La consecuencia de que me gusten las series clásicas televisivas que tienen tiempo tasado, principio y final, es que pillas un cabreo infinito cuando al ver un capítulo descubres que el tiempo que dura se acaba sin llegar a una conclusión, hasta que sale el cartel de “continuará”. Algo parecido vengo observando en la política desde hace un tiempo. Las izquierdas mandaban mucho con una sola marca, en dos años se separan en varias y luego se diversifican más si cabe para ahora avanzar en intentar unir lo que parece imposible, salvo que cada cual se quede con su feudo, y los más grandes, que se están quedando pequeños, elijan provincias que no sabemos si existen. Continuará. La derecha hace como que van a cogobernar para luego encabronarse, y lo mismo una presidenta dice que odia el machismo de Vox que al poco dice que comparte su visión del feminismo. Continuará.
Y aquí cerca tenemos a los Bildus, que aunque ahora se mueven en el anodinismo, escondiéndose detrás de D. Sánchez con el único eslogan de luchar contra la derecha, continúan en su obsesión contra el PNV pareciendo saber de vacunas más que toda la clase médica vasca al tiempo que piden listas electorales conjuntas con el PNV. Hoy firman convenios con Cuba y mañana gustan del modelo político y socioeconómico de los países nórdicos, del que incluso alaban el modelo policial sin armas, al menos nucleares. Continuará.
En fin, todo un movimiento de políticos y política que se contradicen o no terminan de rematar que me tiene en un sinvivir viendo cómo enlazan capítulos sin que haya un final, aunque sea para un rato. Siempre hay un “continuará”. Me gustan la política y las series cuando cada proceso o capítulo empieza y termina, que para no encontrarle sentido y no saber cuándo ni cómo llega el final ya tengo mi vida.