La sociología nos viene advirtiendo sobre un proceso de conservadurismo que está desplazando el debate político: la ventana de Overton. Lo que antes era centro hoy se tilda de izquierda, al tiempo que discursos extremos se normalizan. En este escenario, la socialdemocracia queda en la diana, desplazada por una “extremización” que abraza la demagogia y señala al débil como culpable.

Parte del motor de este cambio son los creadores de contenido. Streamers y youtubers, desde la soledad de sus habitaciones y sin filtros, lanzan mensajes simplistas a generaciones sin criterio formado. De esta manera, elevamos al rango de experto a cualquier cenutrio con focos, ignorando que la convivencia se aprende en el roce social y no frente a una pantalla.

Hoy la opinión se ha democratizado, pero a costa de degradar el mensaje. Sin filtros de rigor ni esfuerzo intelectual por parte de la audiencia, corremos el riesgo de que el ruido digital desplace definitivamente a la razón.