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Familia real

LAS “familias reales” son en algunos aspectos más reales de lo que pudiera hacernos creer el papel cuché. Los Windsor, por ejemplo. O los Borbones. Familias desestructuradas, que no vulnerables. Humanas, aunque Isabel II se levantaría, aún insepulta, de su capilla ardiente y me daría dos coscorrones, ya que ella defendería que su corona le viene directamente de Dios. El funeral de la reina ha reunido a su familia. Y aquí nos ha regalado la imagen del emérito, su esposa oficial aunque no conviviente y su hijo el rey Felipe, juntos pero no revueltos. Una familia rota, una monarquía “como Dios manda”.