En 1879, un adolescente de quince años llamado Nemesio de Olariaga abandonó Andoain, su pueblo natal en Gipuzkoa, para cruzar el Atlántico. Lo esperaba su hermano Francisco, que había emigrado años antes y fundado en Maipú, un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires emplazado a casi trescientos kilómetros de la capital argentina, un almacén de ramos generales.
Nemesio se hizo cargo del negocio, invirtió en tierras y ganado, y con el tiempo se convirtió en uno de los estancieros más influyentes de la región. Llegó a poseer decenas de miles de hectáreas distribuidas en varios partidos bonaerenses, integró el directorio del Banco de la Nación Argentina y fue uno de los fundadores de la Sociedad Rural de Maipú.
Pero el éxito económico no fue su único legado. El 1 de diciembre de 1903, apenas seis días después de la muerte de Sabino Arana, Nemesio de Olariaga lanzó desde Maipú el periódico Irrintzi (Grito, en euskera), el primer rotativo de carácter nacionalista vasco publicado fuera de Europa.
Que el primer periódico jeltzale –es decir, nacionalista vasco– del continente americano naciera no en la ciudad de Buenos Aires sino en un pueblo pampeano de cinco mil habitantes tiene una explicación central: la figura de Olariaga. Su posición económica y su temprana adhesión a las ideas de Sabino Arana, a las que había llegado a través de la lectura de sus escritos y de la correspondencia con compatriotas en Euskal Herria, lo convirtieron en el motor indiscutible de la empresa.
Irrintzi se publicó mensualmente durante veinte años, entre 1903 y 1923, casi sin interrupciones y sin suscriptores ni avisos publicitarios: Olariaga costeó de su bolsillo la impresión y la distribución de todos sus ejemplares. El periódico tenía ocho páginas, incluía en muchos casos imágenes e ilustraciones, y llegaba tanto a manos de vascos distribuidos a lo largo y a lo ancho de la Argentina como a lectores en el País Vasco, a través de una red de contactos que su director fue tejiendo pacientemente a lo largo de los años.
Hoy, gracias a la hemeroteca digital Urazandi –un proyecto del Gobierno Vasco que ha digitalizado más de cien cabeceras de prensa editadas por vascos en el mundo entre 1877 y 2006– es posible acceder a sus páginas y reconstruir en detalle la historia de aquel proyecto pionero.
UNA NACIÓN DISTINTA
En sus páginas, Irrintzi expresó una visión del nacionalismo vasco cercana a sus postulados más intransigentes: aquellos que el propio Sabino Arana había defendido en la primera etapa de su trayectoria política. El periódico sostenía que los vascos conformaban una nación distinta de España y de Francia, definida por características raciales, por la lengua euskera y por un catolicismo tradicional.
Desde Maipú, Olariaga reproducía artículos de periódicos jeltzales del País Vasco y publicaba colaboraciones de figuras de peso dentro del movimiento, como Ángel Zabala (quien fuera delegado general del PNV tras la muerte de Arana y que firmaba sus textos bajo el pseudónimo Kondaño), estableciendo así un vínculo directo entre la redacción pampeana y los círculos dirigentes del nacionalismo en Euskal Herria.
Irrintzi promovió además la ikurriña como símbolo de identificación entre los vascos de América, en una época en que su uso era todavía incipiente incluso en el propio País Vasco. A comienzos del siglo XX, la mayoría de los vascos de Argentina sostenía lo que la historiografía ha denominado un “doble patriotismo”: la convicción de que ser vasco no era incompatible con sentirse español o francés a la vez.
Frente a ese consenso, el discurso de Irrintzi resultaba disruptivo. No faltaron las críticas: otros líderes de la colectividad vasca de Argentina, más moderados en sus posicionamientos políticos, cuestionaron en más de una ocasión la radicalidad de sus planteamientos. Pero Irrintzi no cesó en su defensa de la causa nacionalista y fue, durante sus primeros años de existencia, el único proyecto de su tipo en todo el continente americano.
Más allá de sus contenidos ideológicos, Irrintzi fue también una plataforma de acción política. Desde sus páginas, Olariaga distribuyó gratuitamente el opúsculo Ami Vasco, un texto de tenor propagandístico escrito por el fraile navarro capuchino Evangelista de Ibero, que había logrado atraer a numerosos jóvenes al movimiento en el País Vasco. Pero Ami Vasco, al que Nemesio de Olariaga modificó el título a Muera la mentira y viva la verdad, no fue la única obra que Irrintzi puso en circulación entre los vascos de Argentina.
El periódico difundió también una reedición de El Partido Carlista y los Fueros Vasco-Navarros, escrito por el propio Sabino Arana, así como La defensa de un inocente, el alegato jurídico que el abogado Daniel de Irujo había presentado ante los tribunales españoles en sostén del fundador del PNV. A través de estas publicaciones, Irrintzi buscaba no solo informar, sino instruir políticamente a sus lectores, poniéndoles al alcance de la mano los textos fundacionales del nacionalismo vasco.
EL EJEMPLO IRLANDÉS
El periódico publicó además llamamientos para que los vascos residentes en Argentina se afiliaran al PNV y organizó colectas de dinero para apoyar a nacionalistas encarcelados en Euskal Herria. Para ello, Irrintzi recurría con frecuencia al ejemplo de los irlandeses en Estados Unidos: si estos lograban contribuir desde la distancia a la causa de la independencia de Irlanda, los vascos en América podían y debían hacer lo mismo por Euskadi.
Olariaga mantuvo además contacto fluido con otros grupos de nacionalistas vascos que comenzaban a organizarse en Chile y México, donde también habían surgido por aquellos años periódicos jeltzales de similares características, conformando así una red transnacional de activismo vasco que se extendía por distintos países del continente americano.
Junto a Olariaga, José María Larrea fue el otro gran impulsor del nacionalismo vasco en la Argentina de aquellos años. Comerciante bilbaíno que presidió en dos ocasiones el Laurak Bat de Buenos Aires durante la primera década del siglo XX, Larrea fundó en 1908 el Comité Nacionalista Vasco de la República Argentina, la primera estructura institucional del PNV en suelo argentino de la que existe referencia. Las iniciativas del Comité (recaudaciones de dinero, llamamientos a la afiliación, actos de homenaje a Sabino Arana) encontraron en Irrintzi su principal caja de resonancia.
Los resultados de aquella primera etapa fueron modestos pero significativos. La propuesta identitaria que Irrintzi intentó promover –la de unos vascos que no eran ni españoles ni franceses, sino “solamente vascos”– chocó con la resistencia de una comunidad que en su mayoría no estaba dispuesta, al menos en un principio, a renunciar a su doble patriotismo.
Ninguno de los grandes centros vascos de Argentina adoptó el nacionalismo durante aquellos primeros años, y el propio Laurak Bat de Buenos Aires, a pesar de contar entre sus socios con figuras cercanas a este movimiento, se mantuvo al margen. El activismo de Olariaga y Larrea era el de una minoría que sembraba en un terreno todavía poco fértil.
EL FRUTO DE LAS SEMILLAS
Sin embargo, las semillas que Irrintzi había ido cultivando durante casi una década comenzaron a germinar. En 1911, un grupo de jóvenes vascos, muchos de ellos de segunda generación nacidos ya en Argentina, fundó en Buenos Aires la Juventud Vasca, una organización directamente vinculada a su homónima del País Vasco y que en pocos años llegaría a contar con doscientos socios.
La agrupación desplegó una intensa actividad: distribuyó obras de Sabino Arana, organizó una comisión para conseguir empleo a los jóvenes vascos recién llegados a Buenos Aires, promovió la suscripción a periódicos nacionalistas y fundó su propio semanario, llamado Euzkotarra.
Su iniciativa más ambiciosa, sin embargo, fue la de intentar hacerse con el control del Laurak Bat de Buenos Aires. Ese mismo año, en la ciudad de Rosario, se constituyó el Comité Nacionalista Vasco, que al año siguiente impulsó la fundación del Centro Vasco Zazpirak Bat. Desde Rosario surgieron además varias cabeceras de prensa nacionalista vasca (como Aitor, Egi-Zale y Patria) que se sumaron a la labor de difusión del ideario jeltzale en el país.
Eran señales claras de que el nacionalismo vasco había dejado de ser el proyecto de un puñado de pioneros para convertirse en un movimiento que comenzaba a adquirir mayor arraigo entre la comunidad vasca de Argentina. Sin embargo, el camino no estuvo exento de conflictos. Tanto en el Laurak Bat de Buenos Aires como en el Zazpirak Bat de Rosario se desataron fuertes disputas entre los sectores nacionalistas y los que se oponían a esa orientación, y no fue sino hasta entrada la década de 1920 que los jeltzales lograron consolidar su control en ambas instituciones.
En las décadas siguientes, la llegada de exiliados de la Guerra Civil española profundamente imbuidos en la ideología nacionalista terminaría por vigorizar aún más al nacionalismo en el plano institucional de la colectividad vasca argentina. Pero previo a ello hay una historia larga que comenzó mucho antes, en las páginas de un periódico impreso en la pampa bonaerense.
Nemesio de Olariaga falleció en 1933, treinta años después de haber lanzado Irrintzi desde su pueblo pampeano. Para entonces, el movimiento que había ayudado a plantar en suelo argentino era ya mucho más grande que aquel primer grito solitario impreso en Maipú. Su historia, y la del periódico al que dedicó con fervor dos décadas de su vida, ilumina una dimensión que con frecuencia ha quedado en segundo plano: la de los miles de euskaldunes que, desde la diáspora americana, siguieron sintiéndose parte de un pueblo y de una causa, y que contribuyeron activamente a sostenerla y expandirla durante décadas.
Por ende, la historia del nacionalismo vasco no debe contarse solo desde Euskal Herria. También es necesario mirar hacia el otro lado del océano, donde muchos vascos de América contribuyeron, a través de la prensa, las instituciones y las redes de solidaridad que supieron construir, a expandir y sostener un movimiento que sentían profundamente propio.
El autor: Gianfranco Calzini
(Buenos Aires, Argentina). Profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia y Licenciado en Historia (UBA). Becario doctoral en Historia por la Universidad de Buenos Aires, con sede de trabajo en el Instituto de Investigaciones Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Investigador del Instituto de Historia de España “Dr. Claudio Sánchez-Albornoz” (Facultad de Filosofía y Letras, UBA). Integrante del Grupo de Estudios Históricos sobre Migraciones y Exilios en la Argentina.