Peligro para usuarios de Bilbaobizi
Las nuevas ruedas convierten el uso de la bicicleta pública en un ejercicio de equilibrio
Bilbao presume con una insistencia casi admirable de ser un referente en movilidad sostenible. Se repite tanto que uno podría llegar a creérselo… si no fuera porque basta subirse a una bicicleta de Bilbaobizi en un día de lluvia para comprobar que la realidad va en sentido contrario.
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La reciente “modernización” del servicio ha traído consigo unas ruedas macizas que, sobre el papel, quizá resulten muy innovadoras. En la práctica, especialmente en una ciudad donde llueve con la frecuencia de Bilbao, lo que han conseguido es algo mucho más tangible: convertir el uso de la bicicleta pública en un ejercicio de equilibrio más propio de un número circense que de un medio de transporte seguro.
Desgaste y poco agarre
El problema no es menor. Muchas de estas ruedas presentan ya un desgaste evidente, y su agarre sobre asfalto mojado es, siendo generosos, más que cuestionable. Dicho sin eufemismos: son peligrosas. Y no hablamos de una percepción subjetiva, sino de una experiencia cotidiana para quienes utilizamos el servicio y comprobamos cómo una simple curva o una frenada pueden terminar en una caída.
Conviene añadir un detalle que parece olvidarse con facilidad en los discursos institucionales: este servicio es de pago. Los usuarios no estamos participando en una actividad experimental ni en un ensayo de nuevas tecnologías urbanas; estamos pagando por un servicio público que debería cumplir unos mínimos de seguridad. Mientras tanto, desde el área de movilidad se continúa alimentando el relato de una ciudad ejemplar, sostenible y segura. Pero la seguridad no se construye con campañas ni con titulares, sino con decisiones técnicas responsables. Y colocar en circulación bicicletas que, en condiciones normales de esta ciudad, la lluvia, comprometen la estabilidad del usuario, difícilmente encaja en esa definición.
BilbaoBizi reforzará en 2026 las estaciones en los barrios altos
Quizá antes de seguir exportando la imagen idílica de Bilbao como modelo de movilidad, convendría mirar al suelo, literalmente, y evaluar qué ocurre cuando las ruedas tocan el asfalto mojado. Porque transformar un medio de transporte público en un riesgo evitable no es avanzar hacia el futuro: es, simplemente, hacerlo mal. Tal vez sea momento de que la concejala deje de preocuparse tanto por la foto y empiece a atender lo que ocurre a ras de suelo. Porque la movilidad sostenible no puede construirse a base de golpes contra el asfalto.