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Luis Javier Tellería

Amor de políticos

Una de estas tardes veraniegas salí al balcón a echar una calada y a pensar en mi vida, o sea poco, cuando aparece ama. Tras saludarnos le cuento que estoy leyendo un libro de Irene Nemirovsky, que me está gustando. Me pide que le cuente y le explico que trata de una mujer rica de principios del siglo XX que cobija una obsesión por que le quieran, para lo que está dispuesta a todo, incluso a impedir que su hija se case para no sentirse suegra o abuela, pues esa circunstancia le haría parecer mayor a ojos de quienes quiere que le quieran. Le explico que no lo he terminado y desconozco su final.

Ama escucha interesada y comenta que la actitud de la protagonista se asemeja a la de mucho político que, sin querer a nadie, solo quiere que le quieran, o que le den votos, que es como miden el cariño. Le miro sorprendido y me comenta que, por ejemplo, Vox pasa de antifeminismo o “prioridad machote” a antiinmigración o “prioridad nacional” al pensar que así le quieren más y, aunque el PP se suma, Vox se arroga el cariño mayor para apuntarse el mando, como la señora de la novela que, según le cuento, sabe que utiliza el amor que los demás le profesan para influir en sus decisiones.

Le pregunto si D. Otegi, al pedirle amor al PNV para ir juntos en coalición, hace algo parecido, y me dice que, sin saberlo bien, cree que es lo mismo. Él tiene a algunos seducidos, menos que el PNV, y le apetece cautivar un rato a todos juntos, apostando por la “prioridad Euskadi”, para concluir en apropiarse el cariño mayor y después romper con el socio en favor de la “prioridad él”. Mi duda es por qué solo un rato y contesta que cree se asemeja a la protagonista que con el tiempo necesitaba amantes de menos duración, de un día o de una hora, aunque, dice, tampoco conozco el final.