Más de la mitad de adolescentes tienen dificultad para identificar cuándo una noticia es falsa, según Save the Children, y seis de cada diez utiliza las redes sociales como principal medio para acceder a la información. La conversación en casa, en la mesa o en la sobremesa, debería imponerse por ley. Así por lo menos sabríamos qué contenidos a los que acceden nuestros hijos e hijas son merecedores de un mínimo contraste y cuales objeto de debate. Produce, cuando menos, preocupación pensar en que las generaciones venideras den por bueno casi todo lo que leen en digital. Atención, atención.
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