El debate sobre la fecha de caducidad y el consumo preferente de los lácteos sigue generando dudas en muchos hogares. Para arrojar luz sobre este tema, el chef Fernando Canales ha analizado los factores que determinan si un yogur es apto para el consumo, subrayando que el aspecto visual y la conservación son mucho más importantes que el número que viene impreso en la tapa. Según el experto, el yogur tiene una naturaleza protectora gracias a bacterias como el lactobífidus, que "vive ahí en un medio ácido y que impide que otras bacterias vengan", defendiendo su territorio frente a patógenos externos.
Sin embargo, Canales advierte sobre un riesgo invisible: la rotura de la cadena de frío durante el transporte o almacenamiento. Si al abrir un envase con la fecha correcta observamos que "tiene muchísima agua" o que "está cuarteado", es un síntoma claro de que el producto no está en condiciones buenas. En estos casos, el chef afirma que "posiblemente no sea tan malo para la salud, pero lo mejor es que no lo consumas".
El margen de seguridad
Una de las grandes preguntas es cuánto tiempo podemos esperar después de que venza la fecha indicada. Fernando Canales señala que si el producto ha mantenido el frío correctamente y su aspecto es normal, se puede consumir un tiempo después de la fecha de consumo preferente. "Una semana, diez días estaría bien", afirma el cocinero, aunque advierte: "Lo que no puedes hacer es consumirlo tres meses después. Ni se te ocurra".
Además de la textura, el chef pone el foco en la aparición de hongos. Si el envase ha estado ligeramente abierto y tiene moho en la superficie, el peligro cambia. "Ya no hablamos de bacterias, hablamos de hongos", explica Canales, por lo que ese yogur debe desecharse automáticamente "aunque tenga la fecha de caducidad buena".
Más allá de las normas, el chef apela al sentido común del consumidor. Al ser un producto de consumo habitual, nuestra vista y olfato están entrenados para detectar anomalías. "Cuando vas a consumir un yogur y tienes dudas, cuando dudas es por algo", reflexiona Canales, instando a los usuarios a confiar en su instinto.
Un producto básico
El yogur es un alimento altamente valorado por sus propiedades nutricionales, ya que constituye una excelente fuente de proteínas de alto valor biológico, esenciales para el mantenimiento y la reparación de los tejidos del organismo, además de aportar una cantidad significativa de calcio, fundamental para la salud de los huesos y dientes. También contiene vitaminas del grupo B, especialmente la B2 (riboflavina) y la B12, que contribuyen al correcto funcionamiento del sistema nervioso y a la formación de glóbulos rojos.
Otro de sus grandes beneficios es la presencia de fermentos lácticos o probióticos, que favorecen el equilibrio de la flora intestinal, mejoran la digestión y pueden reforzar el sistema inmunológico. En cuanto a su composición, el yogur aporta grasas (en mayor o menor cantidad según sea entero, semidesnatado o desnatado) y una proporción moderada de hidratos de carbono, principalmente en forma de lactosa, aunque esta se encuentra parcialmente descompuesta, lo que facilita su digestión incluso en personas con cierta intolerancia a la lactosa. Además, su contenido en fósforo, potasio y magnesio contribuye al equilibrio mineral del organismo, convirtiéndolo en un alimento completo, versátil y recomendable dentro de una dieta equilibrada.