Ahora que se cumplen tres años del primer gran impacto del covid-19 entre nosotros, conviene recordar algunas cosas. Aceptamos que no había que llamarlo “virus chino”, para no estigmatizar. Y se nos convenció de que China estaba compartiendo toda la información y colaborando con las autoridades sanitarias mundiales. No fue ni es así. Ni lo será. La OMS ha sabido que China tiene información relevante y resultados genéticos y moleculares sobre el mercado de animales de Wuhan –zona cero del contagio– que se niega a revelar. China debe muchas explicaciones al mundo.
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