, el miedo juega sus cartas. Por lógica habrá un tiempo en el que la ciencia dé con la tecla y busque una salida. El problema es que tal vez para entonces el miedo ya nos domine y el cero, entre precauciones y demás temores, no lo veamos jamás.