Los mapas antiguos son documentos que nos aportan mucha información sobre una gran variedad de aspectos históricos, etnográficos, toponímicos… Lo interesante es que nos dan una visión de la historia que a veces solo con los documentos escritos no seríamos capaces de interpretar.
Los primeros topónimos reconocibles y bien ubicados en los mapas son los nombres de puertos que aparecen en los portulanos en el siglo XIII y XIV, superando la vieja cartografía medieval basada en el simbolismo teológico. La razón única era la necesidad práctica que imponían las leyes del comercio sobre la invocación espiritual.
Ocurre en ocasiones lo contrario: la interpretación de lo que aparece en los mapas no tiene una explicación inmediata y sencilla porque las fuentes no están claras. En este artículo trataré sobre algunos mapas bien diferentes que describen nuestro país y que nos dan información interesante de nuestra historia a través de la cartografía.
Los primeros mapas con una descripción reconocible de nuestro entorno o nuestro país surgen en el siglo XV y, con más definición, en el siglo XVI. Se realizaron en las escuelas cartográficas más avanzadas –flamencas y venecianas, fundamentalmente– y recababan las informaciones escritas imperantes en la época.
En algunos casos, los cartógrafos disponían de informadores locales o naturales, lo que explica que algunas zonas estén mejor definidas que otras. Entre los mapas del siglo XVI se encuentra el Atlas de El Escorial, realizado por encargo de Carlos V a Alonso de Santa Cruz, en 1540, minuciosamente estudiado por el profesor Antonio Crespo Sanz, que incorpora una gran cantidad de topónimos vascos, en general, muy bien ubicados.
Concretamente se indican 221 topónimos para las provincias de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y 307 para Navarra. Otros 10 corresponden a Iparralde. La riqueza informativa del atlas exige un análisis detallado de las áreas correspondientes a nuestro país. Sin embargo, su influencia fue limitada, ya que permaneció bajo custodia de la corte imperial y no llegó a ser conocido ni utilizado por los principales centros cartográficos europeos de la época.
Los maestros flamencos se valieron de otras fuentes de información. Un buen ejemplo se halla en el mapa Biscaia, Alava et Guipuscoa, Cantabris veteris partes, incluido en el Atlas Maior o Geografía Blaviana que contiene las Cartas y Descripciones de España, de Joan Blaeu, publicado en Ámsterdam en 1672 y basado en versiones anteriores elaboradas por Johannes Janssonius.
En esta representación destaca especialmente la precisión alcanzada en Gipuzkoa, primer territorio peninsular que dispuso de una cartografía relativamente rigurosa gracias al mapa publicado por Gerard de Jode en 1578.
Todo parece indicar que el autor contó con información proporcionada por algún conocedor directo del territorio. La detallada representación del valle del Deba ha llevado incluso a plantear la hipótesis de que Esteban de Garibay, que por aquellas fechas se encontraba en Amberes preparando la edición de su obra histórica, pudiera haber contribuido de algún modo a dicha información.
En cambio, en ese mismo mapa Bizkaia y Álava están muy faltos de información fruto de unas fuentes escasas e insuficientes y exceptuando los puertos, bien ubicados en los portulanos desde el siglo XV. El interior del territorio cuenta con abundantes errores de ubicación. Álava aparece representada con unas dimensiones muy reducidas y llama la atención la ausencia de villas importantes como Balmaseda o Artziniega.
Así, aparecen en este mapa –reiteradamente en otros posteriores hasta el siglo XVIII– topónimos de difícil explicación como Loquendo, Regoalde, Haynesollo, Messana o venta Cibay, entre otros. Lo habitual era que se copiasen unos a otros y los errores se transmitiesen reiteradamente.
Después de muchas revisiones y observaciones he logrado encontrar una hipótesis para esos nombres tan atípicos en los mapas flamencos y copias posteriores. Existe una obra titulada Repertorio de todos los caminos de España: hasta agora nunca visto en que allará qualquier viajero que quiera muy provechoso para todos los caminantes, editada en 1546 por Pedro Juan Villuga, donde se describen unos itinerarios consistentes en una correlación de lugares para ir de un destino inicial a otro final sin ubicación cartográfica. Si representamos todos esos itinerarios sobre un mapa de la península aparece una red de caminos que ya fue estudiada por Menéndez Pidal en 1951.
En general, representaban rutas habituales para el comercio muletero y de carros por lugares dotados de ventas donde apostar. Una de las rutas que va de Laredo a Vitoria-Gasteiz nos aporta algunas claves que avalarían mi hipótesis sobre la aparición de esos topónimos atípicos en los mapas flamencos. En ella figuran los lugares denominados Sanjofollo, Requalde, Loquendo, Morio y Mesagua. En otro itinerario aparace también Salcedón, que es el nombre que le dan a la villa de Balmaseda.
En los mapas flamencos y posteriores franceses aparecen estos topónimos. Así Hanjosollo se correspondería a una vieja casa torre existente en Gueñes, actualmente Santxosolo, donde existía una venta y puente para el paso sobre el río Cadagua. Aguas abajo, hacia Sodupe, todavía existe el caserío Rekalde también citado en algunos mapas franceses como Regoalde. Luego, en Sodupe el itinerario gira hacia el siempre citado y mal ubicado Loquendo que correspondería al actual pueblo de Okondo.
La ruta continuaría hacia Morio, así citado en los mapas flamencos, que sería Amurrio y, por fin, el también mal ubicado término de Messana, muy próximo a Vitoria-Gasteiz, que podría, verosímilmente, tratarse del pueblo de Ametzaga, tras superar el paso de Altube. La localización en los mapas de estos topónimos era imaginaria y a ciegas, de ahí la desubicación de varios de ellos.
En Álava aparece además Galarreta que, aunque no está citada en el repertorio de Villuga, sí que había sido mencionada por su famosa venta por diversos viajeros medievales que circulaban por el paso de San Adrián. De la misma manera se podrían relacionar otros muchos lugares como la siempre nombrada venta Cibay, que se correspondería con la Venta de Zaballa a la salida de Vitoria-Gasteiz camino de Miranda de Ebro. Existen otros itinerarios de Villuga que también fueron utilizados allá donde no había información más actualizada.
En nuestro país, tanto Navarra, como Gipuzkoa, fueron territorios más avanzados en la representación cartográfica por el interés que pusieron los cartógrafos franceses, quienes utilizaron fuentes mucho más actualizadas que los viejos itinerarios de Villuga.
Otro mapa interesante y referencial se corresponde con La Biscaia, del italiano Giacomo Cantelli, de 1690, que bebió de la escuela veneciana en una época de transición de la hegemonía cartográfica flamenca a la francesa. Se corresponde a la obra Mercurio Geográfico, editada en Roma en 1690 por Giacomo Rossi.
Este mapa sigue con los mismos topónimos arrastrados de la cartografía flamenca con algunas aportaciones y mejoras.
De la misma forma que algunos recientemente han acuñado el término de la Navarra Marítima, con este mapa podríamos acuñar el término de la Biscaia Marítima, un mapa presidido por un engalanado escudo de Bizkaia como emblema principal de la mayor parte del Golfo de Bizkaia.
El mapa impreso en italiano incluye en este espacio de Biscaia: Guipuscoa, Alava y La provincia della Quattro Citta refiriéndose a las cuatro villas marineras de Castilla que tenían su denominación histórica. Una forma de resolver esta interpretación territorial es delimitar en el interior un territorio con la definición de Biscaia Propria. También aparecen cartografiados los colindantes Rigno di Navarra, Parte di Castiglia Vecchia y Parte di Guascogna, donde se incluye la costa labortana.
Es relevante y posiblemente influyente en todo lo anteriormente expuesto la dedicatoria del mapa a Battista de Villarreale e Gamboa, cavalier dell´Abbito di S. Giacomo. Se trata de Juan Bautista de Villarreal y Gamboa, hermanastro de madre de Bernardo de Villarreal de Berriz, uno de nuestros más ilustres hombres de ciencia que publicó un libro sobre el funcionamiento de las máquinas hidráulicas y sobre un novedoso sistema de construcción de presas de ferrerías y molinos inventando su propio modelo. Además perteneció a un grupo de ilustres precursores de lo que fue la creación de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (RSBAP). Juan Bautista de Villarreal, nacido en Arrasate, fue matemático y camarero mayor del virrey de Nápoles y del duque de Medinacelli. Anduvo por Italia, donde conoció al cartógrafo Cantelli y pudo proporcionarle información de la visión histórica que tenía de Bizkaia.
En 1704, el cartógrafo francés Jean-Baptiste Nolin reutilizó la misma plancha de Cantelli, tradujo los textos al francés, coloreó el mapa y modificó la cartela, incorporando junto al escudo de Bizkaia el de Navarra y lo tituló como La Biscaye divisée en ses 4 parties principales et le Royaume de Navarre divisé en les Merindades et dediez a Sa Majeste Catholique Philippe V Roy Despagne.
En 1907, el también famoso cartógrafo francés Nicolás de Fer reprodujo el mapa de Nolin. A partir de que el cartógrafo Tomás López realizará en 1770 un mapa de cada uno de nuestros territorios, los mapas empiezan a ajustarse mucho más a la realidad que actualmente conocemos.
Por otra parte, siguió siendo algo muy común en la cartografía francesa hasta el siglo XIX realizar los mapas conjuntos de los cuatro territorios vascos respetando la especificidad del Reino de Navarra como, por ejemplo, ocurre con el excelente mapa de August Henri Dufour de 1837 donde incluye un texto con una descripción con datos de índole histórica, jurídica, religiosa y económica, una práctica que más tarde se extendió a la cartografía hispana de la mano de Francisco de Coello. En este mapa de Henrí Dufour se incorporó todo el territorio de Iparralde bajo la denominación de Pirineos Baxos.
Es importante estudiar y analizar los mapas antiguos porque nos aportan información que nos ayudan a reconocernos en nuestra historia.
El autor: Jabier Aspuru
Ha sido profesor de Enseñanza Secundaria en el Instituto Zaraobe de Amurrio. En al actualidad se dedica a tareas de investigación y de divulgación, colaborando con diferentes publicaciones.