“Cuando la diosa Mari tenía orgasmos, provocaba tormentas”
Nieta de un gasteiztarra, la autora chilena ahonda en sus ancestros atraída por el euskera y la impresionante mitología vasca en sus novelas de fantasía
Tras haber autopublicado sus libros desde que comenzó hasta este momento, la escritora Sabiñe Susaeta se lanza esta vez al mundo editorial con su nueva novela Nuestra noche negra. La joven residente en los alrededores de Gernika fusiona en su saga Dioses de Euskadi la mitología vasca y la fantasía en una Euskal Herria mágica en la que todo es posible.
Su saga Dioses de Euskadi revitaliza la mitología vasca desde la fantasía. ¿Le han tirado sus raíces?
Mi abuelo era de aquí, de Gasteiz. Cuando vivía en Chile estaba muy obsesionada con el pasado de mi familia. Es muy típico lo de aferrarse al pasado de ancestros que viven lejos. De chica tenía una obsesión con los idiomas extraños: el japonés, el mapudungún... Cuando me enteré de que los vascos tenían el euskera, algo hizo clic en mi cabeza. Empecé a investigar sobre ello y llegué a la mitología vasca. En esa época, escribía historias de fantasía en mundos completamente imaginarios y siempre estaba muy trabada... En esas novelas, yo metía palabras en euskera y cosillas que aprendía en internet, porque allá en Chile era imposible aprenderlo en ese momento. Quise hacerla diferente, sin pegarme tanto al mito, sino como hacen Marvel o Disney: toman mitos como inspiración, pero luego hacen una historia totalmente diferente y abordan ciertas temáticas básicas.
Y por eso el urban fantasy, ¿no?
Exacto. Quería escribir una novela de romantasy con spice, era la primera vez que iba a escribir erótica y quería aprender. Cuando leí que la mitología vasca decía que cuando Mari tenía orgasmos con su consorte -Sugaar- provocaba tormentas, me pareció genial. Seguí investigando y aparecieron sus dos hijos: Atarrabi y Mikelatz, y dije: “Tengo que hacer el libro del hijo malo”, (risas). Ahí nació la historia de Mikelatz, donde me inventé que era un semidios, en la mitología son genios. Tiré por la idea popular moderna de las deidades y me inventé un mundo donde nadie sabe dónde está Mari. El final de la saga tiene que ver con eso...
De ahí que haya varios libros de la saga...
Mikelatz y Atarrabi aparecen en el primer libro, en el siguiente me inventé que Aideko era hijo de Gaueko, su propio árbol familiar. La saga son historias donde estos chicos buscan convertirse en dioses completos y en su camino se cruzan chicas, Catalina y Sofía, que es la protagonista del libro nuevo. Para mí, representa un poco más que el romance: ellas son algo así como el nexo de ellos con su lado humano.
¿Fue complicado añadir las expresiones y frases en euskera en cada una de las novelas?
Es muy complicado. El de Mikel tiene mucho menos euskera, porque lo escribí estando en Chile. El de Aideko entre Chile y acá. Entonces, fue más fácil incorporarlo mientras lo corregía. Me saqué en el euskaltegi el A1 y el A2, pero como no lo uso tanto, voy perdiendo mucho la práctica. Aparte, es batua, y yo quería que mis personajes hablaran vizcaino. Entonces, mi chico -que es vasco- me los cambia a vizcaino cuando yo los escribo en batua. Mucha gente me ha criticado en los reels al escribirlo en vizcaino: “No sabes euskera”. Yo les contesto que es vizcaino, y ahí no me dicen nada más. Además, escribo a propósito el idioma que no se aprende en la academia, escribo el euskera coloquial incluso cuando está mal escrito, porque hay palabras en vizcaino que no están aceptadas por la academia. Y hago lo mismo con el castellano también, hay palabras en chileno que las escribo como suenan.
En la mitología, ya existía el poliamor y la bisexualidad, y los trata abiertamente en sus novelas.
No me imaginaba a mis personajes heterosexuales en ningún momento. Hago mucha promoción en redes sociales, y nunca les he colocado la etiqueta de LGTB, porque siento que la etiqueta se usa cuando el conflicto amoroso y sexual se basa en el ser gay. Quería que fuera así, porque en mi mundo ideal debería ser así. Está bien que existan novelas que lo problematizan, porque sigue siendo un problema, pero también es bueno que existan novelas donde ya está normalizado. Todos se enamoran de ellos, hombres y mujeres. Se supone que Mari era poliamorosa, me parecía natural.
En la nueva novela que presentó hace unas semanas en Bilbao, Nuestra noche negra, la protagonista cae a la ría en la noche de Gau Beltza. Es una anécdota muy concreta, ¿no?
El señor de la muerte es un personaje que yo arrastro de otras historias que escribía cuando era más pequeña. Cogí a este personaje y lo relacioné con la noche en la que se supone que se juntan los mundos. Creo que hay una relación entre Gau Beltza y Samhain, que celebran los celtas -la noche más importante de todos los Sabbats-. Escribo novelas con tramas absurdas, porque me encanta lo absurdo. Eso no significa que no quiera tratar temas que para mí son importantes, como abordar la relación que los personajes tienen con la muerte.
Dioses de Euskadi va a continuar, ya que hablaba antes de su final, ¿pero tiene pensada alguna otra obra alejada de la fantasía?
No quiero decir nunca, porque uno nunca sabe, pero creo que siempre voy a escribir fantasía. Si me alejara sería como mucho al realismo mágico. He intentado escribir novelas sin ella y no me resulta, me cuesta mucho. Francamente, todo lo que escriba estará relacionado con la mitología vasca, porque me apasiona, y ya estoy creando una nueva historia en un Euskadi mágico.
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