El hermano que me sigue, con el que me llevo año y medio, decidió pugnar duramente conmigo durante la adolescencia. Mientras yo tenía un carácter casi beatífico, que como muchos saben, con el tiempo se agrió, él mantuvo durante un tiempo una actitud de confrontación mientras yo aguantaba estoicamente todo lo que él me decía, y lo que era peor, lo que de mí mentía a mis amigos.
Esa vieja historia algo me recuerda al bueno de D. Andueza, jefe de los socialistas vascos, que lleva unas semanas empeñado en sacar la cabeza para decir que él es muy importante, ocurriéndosele para ese propósito bramar cada semana contra su primo de coalición, con quien lleva años gobernando en las instituciones vascas. Lo mismo protesta por una transferencia que manda a otro gritar porque el lehendakari cuente que habrá nuevas viviendas en Donosti o al de más allá porque el Diputado General alavés sugiera que sería bueno que la SEPI piense en condonar una deuda para ayudar a hacer viable Tubos Reunidos o porque se pida que el gobierno español pida perdón en nombre del Estado por los hechos de Gasteiz del 3 de Marzo. Resulta, como aquellos desaires de mi hermano, un pelín peripatético ese intento de Andueza de aparecer a base de criticar compulsivamente a quienes le acompañan en las instituciones. Al principio pensé que, como mi hermano, hacía hermanocelosismo, luego creí que era su personal Anduecismo, para al final, sabiendo que uno de los principios de los cínicos es depender uno solo de sí mismo, podría ser un intento de Anduezinismo.
Un día, harto de mi hermano, nos pegamos duro en la calle y yo gané, no por ser más fuerte, simplemente era mayor y tenía más rabia. No sé exactamente qué pretendía, pero a día de hoy, 60 años después y por mucho que lo intentó, sigo siendo mayor.