‘Efecto Tinder’

24.03.2020 | 00:22
‘Efecto Tinder’

El ‘efecto Tinder’ se da siempre que quien ofrece un mensaje no sufre penalización en caso de mentir: un amante interesado, un político con anhelo de poder a cualquier precio... o si el emisor del mensaje puede ofrecer una tergiversación de la realidad que le suponga una defensa sin manchar su reputación

DE las múltiples aplicaciones existentes para flirtear, una de las más usadas es Tinder. Consiste en conectarse al teléfono y conocer personas del otro sexo que estén interesadas en buscar una relación. Por supuesto, la palabra "relación" tiene muchas posibilidades (no sé si la nueva ley de libertad sexual las dejará claras o no; solo se le pide una condición: que sea clara). En todo caso, la aplicación permite ver fotos de personas que están cerca de un determinado arco geográfico. Si alguien nos parece atractivo se indica en el programa. Si tenemos la suerte de que le parecemos atractivos a la otra persona, aparece un flechazo para los dos interesados. Bingo. A partir de ahí, se indican los contactos de cada uno y ya se puede establecer una cita.

Por razones culturales y genéticas, la proporción de hombres que busca una relación esporádica es mayor que la de mujeres. Sí: hay chicos que buscan relaciones de pareja estables y chicas que desean alguna aventurilla, pero los números, números son. La cuestión clave es la siguiente: la persona que mejor flirtea no tiene por qué ser la mejor pareja. Así, desde el enfoque de la Economía de la Conducta se denomina efecto Tinder a las señales que se envían en mercados con información asimétrica para lograr un objetivo (tener una cita, detentar el poder) diferente a lo que se establece a priori (relación de amor, velar por la comunidad).

Hasta ahora, había dos mercados en los que se daba este efecto: el amor y la política. Saber engatusar muy bien a una chica (ese es el sentido más habitual; por supuesto, la frase sirve también en sentido contrario) no implica ser un príncipe azul. En este sentido, llama la atención la historia de Shimon Hayut, un israelí que logró más de un millón de euros después de seducir y conquistar al menos a diez chicas. No es el único caso; hace tiempo se comentó el caso de otro chico que había logrado citas con más de cien mujeres. Por otro lado, en la política los casos Tinder abundan. Ser un buen candidato a una presidencia no asegura la mejor gestión. Es más, ni siquiera asegura ganar las elecciones. Por desgracia, es lo que hay. ¿Se pueden mejorar los incentivos y las reglas para poder estar más tranquilos? Depende. En el mercado del amor, la clave es estar atentos a los pequeños detalles y no tener siempre la cabeza nublada por pajarillos, poesías hermosas o frases románticas. Lo que cuenta son los hechos. En la política no hay mucho que hacer. Por desgracia, la mentira no está mal vista y no se penaliza en ningún momento. Siempre hay alguna justificación. La estrategia es la siguiente: "Igual no somos los mejores, pero los otros son los peores". Así, se etiqueta a los rivales de cualquier manera: trifachito, extremistas, veletas, separatistas o comunistas... y asunto arreglado. Muy triste.

La cuestión es que ahora existen más mercados en los que ha aparecido el efecto Tinder y eso empieza a ser preocupante. Sí, el mercado del trabajo se puede considerar uno de ellos. Pero si el trabajador no cumple, siempre se le puede despedir. Si el empresario no cumple, siempre se le puede denunciar. No es mucho, ya que existen situaciones delicadas y complejas en ambos casos, pero algo es algo.

Vamos al caso del coronavirus. Siempre aparecerán falsos curanderos que nos prometen la curación si vamos a sus consultas, siempre aparecerán catastrofistas que nos explicarán las razones por las que nos encontramos en el fin del mundo. Si no se cumplen sus profecías, siempre podrán decir que es debido a algún imprevisto. Es curioso, pero si en algunas redes pinchamos la tierra es plana (recientemente murió una persona en un accidente intentando demostrarlo) tenemos más enlaces que en el caso contrario. ¿Lógica oculta? Nos llama la atención lo extraño, lo desconocido, lo misterioso y lo que cambia la perspectiva de la vida: al fin y al cabo la realidad es aburrida y plana.

Por esa razón tenemos atracción por populistas que prometen un mundo maravilloso para todos o a organizaciones que nos ofrecen una vida de luz y color. Incluso podemos llegar a buscar la motivación de forma extrínseca mediante estimulantes que segreguen uno de nuestros anhelos más profundos: la dopamina, hormona del placer.

Sea de una u otra forma, debemos estar atentos al efecto Tinder. Se da siempre que quien ofrece un mensaje no sufre una penalización en el caso de mentir: un amante interesado o un político con anhelo de poder a cualquier precio. También se da si el emisor del mensaje puede ofrecer una tergiversación de la realidad que le suponga una defensa que no manche su reputación.

En un mundo lleno de incertidumbre, expectativas dudosas y anhelos de esperanza, los que saben manejar el efecto Tinder hacen su agosto todos los meses del año.

* Profesor de la UNED, autor de 'Ideas de Economías de la Conducta (Behavior and Law)'

SI de algo es descriptiva la crisis generada por el covid-19 es de la fragilidad de los esquemas vigentes. Nada ni nadie había alcanzado a vislumbrar la trascendencia que una pandemia generada por un virus común y corriente como los de la gripe podría tener hasta subvertir el orden social y económico a nivel global.

No hemos alcanzado a interpretar que el desorden en una esfera cotidiana, la de una enfermedad común transmitida a nivel global, también es capaz de afectar de modo decisivo a casi todas y cada una de las vidas de los habitantes de este planeta. Si alguien vivía hasta ahora pensando que lo global no era más que una construcción ficcionada de la que cabe abstraerse edificando una sociedad local a medida, el aislamiento en nuestras casas es la prueba concluyente de que nada ni nadie va a poder escapar de ese mundo globalizado.

Al margen del devenir de esta crisis, son infinidad los interrogantes que esta nos pone encima de la mesa. La interconexión ha dejado de ser una alternativa y, además de una realidad, se ha convertido en una necesidad. Ni la economía ni las finanzas van a poder tener otra perspectiva diferente de la que bosqueja la construcción de espacios compartidos, mundiales, de bloque o parciales como el de la Unión Europea, ni los servicios públicos van a poder tener otra dimensión y otras características diferentes de las de las necesidades puestas a escala civil. Vamos a reclamar igual respuesta pública en toda Europa, que ha dejado de ser solo esa alternativa a la que llegamos por principios o por convicción democrática para convertirse en la dimensión de nuestras necesidades como ciudadanos. Incluso el modo de relacionarnos en ámbitos mercantiles, laborales o de otro orden tampoco podrán ser ajenos a esa dimensión, que no es nueva, pero ahora se hace más explícita. Los esquemas de enfrentamiento, incluso de lucha de clases como algunos siguen postulando siglo y medio después, no resisten ya el mínimo contraste con una realidad que es más futuro que presente.

Y el gran problema es que esa realidad del futuro nos ha alcanzado sin prepararnos, sin haber podido predecir siquiera que ese orden figurado había cambiado, por lo que nuestras respuestas están siendo improvisadas, carentes de perspectiva y sustento ideológico. Y no digo nada sobre preparación. Nos adentramos en una selva de la que solo sabemos que tiene árboles en forma tanto de problemas como de oportunidades, pero sin saber siquiera de qué especie son ni cómo vamos a conducirnos por ella. El futuro nos ha pillado por sorpresa y solo queda hacerle frente con los medios que tenemos, si bien pido que tengamos la inteligencia de entender que sin una visión y estrategia común, global y compartida, ninguna solución podrá ser ni adecuada, ni justa ni duradera.

* Diputado del Grupo Vasco en el Congreso

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