Los emblemas o insignias de los coches, esas piezas situadas en la parrilla frontal o en la zaga y que muestran el logotipo de la marca en un tamaño cada vez más grande, se están convirtiendo en un botín común para los delincuentes. Lo que antes era un mero objeto decorativo, con interés puramente estético y deseado por coleccionistas o para sustituir uno dañado o sustraído, ahora tiene mucho más valor porque suele incluir sensores o cámaras, lo que atrae al ladrón y supone una faena para el propietario, al que puede suponerle una factura importante.
Una de las razones por las que cada vez más coches aparecen sin el logo en el frontal (y también en la zaga) es el robo de emblemas de coches para su venta en el mercado ilegal. En varios países, incluidos España y Francia, se han difundido vídeos y publicaciones donde se denuncia que delincuentes extraen insignias de coches y luego las revenden hasta por 1.400 euros.
Tecnología muy valiosa
Estas insignias, que en algunos modelos modernos están superpuestas con sistemas electrónicos o que incluyen cámaras de vídeo, pueden esconder componentes más valiosos como sensores de radar o tecnología ADAS (sistemas avanzados de asistencia al conductor). Eso ha convertido en un objetivo no sólo al emblema, que también puede venderse, sino también a la tecnología que hay detrás de él.
Un ejemplo claro de cómo una simple pieza exterior se ha convertido en un problema sofisticado lo están viviendo propietarios de modelos como el Honda CR-V o el Volkswagen Golf. En algunas versiones, los sensores de radar (front assist), que realizan funciones de frenado automático de emergencia y control de crucero adaptativo, están montados justo detrás del emblema frontal. Para un ladrón, con un simple destornillador se pueden extraer estos sensores en menos de tres minutos y luego venderlos en plataformas on line.
A simple vista se trata de una pequeña pieza, pero la broma deja de serlo cuando en el concesionario te informan de que reemplazarla puede costar cientos o incluso miles de euros si incluye la recalibración y la mano de obra, porque no es raro que requiera desmontar la parrilla y todo el frontal del coche. Y hay que tener en cuenta que no contar con ese sensor implica la pérdida de un sistema de seguridad en la conducción, aunque se puede seguir circulando sin él.
Cambios en los robos
Lo que está claro es que los robos de piezas de coches ya no se limitan a elementos clásicos como catalizadores o ruedas. Cada vez más, los delincuentes apuntan a piezas técnicas o aparentemente pequeñas con alto valor de reventa y fáciles de sustraer sin tener que meterse debajo del vehículo. En Francia, por ejemplo, se ha registrado un incremento de robos de faros, ruedas y otros componentes que tienen una venta fácil y rápida en el mercado de segunda mano.
En Estados Unidos también se ha observado un aumento en el robo de sistemas radar y sensores, motivado por la facilidad con que se pueden sustraer y vender, lo que deja en evidencia que la delincuencia relacionada con vehículos está evolucionando al ritmo de la tecnología que montan cada vez más automóviles.
También se quitan por estética
Existe una práctica, conocida como debadging, que consiste en retirar voluntariamente los emblemas del vehículo por razones estéticas, para lograr un diseño más limpio o para disfrazar un modelo de alta gama en uno más discreto. Esta modificación, habitual entre entusiastas del motor, no tiene relación con la delincuencia, aunque puede provocar confusión.