Ayer enfilaba el día hacia el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional pero, agotado quizá por lo que desde allí llega, entre otras razones, dejó de esforzarse por latir el corazón de Carlos Garaikoetxea, el penúltimo de una generación sin la que la Euskadi de hoy sería incomprensible. Con sus virtudes y contradicciones, el nombre del primer lehendakari tras el exilio está indisolublemente unido al impulso del modelo de mayor desarrollo social, político y económico. Un ciclo de ilusión, de esfuerzo, de esa incertidumbre tan presente hoy por otros motivos; de injusticia en ocasiones y de sangre inútilmente derramada, pero de voluntad de ser, por encima de casi todo.
Se fue sin ruido, cuando todos escuchábamos a José Luis Ábalos decir que él ya se ve condenado porque le han juzgado los medios, andanada a los jueces del Tribunal. Curiosamente, su declaración llegó pocas horas después de que el exfiscal general García Ortiz proclamara lo contrario con el mismo efecto. Esto es: que dice el exfiscal que él no se veía condenado porque no había pruebas; otra andanada a la sala del Supremo. Cuatro de los siete jueces que condenaron a García Ortiz repiten ahora en el ‘caso mascarillas’. La presunción de inocencia no parece primar en la dimensión mediática de ambos casos ni opera tampoco a favor del Tribunal. Es como el profesor ‘hueso’ que, si te tocaba, sabías que iba a ser un dolor todo el curso. Hay nombres en los Tribunales que, justa o injustamente, se han ganado esa imagen.
La gota que colma
Una buena crisis contra la pereza
Lo inevitable hace espabilar. Dice ‘The Economist’ que, a Ucrania, la necesidad de sobrevivir a la agresión rusa le ha convertido en un eficiente constructor de armas. Las hace rápido, barato y más eficaces que sus vecinos europeos. Durante la pandemia covid-19, la investigación -y no digamos la producción- de vacunas se aceleró hasta límites impensables; el valor de las farmacéuticas en Bolsa, también. No hay como una buena crisis para proteger, ampliar o crear nuevos espacios de negocio. Pero sería bueno no esperar a una plaga de termitas para que se aceleren las soluciones a la crisis de vivienda.
En la Audiencia Nacional, el que era el director del CNI durante el ‘caso Kitchen’, Félix Sanz Roldán, declaraba que el Centro no actuó contra Bárcenas. Eso de ir a un juicio a decir que uno no ha hecho nada ilegal estaba descontado, pero Sanz Roldán ha ido más lejos. No es que afirme que no le constara que se hubiera cometido ilegalidad sino que pone la mano en el fuego sobre la legalidad de todo lo hecho. Tratándose de una oficina dedicada al espionaje, es mucho decir.