“Sentí la necesidad de reparar el olvido atroz al que Juana Mir fue sometida”
La escritora Ascensión Badiola (Bilbao, 1961) ha devuelto la voz y altavoz a la que pudo ser la única periodista fusilada por el franquismo, una mujer republicana de derechas anónima
Su historia es realidad en La decisión de Juana Mir, una novela que tras ser obra de teatro ya opta a ser película. Con motivo de la presentación del libro el lunes 23 en Vitoria-Gasteiz, la autora acepta al periodista el reto de responder a cada pregunta con una sola frase. Este es el resultado.
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¿Cuántas vidas ha concedido usted a Juana Mir?
Intento resucitarla siempre que tengo oportunidad porque creo que no ha recibido el reconocimiento que se merece.
Antes de su trabajo, Google no tenía constancia de ella.
Rotundamente, no.
¿Fue la única periodista fusilada en Bizkaia?
Sí, y probablemente en el Estado, si no me equivoco.
Era republicana y muy de derechas, pero “peligrosa social”.
La declararon así por haber hecho propaganda y haber creado opinión en contra del “Glorioso Ejército Nacional” a partir de cinco artículos que escribió y que se mencionan en su consejo de guerra.
¿Imagina su novela en formato de película?
En este momento está en Zineuskadi esperando a ver si alguna productora o plataforma se interesa por ella.
¿Ha solicitado al alcalde Aburto una calle o placa a su nombre?
Sí. En plena pandemia pedí cita en Alcaldía y hay una foto del momento en Google.
¿Cómo se topó con el expediente de Mir?
La encontré en una ficha carcelaria entre otras cinco mil que formaban parte de la muestra que analizaba.
Católica y conservadora, pero denunció el fascismo y los bombardeos de Gernika y Durango. ¿Es una contradicción?
No. Nacionalistas, católicos y conservadores con ideologías diferentes estuvieron en contra del fascismo y, además, ¿qué católico no denunciaría un bombardeo contra gente inocente?
El día 31 conmemorará el aniversario del bombardeo contra Durango. ¿Visitó la villa?
Denunció en artículos la barbarie de ambos bombardeos, pero no puedo afirmar que estuviese allí.
¿Qué parte de ella sigue siendo un misterio?
Alrededor de Juana casi todo lo es, porque son más las preguntas que las respuestas.
¿Cómo era su periodismo y el profesional actual?
Supongo que Juana aprendió el oficio de su padre y lo ejercía con un estilo muy diferente al de hoy, aunque lo importante es lo que dijo y no cómo lo dijo.
El padre de Juana Mir también era periodista, ¿no?
Sí. Fue director de varios periódicos y tuvo prestigio como periodista en El Pueblo Vasco hasta su fallecimiento en 1921. Prueba de ello es que a su cortejo fúnebre lo acompañaron personas muy influyentes como Luciano Zubiria y Gabriel María Ybarra hasta la estación de tren de Lezama, desde la que se conducía el féretro en el conocido como “Tren de los Muertos”, el medio común de transporte para llegar al cementerio de Vista Alegre en una época en la que hacerlo por carretera era muy costoso.
A su padre se despidió con honores, pero Juana murió en el olvido.
Su padre tuvo un funeral multitudinario y elitista, pero ni ella ni su madre tuvieron siquiera una esquela.
¿Juana era descendiente del histórico carlista Zumalacárregui?
Sí, tenía un parentesco lejano con él.
¿También fue familiar de un alcalde de Iruña?
Sí. Su padre, Octaviano Mir Mata, era primo carnal del alcalde de Pamplona Tomás Mata Lizaso, descendiente directo del general Zumalacárregui y carlista jaimista a favor del fuero navarro.
Y hay relación de amistad familiar con los hermanos Arana: Sabino y Luis.
Ambos nombraron al padre de Juana director del primer periódico nacionalista, El Correo Vasco, en 1899, que solo duró tres meses.
Tras la ocupación franquista de Bilbao, ella se quedó en la capital creyendo que no le pasaría nada.
Tomó la decisión de quedarse, quizá porque el último ejemplar de La Tarde, del 16 de junio de 1937 —el día anterior a su cierre— proclamaba: “El que en estos momentos huye de Euskadi es un traidor”.
¿Hacemos un llamamiento por si alguna persona puede tener una foto de ella?
Claro que sí.
¿Cómo se la imagina físicamente?
No entendía que las mujeres vistieran como los hombres para ganar terreno en el mundo profesional, así que me la imagino femenina, alegre y de gesto decidido.
¿Se sabe cómo fue el fusilamiento?
En el certificado médico de su muerte consta que fue por “heridas de proyectil de arma de fuego de pequeño calibre” en el paredón del cementerio de Vista Alegre, en la madrugada del 5 de agosto.
¿Fue ejecutada en grupo?
Probablemente la fusilaron sola, porque solo aparece su nombre, a pesar de que en esa misma jornada fusilaron también a otros trece hombres, entre ellos su colega Melchor Jaureguizar.
Escribió en la revista Euskalerriaren Alde. ¿Sabía euskera?
Solo sé que siempre publicaba en castellano.
Firmaba con su nombre, sin seudónimo, como Juanita Mir.
Todos los periodistas de la época utilizaban seudónimo y supongo que prefirió un diminutivo porque nunca se creyó importante.
Ni que la fueran a asesinar. ¿Usted ha utilizado sobrenombre en alguna ocasión?
Solo para presentar alguno de mis trabajos a un concurso literario.
En la novela, ¿empatiza con ella?
Tuve que hacer un ejercicio de imaginación poderoso, porque somos personas muy diferentes, pero al final sentí la necesidad de reparar el olvido atroz al que fue sometida.
El libro se estrenó en plena pandemia y ahora toma impulso con numerosas ediciones a sus ‘lomos’…
Sí. Se ha convertido en un long seller.
¿Cómo afrontó haber leído más de 15.000 expedientes de la guerra?
Fueron más, y en general resultó un trabajo arduo, pero mereció la pena para entender lo que significa la represión y el miedo en una dictadura.
¿Cree que la historia de su ‘representada’ será reconocida por el público?
La novela sobre esta mujer que cada día es más conocida, vuelve a presentarse en Vitoria-Gasteiz el lunes 23 de marzo, a las 18.30 horas, en Santa María, 11.
Ahora está publicando relatos cortos en audio en el pódcast Historias para escuchar en el metro. ¿Publicará un relato de Juana?
El pódcast critica la sociedad actual en su primera temporada y ficciona sobre el Bilbao futurista en la segunda, por lo que creo que el pasado, pasado está. l