Uno de los hábitos más extendidos entre los conductores es forzar el llenado del depósito después de que la manguera haga el primer "clic". Muchos usuarios intentan redondear la cifra del pago o simplemente quieren aprovechar hasta la última gota de gasolina, pero este gesto es un error. Las mangueras modernas cuentan con un sistema de succión que recupera los vapores y el exceso de combustible para evitar derrames.

Cuando intentamos llenar el tanque hasta el tope, gran parte de ese combustible que ya hemos pagado no llega realmente a nuestro depósito, sino que es succionado de vuelta por la manguera hacia los tanques de la gasolinera, provocando que paguemos por un combustible que no vamos a consumir.

Peligro de averías

Además del gasto directo, esta práctica puede provocar una avería en el sistema de evacuación de vapores del vehículo, conocido como el sistema EVAP. Al sobrepasar el límite de seguridad, el combustible líquido puede entrar en el filtro de carbón activo o cánister, que está creado exclusivamente para gestionar gases. Si este componente se satura de líquido, deja de funcionar bien, lo que suele encender el testigo de fallo de motor en el cuadro de mandos y obliga a una reparación que supera cualquier supuesto ahorro al repostar. La recomendación de los expertos es detener el llenado siempre en el primer salto automático del sistema de la gasolinera.

Otro factor determinante que afecta directamente a la densidad del combustible y, por ende, a nuestro bolsillo, es el momento del día elegido para acudir a la estación de servicio. Debido a que el combustible se expande con el calor, repostar en las horas centrales del día cuando las temperaturas son más altas implica que el volumen del líquido es mayor pero su energía es menor.

Una mujer repostando gasolina. EP

Por el contrario, acudir a la gasolinera a primera hora de la mañana o durante la noche, cuando el suelo está más frío, garantiza que el combustible esté más denso y sea más eficiente por cada litro. Ignorar estas leyes supone una pérdida constante de dinero que la mayoría de los conductores podría evitar fácilmente.

Cómo ahorrar más gasolina

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Ahorrar gasolina es más sencillo de lo que parece si se adoptan pequeños hábitos al volante que marcan una gran diferencia a final de mes, como mantener una conducción suave y constante, evitando acelerones y frenazos bruscos que disparan el consumo, así como utilizar correctamente las marchas para optimizar el rendimiento del motor.

También es clave revisar la presión de los neumáticos, ya que circular con una presión inadecuada aumenta la resistencia y, por tanto, el gasto de combustible, además de evitar llevar carga innecesaria en el maletero o en el techo, que incrementa el peso y empeora la aerodinámica; otro truco eficaz es anticiparse al tráfico para reducir el uso del freno y aprovechar la inercia del coche, así como hacer un uso racional del aire acondicionado, que puede elevar el consumo si se abusa de él, y realizar un mantenimiento periódico que garantice que el vehículo funcione de manera eficiente, permitiendo ahorrar dinero sin renunciar a la comodidad al conducir.