Hay voces que emocionan. Una es la del hijo del bilbaino Jon Sustacha, hombre que su familia venezolana y la diáspora vasca busca bajo los escombros del edificio Corsario de Playa Grande, Estado de La Guaira. Esteban se abre en canal a DEIA mientras, con tensa calma, ultima los trámites para viajar de Canadá al país caribeño. Los planes más inminentes de su padre quedan por ahora en pausa. El hijo quiere estar cuanto antes lo más cerca de su mayor: su ejemplo de hombre, profesional y ético.

¿Qué le diría a su padre en estos momentos?

Si estuviera ahorita con mi papá lo primero que le diría sería gracias por ser tan maravillosa persona. Así lo es o ha sido conmigo y con todos los demás. Para mí es un ejemplo de hombre y como miembro funcional de la sociedad. Ha sido mi modelo a seguir. Le diría que lo amo, lo abrazaría y besaría.

¿Ese último abrazo fue el año pasado en Canadá, en el bautizo de su hija?

Sí. Conseguí reunir a toda la familia en mi casa con motivo del bautizo de su primera nieta, Patricia Rose. Fue de las mejores experiencias de mi vida juntos. Cómo disfrutó y cómo disfrutamos. Fue no parar de planear y todo lo bonito que quedaba por hacer en la vida. Y mira lo que nos ha deparado este juego de cartas.

Roxana, la pareja de su padre, consiguió salvarse.

Sí. Ella iba con su sobrino a casa de su hermana. El seísmo les pilló dentro del vehículo. Y mi padre estaba con los tres perros de ellos: Argi, Bruno y Txurrito. Roxana es una persona que ha rescatado perros de las calles. Los ama.

Ella no es su madre…

No. Mis padres se divorciaron siendo yo niño. Aun así, se juntaba las dos parejas. Son amigos. Toda la vida he sido un afortunado porque tengo cuatro papás. Las dos parejas son hermosas.

Esteban Sustacha nació en Venezuela en el seno de una familia exiliada. Licenciado en Administración y con diferentes posgrados, es el fundador de la firma Cleaning Edge. Cumple tres lustros de residencia feliz en London, ciudad canadiense de Ontario. “Le envío la última foto que nos hicimos juntos”, remite con cariño. Su padre es ingeniero.

Sí. Ingeniero mecánico. Tiene una empresa de aire acondicionado a nivel industrial. Es una de las marcas más grandes del país. Llegó a tener 150 empleados. Trabajaban para firmas de telefonía, televisión, radio… Es más, fue uno de los responsables del aire acondicionado de submarinos de Venezuela. Es muy capaz y preparado. Zapatos difíciles de llenar a nivel profesional. Un hombre admirado por su ética.

¿Cómo conoció la triste noticia?

En un grupo de mi familia materna vi que habían sido afectadas unas torres, que habían caído en Caracas. Le pregunté a mi mamá y me dijo que estaban bien a pesar de desperfectos en el apartamento, en muebles, por las paredes, una de ellas caída…, pero el edificio aguantó. Me confirmó que estaba bien, pero que no había conseguido contactar con Jon, con mi padre. Como no había telefonía a ratos, yo tampoco di con él. Hasta que Roxana me dice que ella tampoco pudo hablar con él y que estaba en el edificio con los perros. El jueves se siguió buscando. Hoy –por ayer- han ido personas de la familia con picos y palas, como se puede. El área está inestable. Oyen voces en el edificio, pero no se sabe si mi papá está vivo.

Su padre nació en Bilbao.

Sí. No sé en qué barrio o calle, pero vivió en Bilbao sus primeros años con su abuela. Emigraron a Venezuela por la guerra. Mi abuelo fue profesor de Química en la Universidad de Carabobo. Tanto en su infancia como adultez hablaba del País Vasco y viajaba a menudo allá. No se refería nunca a España. Sentía el orgullo de ser vasco; no español. Siempre me trató de inculcar ese sentimiento. De hecho, este mismo año iban a ir a vivir a Bilbao, donde quería pasar sus últimos días. Ese era su sueño. Ya lo tenían pautado él y Roxana.

¿Cómo es el talante de Jon?

Jocoso, cariñoso, cálido, siempre con una sonrisa. Siempre buscando cómo ayudar para pasarlo bien, por ejemplo, le fascina la cocina. Le da regocijo preparar un bacalao al pil pil, una paella a la vizcaina, unas croquetas…

¿Recuerda la última frase que su padre le ha dicho?

Me llamó el domingo, para felicitarme el Día del Padre, que se celebra en Venezuela. Hicimos una larga videollamada. Me dijo que se puso muy contento porque yo tenía puestos unos lentes (gafas) que él me había regalado. ¡Eso le hizo mucha ilusión! Lo amo y sé que me ama. ¿Cuándo nos podemos volver a ver? Prometimos ir a pasar las próximas Navidades todos juntos en Bilbao.