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Los automóviles eléctricos acaparan protagonismo en la colección 2026

Arranca el año con un mercado al alza que aguarda el habitual goteo de novedades. Algunos de esos estrenos los aportarán marcas asiáticas en auge aún poco conocidas por el gran público

Los automóviles eléctricos acaparan protagonismo en la colección 2026

El cierre en positivo del ejercicio 2025 insufla un moderado optimismo al sector del automóvil. Las ventas han aumentado notablemente, si bien todavía están por debajo de las registradas en 2018, año con un escenario económico menos próspero que el actual: hoy el PIB per cápita es superior, hay tres millones más de personas en activo y setecientas mil menos en paro. Así que queda margen de mejora. A ella va contribuir, sin duda, la avalancha de tentadoras novedades que verán la luz este año.

¿Por qué se da ese crecimiento inferior al que cabría esperar en un escenario a priori propicio? Es la gran pregunta que se hacen en el gremio. Probablemente no obedece a una causa única, sino a una conjunción de factores, en buena medida psicológicos. Para empezar, a ningún observador con un mínimo de perspectiva histórica se le escapa que los hábitos de consumo de coche han cambiado. Hace treinta años, todo adolescente que se acercaba a la mayoría de edad soñaba con el carnet de conducir, e inmediatamente con un vehículo propio. Ya no es así.

La oferta actual de movilidad depara muchas alternativas, que permiten a jóvenes y mayores desplazarse con relativa libertad sin necesidad de realizar un desembolso importante en la compra y el posterior mantenimiento de un coche. Además, el incremento de la sensibilidad medioambiental ha hecho que una parte de la sociedad estigmatice el automóvil y se vuelva hostil a cuanto suene a motor, sobre todo si es de combustión.

En ese sentido, quienes no están dispuestos a renunciar al coche, que por suerte para fabricantes y concesionarios siguen siendo mayoría, se enfrentan a un dilema tecnológico. En plena transición de la combustión a la electrificación, no saben qué método de impulsión elegir. Esa incertidumbre hace que muchas personas posterguen la compra de un automóvil nuevo hasta ver si el panorama se aclara un poco.

Además, varias generaciones de usuarios apegados al denostado motor de explosión, que quema derivados del petróleo, se resisten a dar el salto a al eléctrico. Este promete eficiencia, sostenibilidad y ahorro, pero comporta severos y evidentes inconvenientes.

El precio, todavía superior al de un vehículo tradicional homologable, no es el más importante. Tampoco lo es la autonomía, preocupación que genera cierta ansiedad en el cliente potencial, porque los últimos eléctricos ya superan con creces las necesidades reales de la mayoría.

En realidad, la piedra en la que tropieza el desarrollo del coche a batería es la recarga. Hoy por hoy, para quien carezca de acceso garantizado a un punto de abastecimiento en el domicilio -dos de cada tres coches duermen en la calle- el eléctrico soluciona un problema creando otro. La sola idea de tener que peregrinar de vez en cuando en busca de un cargador libre, operativo y asequible donde dejar unas horas enchufado el vehículo, da calambre; hay cargadores rápidos, sí, pero son tan escasos como caros.

Por esa razón, el gran público se muestra renuente al eléctrico puro, protagonista de menos del 10% de las matriculaciones el año pasado, contando flotas y adquisiciones de particulares. Huérfana de motorizaciones tradicionales, diésel y gasolina, desahuciadas de los catálogos por los propios fabricantes para mitigar emisiones y eludir cuantiosas multas, la clientela pone el punto de mira en soluciones de compromiso transitorias: los sistemas de impulsión mixta. En ese cajón de sastre aparecen mezcladas tres modalidades de hibridación -ligera, autorrecargable y enchufable- progresivamente más eficientes y costosas. Concilian, en distinta medida, las cualidades de la electrificación y las de la combustión.

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En el repertorio de modelos listos para incorporarse al mercado en 2026 proliferan las propuestas 100% a pilas. Esa oferta deja en evidencia, una vez más, la escasa sintonía de los constructores con el público, al que se empeñan en meter por los ojos productos que se resiste a comprar.

Los ofrecen todas las marcas. Las clásicas se están pasando a marchas forzadas al voltio para competir con las recién llegadas, en su mayoría asiáticas, que les llevan ventaja en esa tecnología. A esas más jóvenes, hasta hace tres o cuatro años desconocidas pero cada vez más populares, se van a ir sumando otras debutantes de la misma procedencia oriental. Todas ellas aspiran a derrocar -ya lo están consiguiendo- a las competidoras europeas, relegadas a un segundo plano y, en algún caso, si no espabilan, en riesgo de extinción.