“Leer es la única manera de que no nos manipulen con el miedo”
La actriz ha sido galardonada con el Premio Primavera de Novela 2026 por 'La educación del monstruo'
Galardonada, esta vez, con el Premio Primavera de Novela 2026 por su última novela -La educación del monstruo- Elvira Mínguez nos desvela cómo su amplia experiencia vital e interpretativa ha influido en su faceta como escritora. La actriz, guionista y directora aborda temas como la construcción del miedo, además de que reflexiona sobre la situación de la mujer en la industria audiovisual y la importancia de la educación y el pensamiento crítico en la sociedad actual.
En La educación del monstruo, explora cómo se construye la violencia o el miedo. ¿Le ha influido su infancia en Valladolid, donde también está ambienta la novela?
-Llevo 32 años ya en el mundo audiovisual. Todas las experiencias y lo que vayas haciendo influye y confluye hasta donde he llegado ahora, que es escribir historias, ya sea en un formato o en otro. La novela se desarrolla en tres épocas: en 2014; Matilde -el personaje principal de la historia- tiene lo que llaman los especialistas en memoria un recuerdo involuntario. Le lleva a preguntarse qué ha pasado y de ahí a un viaje a 1977; que es otra de las épocas de la novela, en su colegio dirigido por una monja -la hermana Olvido-. En ese momento, en Valladolid había un violador infantil de niñas y estaba toda la ciudad sumida en el miedo. Ella continúa sin encontrar nada y se da cuenta de que tiene que ir más allá; y llega hasta la Alemania del año 63 en Düsseldorf. La novela es un thriller, una novela negra... La parte del 77 en Valladolid, claro que... O sea, yo soy todos los personajes a la hora de escribir. Coincide cuando yo estaba en el colegio esa época, pero luego -indudablemente- hay muchas cosas ficcionales.
Debutó en el cine y poco después llegó la primera nominación al Goya. ¿Eso aumentó el peso de cumplir con las expectativas?
-Pues, mira, te mentiría si te digo que sí, te mentiría si te digo que me acuerdo (risas). A mí los premios me generan un grado de responsabilidad grande. Los disfruto, sin duda, pero ninguno he disfrutado tanto como el premio Primavera que me han dado por La educación del monstruo. Por sorpresivo, porque para mí es un mundo nuevo. A pesar de que los libros forman parte de mi mundo desde que era niña, la escritura no. Vives con más responsabilidad frente a los lectores y los espectadores, pero llega un momento donde lo aparco; como un ejercicio ya hasta de voluntad, si quieres... Con los años aprendes a que no puedes gustar a todo el mundo y que no vas a conseguir hacer las cosas bien para todo el mundo. Lo disfruto y me responsabilizo hasta que me meto, me remango y me pongo a trabajar en otras cosas. Ya no pienso ni en eso ni en nada.
En su discurso al ganar el Goya por Tapas en 2006 reivindicó que las mujeres de 40 años tienen miles de historias que contar más allá de ser “madres o esposas”. ¿La industria ha escuchado finalmente ese mensaje?
-No, yo creo que no. El tiempo cambia, y las circunstancias con él, pero yo creo que la situación de las mujeres sigue siendo parecida. Si en ese momento dije que las actrices de 40 años necesitaban que se escribieran personajes de 40 años, ahora te digo que las actrices de 60 necesitamos que se escriban personajes de 60. No debemos generalizar, pero las historias escritas para mujeres de una edad, en este caso la mía, son cada vez menores. Bueno, hay que continuar escribiendo para que se hagan.
Después de la reciente polémica en la serieEuphoria, donde una actriz que interpreta a una creadora de contenido adulto se viste de bebé, ¿cree que el sistema sigue encontrando formas de ejercer esa “violencia de la mirada” que trata en La mirada del monstruo?
-(Silencio reflexivo). Yo creo que las mujeres han estado en tela de juicio en el pasado, estamos en tela de juicio en el presente y estaremos en tela de juicio en el futuro. Nos ha costado subir muchos escalones y podemos volver a bajar con una facilidad pasmosa. Hablar de sexualidad femenina no es fácil y resulta muy incómodo para muchas personas. Pero insisto, deberíamos tener mucho cuidado y mucha precaución, porque nos pueden volver a colocar en la casilla de salida en nada; y todos los vientos apuntan a que va a ser así. Nos pueden volver a colocar el camisón con un agujero sin que nos demos cuenta.
Me decía que los premios le suponían una responsabilidad. ¿El Primavera de Novela le ha motivado a reivindicar ciertos temas?
-Si te digo la verdad, no pretendo ser absolutamente nada: ni bandera ni alguien que reivindique. Me he buscado mis habichuelas sola y he librado mis batallas, eso no quiere decir que esté ni bien ni mal. No considero que tenga una voz lo suficientemente autorizada como para ser nada. Escribo sobre lo que me interesa, soy mujer. Me interesan las mujeres completas, en lo bueno y en lo malo, no me interesa contar mujeres de tres cuartos. Y la mujer es un ser con poder, y ya está. Quiero decir, por supuesto que tenemos que luchar para que el empoderamiento sea cada vez mayor, pero por encima de todo tenemos que hacerlo para que se nos conozca, y es lo que pretendo a través de mis historias. Ya que hablamos de esto, en La educación del monstruo hay momentos donde se habla de la sexualidad infantil y del despertar sexual a través de varios personajes. Y se habla también -a través del personaje de Águeda- de esa sexualización que se hace de los niños, y eso también me parece muy importante.
Muy presente en redes sociales...
-Por ejemplo. No hago nada más que decir que no se habla de las cosas feas, pero también están en nosotros. Los personajes tratan de dialogar y sacar a la luz esos monstruos para gestionarlos. La sexualidad está presente en los personajes, porque está presente en nosotros. Yo no estoy a favor en absoluto, ¿eh?, que no se me vaya a entender mal. La sexualización que se hace de las niñas en redes me parece terrible, porque no es verdad. No son las niñas las que está hablando de su sexualidad, lo están haciendo los adultos. Cuando hubo una época -una moda- en la que se separaban los dientes las mujeres, eso que conlleva es terrible... Porque los dientes están separados cuando somos niños. El culto a la juventud que se hace de esa manera es terrorífico porque los están sexualizando. Y el resultado lo tienes cuando vemos al capullo este americano, -por ejemplo- con todos los informes de Epstein, ¿no?
¿De qué manera se puede solucionar esto?
-Creo que la educación es la única manera. Tenemos que conseguir niños informados. Esto empezó cuando ibas a los museos y veías a la gente mirando a través de la pantalla el cuadro que estaban viendo. Ese era el principio. Cuando veo a los jóvenes viendo un árbol en la pantalla, no entiendo por qué no levantan la mirada y ven el árbol de verdad. Se está empezando a confundir la realidad, como si tuviera dos dimensiones. Ese es el gran trabajo que tenemos que hacer. Yo hablo mucho con mi hijo y le digo: “Todo lo que yo hago en la pantalla es mentira, lo que intento es hacer creer que es verdad. No caigas en esto, cuestiónate si lo que estás viendo es verdad o no. Y para eso necesitas levantar la mirada de aquí”.
Al menos, en las pantallas se sigue viendo cine.
-Mira, yo llevo 32 años en esta industria. Desde que entré llevo oyendo que el cine está mal, y ahí estamos. Sigue siendo para mí uno de los actos íntimos que se hacen en comunidad (ir al cine). Tengo miedo de cómo estamos viendo ahora mismo el cine en casa, que se esté planteando contar cuánto tiempo la persona está viendo la serie o la película al mismo tiempo que viendo el móvil. Hay que ir al cine y hay que leer, es la única manera de que no nos manipulen con el miedo. De eso se habla en la novela, aquí es donde hay que poner el acento.
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