Lo sucedido en Baviera en el juicio contra Bernie Ecclestone - “el rey de la Fórmula 1” - es jurídicamente correcto, pero sólo jurídicamente?

Y si no me creen, lean: en el 2006, Ecclestone vio peligrar su monopolio de las carreras de coches de máxima potencia y manipuló e intrigó para que las nuevas concesiones fueran a parar a una organización “amiga”. Y cómo en esa red de concesiones y exclusivas los contratos alemanes a renovar en aquél año resultaban decisivos, el hombre aseguró la jugada dándole un pellizco de 44 millones de $ al a la sazón presidente del banco nacional del Estado federado de Baviera, Gerhard Gabrowsky.

Allí paz y después gloria? Pero como la cosa era tan gorda no tardó en haber filtraciones, en intervenir la fiscalía, confesar de plano el señor Gabrowsky y la Justicia, en condenarle (sentencia firme) a ocho años de cárcel por corrupción. Sentencia clara e indiscutida, pero con rabo. Porque según la legislación alemana, el presidente de un banco estatal es considerado un alto funcionario público y eso obliga a la fiscalía a actuar de oficio contra el presunto corruptor del banquero.

Y la Justicia alemana comenzó a actuar contra el corruptor, Bernie Ecclestone. Había pasado mucho tiempo, Gabrowsky debió hacer sus números (seguramente coincidentes con los de Bernie) y, consecuentemente, empezó a perder la memoria y ahora cada declaración suya era diferente a las anteriores. Y Bernie -por su parte- empezó a hacer desfilar letrados y, con ellos, cataratas de alegaciones, impugnaciones, recusaciones, etc. El penúltimo acto fue una “negociación entre todas las partes”.

Se trata de una norma adaptada del sistema jurídico estadounidense y que en la Alemania Federal fue adoptada para que la judicatura no se viese colapsada por una acumulación de delitos menores y medianos. En la práctica sucedió todo lo contrario y los casos más flagrantes -aquellos en que la alta política y las altas finanzas buscan con pasión ocultar hechos y nombres-, acaban “negociándose” entre abogados y fiscales. De esta forma los juicios no llegan a celebrarse, no hay condenas ni absoluciones y la moral y el derecho se quedan con un palmo de narices, pero la maquinaria judicial funciona al máximo y el precio de la paz social se cotiza al máximo.