Por qué los perros viajan más tranquilos en un coche eléctrico
Hay numerosas y beneficiosas razones por las que apostar por la movilidad eléctrica; disminución de los costes de uso y mantenimiento, rebaja de las emisiones, un mayor relax en la conducción… Ahora, se suma otra gran ventaja que gustará a los pet-lovers
Cada vez es mayor el número de personas que optan por tener una o varias mascotas en el hogar. No cabe duda de que las que siguen siendo las preferidas son los perros, no solo por la compañía y el amor incondicional que ofrecen a sus dueños, sino porque también puede resultar muy útiles en todo tipo de labores.
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Tampoco hay duda de que, en los últimos tiempos, tanto la sociedad como los marcos legislativos les han ido concediendo más beneficios a los propietarios de estos animales; así, ya es habitual que puedan acceder a muchos espacios públicos. Pero es que incluso los fabricantes de coches les tienen en cuenta a la hora de desarrollar sus modelos. En este caso, el ejemplo más representativo es el denominado ‘modo perro’ que ofrecen modelos de marcas como Tesla. ¿En qué consiste? En la posibilidad de que el dueño o dueña puedan dejar a su ‘peludo’ dentro del vehículo mientras atiende alguna gestión.
El ejemplo más representativo es el denominado ‘modo perro’ que ofrecen modelos de marcas como Tesla
Esto, hace algún tiempo, podría haber sido una temeridad, ya que de hacerlo sobre todo en verano, terminaría convirtiendo el interior del coche en un horno que pudiera terminar con la vida del animal. Con el ‘modo perro’, el habitáculo permanece perfectamente refrigerado… y como los preocupados transeúntes pueden que no se den cuenta de esa circunstancia, un mensaje en la pantalla multimedia avisa de que el can se encuentra bien y que el propietario regresará en unos minutos.
Más allá de esto, ahora los perros han descubierto que tienen un gran aliado… en la movilidad eléctrica. Y no lo decimos nosotros, sino Skoda, quien considera que aquellos modelos dotados de propulsión ‘cero emisiones’ (contaminantes y de ruido) son una gran idea para los cánidos.
Y es que, según un estudio reciente realizado por la marca checa, los perros no solo viajan más tranquilos en un coche eléctrico, sino que experimentan menos estrés y muestran un comportamiento mucho más relajado durante el trayecto. La investigación, llevada a cabo por el veterinario y divulgador Scott Miller, consistió en monitorizar la frecuencia cardiaca de Mango, un cocker spaniel de un año, mientras viajaba en tres vehículos distintos: uno eléctrico, uno de gasolina y uno diésel. El resultado fue tan llamativo como revelador: el corazón del perro apenas se aceleró en el modelo eléctrico, mientras que en los otros dos vehículos su pulso aumentó de forma notable.
Según un estudio reciente realizado por Skoda, los perros no solo viajan más tranquilos en un coche eléctrico, sino que experimentan menos estrés y muestran un comportamiento mucho más relajado durante el trayecto
La explicación, según los expertos, es bastante lógica. Los coches eléctricos generan menos vibraciones y prácticamente no emiten ruido mecánico, dos factores que para los humanos pueden pasar más o menos desapercibidos, pero que para un perro (cuyo oído es cuatro veces más sensible que el nuestro… y, por lo tanto, extremadamente delicado) marcan una diferencia enorme. El sonido del motor, los cambios de marcha o, incluso, el traqueteo del vehículo térmico convencional pueden convertirse en estímulos incómodos o estresantes para ellos. En cambio, el funcionamiento suave y silencioso de un eléctrico crea un entorno más estable y predecible, lo que se traduce en un viaje más calmado.
Así funcionan (por dentro) los principales elementos de los vehículos eléctricos
Durante las pruebas, Mango no solo mostró un pulso más bajo en el coche eléctrico, sino que también adoptó una postura corporal más relajada: se tumbó, cerró parcialmente los ojos y llegó casi a dormirse. En los vehículos de combustión, sin embargo, permaneció erguido, atento y con movimientos rápidos de cabeza, señales claras de alerta o incomodidad. Para los especialistas en comportamiento canino, estas diferencias no son anecdóticas, sino un indicador directo del impacto que el tipo de vehículo puede tener en el bienestar del animal.
El estudio también coincide con la percepción de muchos propietarios. Según una encuesta realizada por Skoda a 1.500 conductores con perro, casi un tercio reconoce que su mascota muestra ansiedad durante los viajes en coche. Y no solo eso: más de la mitad admite haber evitado desplazamientos por miedo a que su perro lo pase mal. En un contexto en el que los animales de compañía forman parte cada vez más activa de la vida familiar, no es extraño que su comodidad influya, incluso, en la elección del próximo coche. De hecho, un 41% de los encuestados afirma que tendría en cuenta el bienestar de su perro a la hora de decidir qué vehículo comprar.
Otro aspecto que también redunda en el bienestar de la mascota es el hecho de que este tipo de modelos eléctricos no cuentan con un sistema de escape que emite sustancias nocivas; por lo tanto, será mucho más ‘saludable’ para aquellos usuarios que, para el traslado del animal recurren a uno de esos transportines que se colocan en la parte posterior del vehículo.
La movilidad eléctrica, por tanto, no solo aporta beneficios medioambientales o económicos, sino que también puede mejorar la experiencia de viaje de nuestros compañeros de cuatro patas. Para quienes aún no hayan dado el salto a un coche eléctrico, los expertos recuerdan que existen muchas formas de ayudar a que un perro viaje más tranquilo, independientemente del vehículo.
Consejos para trasladar a tu perro
Lo esencial es que el animal sienta que tiene un espacio propio dentro del coche. Igual que a una persona le cuesta relajarse en un entorno desconocido, un perro necesita una referencia estable: un transportín, una jaula de viaje o un arnés específico pueden convertirse en ese “refugio” que le transmite seguridad. Al principio puede mostrarse inquieto, pero con trayectos cortos y experiencias positivas termina asociando ese espacio con calma y protección.
También es importante aprender a leer sus señales. Muchos dueños interpretan el jadeo, los lamidos o los movimientos nerviosos como simple excitación, cuando en realidad son indicadores de estrés. Si aparecen, lo mejor es detener el viaje, dejar que el perro se relaje y continuar cuando esté más tranquilo. Obligarle a seguir solo refuerza la idea de que el coche es un lugar incómodo.
La habituación progresiva es clave. Para un perro, el coche es un espacio cerrado que se mueve sin que él pueda anticiparlo, lleno de olores intensos y sonidos que no controla. Por eso conviene empezar con recorridos muy breves y aumentar la duración poco a poco, siempre terminando en algo positivo: un paseo, un rato de juego o una visita agradable. Esa asociación emocional transforma por completo su percepción del viaje.
El ambiente también influye. Los perros, como hemos dicho, tienen un oído extremadamente sensible, por lo que un volumen bajo en la radio, una conducción suave y una buena ventilación ayudan a reducir el estrés. Incluso la temperatura es determinante: un habitáculo fresco evita mareos y náuseas, dos factores que suelen pasar desapercibidos pero que afectan mucho a su bienestar.
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