Sabías que…?
Añadir azúcar no reduce el pH (la acidez real) de la salsa, solo enmascara el sabor, mientras que el bicarbonato sí la neutraliza.
Dice el refrán que a nadie le amarga un dulce, y así es en sentido literal. Pues justo lo contrario ocurre con el sabor ácido, que puede arruinar un plato cuando se considera excesivo. Para aprender a distinguirlo y a neutralizarlo con objeto de que no resulte desagradable en el paladar, vamos a conocerlo un poco mejor.
El ácido de uno de los cinco sabores básicos, junto al amargo –con el que frecuentemente se confunde–, dulce, salado y el último en incorporarse, el llamado ‘umami’. Lo experimentamos en alimentos como las frutas cítricas (naranja, limón, lima y pomelo), los fermentados (véanse yogur, kéfir o chucrut), y otros productos como el vinagre, las manzanas verdes y los frutos rojos.
El sabor de los ácidos es característicamente punzante o cítrico, siendo rápidamente detectado por la lengua. Esta sensación, producida por iones de hidrógeno en sustancias (alimentos o bebidas) con pH inferior a 7, provoca salivación. De hecho, el valor de pH es un indicador primordial del contenido ácido en un alimento o bebida en particular y varía de 0 a 14. Generalmente, todo aquello que tenga un valor de pH por debajo de 7, es considerado ácido.
¿Recuerdas haberlo experimentado? Si eres de paladar goloso, a buen seguro no te resultará agradable… Sin embargo, aunque no resulte tentador, no es nada malo de por sí… aunque curiosamente, el cerebro lo detecta principalmente como un mecanismo de defensa y seguridad alimentaria, permitiéndonos identificar así alimentos inmamuduros, fermentados o en mal estado.
A menudo, esta señal activa regiones cerebrales relacionadas con el rechazo, lo que sirve para evitar la ingesta de sustancias especialmente dañinas o peligrosas. Es el caso, por ejemplo, de determinados venenos que ya desde la antigüedad se identificaban como ácidos.
En suma, se vincula el ácido con una respuesta de alerta o tensión, ayudando a la toma de decisiones sobre lo que comemos.
En realidad, el sabor ácido actúa como un potenciador refrescante que equilibra sabores grasos y dulces, siendo esencial en la conservación de alimentos. Pero cuando sobresale en exceso este sabor conviene equilibrar esa acidez excesiva en los platos para hacerlos más gustosa al paladar.
Todos conocemos ejemplos de alimentos con sabor ácido, pero ¿sabes cuáles ocupan los primeros puestos del ranking? Los más conocidos son los limones, las limas, el pomelo, las cerezas ácidas y las manzanas verdes. También lo son los alimentos fermentados. Y es que los procesos de fermentación, como los que se utilizan en el yogur, el chucrut y los encurtidos, producen ácido láctico, que contribuye a su sabor ácido. Y en general, la mayoría de las frutas que se consumen verdes, antes de su punto óptimo de maduración.
En algunas salsas, como la de tomate especialmente, entra en juego el factor de la acidez, determinante para hacerla más o menos apetecible.
Que una salsa como la de tomate peque de este sabor en exceso es debido a distintos factores, entre los que destacan:
Para equilibrar la acidez en los platos (especialmente salsas de tomate o guisos), una recomendación muy valiosa es usar ingredientes alcalinos, como una pizca de bicarbonato de sodio. Pero también puedes suavizar la salsa con azúcar, miel, zanahoria cocida, lácteos (crema/mantequilla) o diluyendo con caldo.
La clave es añadir pequeñas cantidades poco a poco y probar constantemente.
Sabías que…?
Añadir azúcar no reduce el pH (la acidez real) de la salsa, solo enmascara el sabor, mientras que el bicarbonato sí la neutraliza.
Pinchando en este vídeo que incluimos a continuación puedes descubrir otro truco para bajar la acidez. En este caso consiste en añadir manzana pelada a la salsa de tomate, que habitualmente da este problema, durante su elaboración.
Este otro vídeo te enseña a utilizar este último consejo muy sencillo para equilibrar la acidez de una salsa a base de zanahoria. ¡Toma buena nota!
Por último, como consejo extra de un chef, si la salsa está muy concentrada, añadir un poco de agua o caldo ayuda a diluir la acidez.