La procesionaria del pino ya está aquí una primavera más. Si durante una salida de paseo entra en contacto con nuestro perro, se puede desencadenar una grave urgencia potencialmente mortal de origen tóxico.
Los pelillos urticantes que cubren el cuerpo de estas orugas son particularmente irritantes incluso en cantidades mínimas tanto para las personas como para los perros. Además, teniendo en cuenta que los perros se valen del hocico para conocer el mundo y curiosear todo lo que les rodea, esta es la parte que más probablemente se verá afectada en caso de encontrar una de estas orugas. Y se trata de una de las zonas más delicadas de nuestras mascotas.
¿Qué es la procesionaria del pino?
La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una mariposa nocturna de corta vida muy extendida en los pinares de toda Europa y con especial presencia en los de Península Ibérica. En su ciclo vital, tras salir del huevo, la oruga pasa por varias fases de desarrollo y es en la tercera cuando desarrolla los pelillos urticantes que cubren su cuerpo de 3 cm de longitud y que tan tóxicos resultan. Durante su fase arbórea forman los nidos de hilo blanco que tan visibles resultan en las copas de los pinos.
Al terminar el invierno, las orugas salen de los nidos y descienden por el tronco en hileras hasta el suelo, donde se enterrarán para culminar su desarrollo y emerger ese verano, o incluso un año después como ejemplar adulto, como mariposa.
Es en este momento cuando los perros pueden tropezarse con estas procesiones de orugas, que siempre encabeza una hembra, y en el que azuzados por su innata curiosidad, pueden acercarse a ellas y oler o, incluso, ingerirlas.
¿Cómo puedo saber si ha tocado una procesionaria?
Por lo general, en las zonas urbanas el perro, durante el paseo, va sujeto con la correa hasta llegar a las zonas de esparcimiento en las que se le pueda dejar libre. Esta es la razón por la que es difícil que no nos demos cuenta de que se ha encontrado con una fila de estos insectos. Difícil pero no imposible. Pero cuando salimos al campo o los dejamos sueltos en un parque, incluso en el jardín de casa si se cuenta con uno, es fácil perderlo de vista o que no terminemos de ver con claridad dónde mete el morro. Y ahí se puede liar sin que nos demos cuenta hasta pasado un rato.
Como consecuencia de ese contacto el perro mostrará una serie de síntomas más o menos graves en función de la intensidad del encuentro. Las más reseñables van de la irritación facial, irritación en las patas y otras zonas en las que haya habido roce, irritación ocular hasta daños inflamatorios de leves a graves en la lengua, así como dificultad para respirar y entrada en shock.
La hipersalivación, el decaimiento y la fiebre son signos muy frecuentes en perros que se han puesto en contacto con los agentes tóxicos de la oruga. Ante ellos, se impone una urgente revisión del perro para comprobar el origen.
El daño más característico se produce por la inflamación, ulceración y erosión de la lengua, que puede evolucionar hasta la necrosis de los tejidos y su pérdida parcial o total. También hay que prestar especial atención a la cara. Puede aparecer rinitis por olfateo de los pelos de la oruga, úlceras en la región de la trufa e inflamación de los párpados. También puede desarrollar uveítis y úlceras corneales. En cualquier caso, se impone acudir con urgencia donde el veterinario.
La prevención es la mejor medida
Como en muchas otras situaciones, la prevención es la mejor medicina. Reducir el riesgo de una posible exposición a las orugas procesionarias. Y la primera de ellas es que llegada esta época, lo más prudente es mantenerse alejados de las zonas próximas a pinares. En caso de no poder evitar esta situación, evitar que nuestro perro se acerque a hileras de procesionaria, por lo que hay que mantenerlo sujeto con la correa.
En caso de tener un jardín con coníferas, en caso de que haya una infestación, se puede eliminar el nido invernal de las orugas podando la rama afectada o fumigando el árbol. A esto se añade que en el mes de febrero se pueden poner trampas en el tronco del pino a las que conducir la fila de orugas e impedir que alcancen el suelo.