Miembro fijo de las bandas de Nacho Vegas, Petti y Rüdiger, Joseba Irazoki es un caramelo para cualquier proyecto de rock. Si en la escena musical vasca hay un auténtico guitar hero, que además no juega a serlo y huye de esa etiqueta, ese es el músico de Bera, de 51 años. Su carrera solista es difícil de resumir y calificar. Por encima de todo, Irazoki se deja llevar por la experimentación y una imaginación libre y salvaje, sin dictaduras del mercado. Patti Smith decía que el sonido de la guitarra de Tom Verlaine, del influyente grupo Television, era como el de “miles de pájaros aullando”. Cuando Irazoki coge su guitarra, se pone en plan ruidista y ejecuta una música que se va enmarañando cada vez más con múltiples efectos. Como si a los Sonic Youth más áridos les diese por hacer free jazz. Esa búsqueda de una voz propia con su guitarra eléctrica lo logra -reconoce Irazoki- gracias a una “fórmula” que se denomina instant composition o composición al instante. Armonías y disonancias. Diálogo y colisión.
Con su propia superbanda de rock alternativo, Joseba Irazoki eta Lagunak, en barbecho, ha dado forma desde 2017 a una serie de lanzamientos discográficos reunidos bajo el título de Guitarra onomatopeikoa. En este mes de marzo ha llegado el cuarto y definitivo volumen de la colección, en el que colaboran figuras destacadas de la música estatal como Niño de Elche, Carlos Jimena (batería de la banda granadina Guadalupe Plata) y la donostiarra Elena Setién, entre otras.
Cierra la serie Onomatopeikoa a lo grande.
Son nombres potentes. No solo buscaba redondear la serie, sino darle una despedida que para mí tuviera sentido.
El volumen dos, Gitarra Lekeitoak (Onomatopeikoa II), tiene un guiño explícito a Mikel Laboa.
Sí, pero sobre todo en el título. Al principio, no lo había pensado conscientemente. Mikel, del sello de Hegoa diskak, me comentó que lo quería publicar en vinilo, pero en un orden diferente y con menos temas. Entonces, me vinieron a la cabeza los “lekeitios” de Laboa y su exploración con las onomatopeyas vocales. Pero los “lekeitios” en sí no han sido una inspiración directa, sino más bien la filosofía musical de Laboa, la manera que tenía él de concebir la experimentación.
¿Los “lekeitios” son la cumbre artística de Laboa?
No lo sé. Igual no. Es difícil decirlo porque toda la discografía de Laboa es maravillosa. Los que estamos en el mundo más experimental quizás los hemos mitificado. Pero también es verdad que, con los “lekeitios”, Laboa nos demuestra que se puede construir una carrera artística en continua búsqueda y con ganas de experimentar.
En el bosque de Irazoki y los Achiari
Bas(h)oan fue una alianza inusual y feliz en la que participaron Joseba Irazoki, el cantautor de Iparralde Beñat Achiary y su hijo, Julen Achiary, a la batería. Entre los tres armaron una banda de folk, blues y free rock en euskera e inglés que se hacía grande en directo y con la que llegaron a publicar dos álbumes inspirados por el compositor estadounidense Robbie Baso. Bas(h)oan I (2017, Elkar) y Bas(h)oan II (2023, Elkar) pueden ser dos notas al pie de la música vasca de masas, pero estas obras han dejado huella en un sector minoritario del público y en la crítica. Emocionante, profundo y complejo, pero sin pasarse de la raya, el proyecto Bas(h)oan ha sido otro fértil laboratorio en el que Irazoki ha podido experimentar y abrir nuevos caminos en la música.
"Laboa nos demuestra que se puede construir una carrera artística en continua búsqueda”
Nacho Vegas contaba en esta sección que hace magia con la guitarra. Lo comparaba con el mítico jugador de fútbol Enrique Castro Quini, al que apodaban el Brujo.
Me hace mucha ilusión que me diga algo así. Llevo unos 12 años tocando en su banda, desde el disco Resituación (de 2014). Después de la pandemia hubo bastantes cambios en la formación. Los miembros de León Benavente se tuvieron que marchar y solo se quedó el batería Manu Molina. Ahora hay una sección catalana (el bajista Hans Laguna y Ferran Resines a los teclados) y para esta gira ha entrado la vasca Miren Arbaiza (guitarra y coros). Entre todos hay muy buen rollo.
¿La distancia no es un impedimento? De Bera a Gijón hay cientos de kilómetros.
Las distancias se terminan acortando cuando eres músico. Te acostumbras. Normalmente, ensayamos todos juntos de forma intensiva durante una semana al principio de la gira. Las grabaciones de los discos las solemos hacer en Catalunya y luego ya nos vemos para tocar los días de conciertos.
¿La improvisación y la libertad son sus características principales?
Un poco sí. Incluso estando en un proyecto musical un poco más estándar como el de Nacho Vegas, en los que terminas haciendo 50 o 100 fechas tocando las mismas canciones, varío un poco los solos de guitarra y cambio algunos arreglos en los momentos instrumentales. Me gusta tocar con libertad y tener cierto margen para la improvisación, y creo que eso es algo que se refleja en la música que hago.
A veces se menciona el característico sonido de guitarra de Tom Verlaine como uno de sus referentes, ¿pero realmente de qué influencias bebe?
El primer guitarrista que me influyó y cambió mi forma de enfrentarme a la guitarra eléctrica fue Marc Ribot. Me he fijado en bastantes guitarristas de rock, como, por ejemplo, Bill Orcut. En un workshop nos recomendaron que nos fijáramos también en otros instrumentos porque nos podía servir de ayuda. Lo que trato de hacer es intercalar la vanguardia y la experimentación con el rock.
"Está muy difícil sacar un proyecto musical adelante”
Las escenas de rock suelen gestarse en las ciudades, por eso sorprende que Bera sea cuna de músicos de rock and roll.
A veces se dan estas casualidades. También es verdad que Bera es un pueblo que está situado con la frontera con Lapurdi y Bidasoaldea, una zona muy viva que nos ha podido afectar. Este es un pueblo muy activo culturalmente, con un kultur batzordea fuerte, la banda municipal, una programación en la que ha habido de todo, el festival de música experimental Ertz… Pero creo que la diferencia con otros pueblos es que muchos de nosotros nos hemos profesionalizado. No hemos sido superfamosos, pero tenemos cierta repercusión. Ahora tenemos el caso de Janus Lester, que también es de Bera.
¿A Joseba Irazoki eta Lagunak le ha faltado un mayor reconocimiento fuera de Euskal Herria?
No eres el primero que me dice esto. En general, está muy difícil para todos (los músicos) sacar un proyecto adelante. Seguramente, sigue habiendo un poco de barrera con el idioma, pero con el tiempo siento que no tengo la necesidad de triunfar en el Estado, donde además hay un montón de proyectos interesantes y es difícil competir con todos ellos. No es algo que ahora mismo me preocupe. Si surge una oportunidad, bien, pero estoy a gusto con mi carrera en Euskadi. Me conformo.
Como veterano de la escena musical vasca, ¿qué le parece la oleada de nuevas bandas de guitarras como Ezezez o Tatxers?
Me encantan. Silitia también me gustan mucho. Se nota que entre ellos hay una piña, son jóvenes y están saliendo a tocar mucho por el Estado. Además, todos tienen un superdirecto.