El reloj internacional ha entrado en una cuenta atrás frenética que amenaza con transformar el actual conflicto en Oriente Medio en una contienda de consecuencias impredecibles. Este sábado el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha lanzado la advertencia más severa desde el inicio de las hostilidades: Irán tiene exactamente 48 horas para reabrir el estrecho de Ormuz o alcanzar un acuerdo definitivo. De lo contrario, Washington está preparado para "desatar el infierno" sobre las infraestructuras energéticas de la República Islámica.

La amenaza, difundida a través de su plataforma Truth Social, marca el punto de máxima tensión de la denominada operación Furia Épica. El mandatario ha recordado que el plazo ofrecido a Irán expira este lunes 6 de abril a las 20:00 horas de Washington, un momento que Trump ha sellado con un lapidario "¡Gloria a Dios!", elevando la temperatura de una guerra que comenzó el pasado 28 de febrero tras los bombardeos conjuntos de EE.UU. e Israel contra objetivos en Teherán.

La contundencia de Trump no parece casual sino que responde a una de las jornadas más complicadas para las fuerzas estadounidenses en lo que va de conflicto. El hermetismo inicial de la Casa Blanca se resquebrajó ante la evidencia de los hechos ocurridos este viernes, cuando la defensa antiaérea iraní logró derribar un caza F-15 en su propio territorio, un hito que no se había producido desde el comienzo de la invasión. Mientras uno de los tripulantes fue rescatado en una operación relámpago, el segundo militar se encuentra aún desaparecido en suelo enemigo.

La búsqueda de este piloto ha desatado una cacería humana de tintes dramáticos. Las autoridades locales de la provincia iraní de Kohgiluyé y Buyer Ahmad han prometido recompensas especiales a quienes capturen o maten al militar estadounidense, mientras el Pentágono mantiene un silencio sepulcral sobre su identidad.

La situación se complicó aún más cuando un avión de ataque A-10 Warthog se estrelló cerca del Estrecho de Ormuz casi simultáneamente. Aunque su piloto fue rescatado, la pérdida de dos aeronaves de combate en un solo día, sumada a los daños sufridos por dos helicópteros Black Hawk alcanzados por fuego enemigo durante las tareas de rescate en Irak, ha supuesto un duro golpe al prestigio militar de la Administración Trump. Con 13 militares estadounidenses fallecidos y 365 heridos, el coste humano empieza a pesar tanto como el económico.

La influencia del estrecho

Y en el centro de esta disputa se encuentra todavía el estrecho de Ormuz, la yugular del comercio energético mundial, ya que por este paso circula la quinta parte del petróleo del planeta y un tercio del gas licuado. Su cierre por parte de Irán ha disparado los precios del combustible, situando la gasolina en EE.UU. por encima de los 4 dólares por galón, una cifra que asfixia a los votantes a solo ocho meses de las elecciones de medio término.

Trump, fiel a su estilo transaccional, ha sugerido que el control de esta vía podría ser una "mina de oro" para el mundo, insinuando que EE.UU. podría "hacerse con el petróleo y amasar una fortuna" si se extiende el control militar sobre la zona. Sin embargo, el Ministerio de Exteriores iraní, encabezado por Abbas Araqchi, ha rechazado de plano cualquier alto el fuego provisional. Teherán asegura estar dispuesto a negociar solo un final "definitivo y duradero", calificando las exigencias de Washington como inaceptables y llevando los esfuerzos de mediación liderados por Pakistán a un punto muerto absoluto.

El presidente de EE.UU., Donald Trump. Efe

Un frente interno fracturado

Mientras el presidente promete destruir las centrales eléctricas iraníes en las próximas dos o tres semanas, en el Capitolio empieza a gestarse una rebelión. Trump ha solicitado un presupuesto de defensa récord de 1,5 billones de dólares, proponiendo recortes drásticos en programas sociales para sufragar la guerra. Esta maniobra ha encontrado una resistencia inesperada incluso en las filas republicanas.

El senador republicano John Curtis ha advertido así que no aprobará fondos adicionales sin una declaración formal de guerra por parte del Congreso. "No puedo apoyar la financiación de operaciones militares continuas sin que el Legislativo tenga la oportunidad de pronunciarse", afirmó Curtis, recordando que la Ley de Poderes de Guerra impone un límite de 60 días para las acciones militares sin aval parlamentario.

A pesar de que el miércoles pasado Trump se dirigió a la nación con un mensaje ambiguo, asegurando que el estrecho de Ormuz "se abriría solo de manera natural" ante el repliegue iraní, su postura de este sábado sugiere que la paciencia se ha agotado; no obstante, Irán ha demostrado que su capacidad de defensa es superior a la prevista, logrando impactar naves de alta tecnología y manteniendo el pulso diplomático desde Islamabad.

En las próximas 48 horas, el mundo sabrá si las ambiguas declaraciones del mandatario se traducen en una ofensiva total o si, en el último minuto, la diplomacia de presión extrema logra abrir una brecha en el muro de hostilidad que separa a Washington de Teherán. Por ahora, el "infierno" prometido por el presidente estadounidense parece estar a un solo paso de distancia.