Los deberes de Mourinho en el Real Madrid
El técnico portugués regresa al club trece años después para imponer orden y frenar el desastre de dos campañas sin títulos
Ahora sí, una vez superado el protocolario trance de las elecciones presidenciales, con dos tercios de los votantes a favor del continuismo, el Real Madrid de Florentino Pérez ya tiene a su nuevo entrenador, Jose Mourinho, un retorno que se produce trece años después y en una situación que se antoja similar a su primera experiencia. “Estoy muy orgulloso de que vuelva”, expresó el dirigente.
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El técnico portugués protagonizará un regreso que responde a la nostalgia pero principalmente a la necesidad. El presidente electo considera que el club necesita un cambio acelerado después de resultados que han estado por debajo de las expectativas. Una situación que provocó la salida en el breve lapso de una misma temporada de dos técnicos. El primero, Xabi Alonso, llegó para sentar un nuevo proyecto deportivo y su estancia apenas se prolongó medio año; el segundo, Álvaro Arbeloa, fue una solución de urgencia y sin éxito para corregir la dinámica de su antecesor. Mourinho es la figura que se considera necesaria para imponer una dirección clara en mitad de la tormenta. Sus principales deberes serán restablecer jerarquías internas, gestionar los egos del vestuario, abrazar un estilo de juego, recuperar la solidez defensiva y reforzar la mentalidad competitiva de la plantilla.
Cuando Mourinho aterrizó por primera en Madrid en 2010, su misión no era tan distinta a la de ahora. Entonces fue reclutado por un club obsesionado con tumbar la hegemonía del Barcelona de Pep Guardiola; ahora, el luso deberá detener la racha de dos títulos de liga consecutivos de Hansi Flick. Como entonces, Mou hereda un plantel que sigue acumulando talento, recursos y ambición, pero que persigue una identidad competitiva reconocible, algo que Alonso y Arbeloa no lograron afianzar. De algún modo, el equipo ha vivido de destellos de calidad y se ha mostrado vulnerable a nivel de colectivo, como bloque, y no ha ofrecido estabilidad.
Establecer jerarquías
La salida del capitán del equipo por sexto año consecutivo, esta vez Dani Carvajal, dejará un vacío pendiente de cubrir. Mourinho deberá convivir con grandes estrellas pero a la vez deberá establecer jerarquías claras para asegurarse de que el equipo reme en la misma dirección. Erradicar las diferencias será crucial. Es decir, evitar situaciones como las vividas entre Vinicius y Xabi Alonso, o los incidentes entre Valverde y Tchouaméni. Ahora se intuye que Florentino concederá a Mourinho plenos poderes. La autoridad del portugués estará por encima de todo y de todos. Será el gran líder y sus pupilos serán piezas de un tablero, con sus pequeños galones.
Estilo de juego
Afianzar una estructura y un estilo de juego será uno de los primeros retos que deberá afrontar Mourinho. Tendrá que decidir si apuesta por la posesión o el contragolpe para seducir a la parroquia blanca. Por otro lado, uno de los principales problemas del Real Madrid en los últimos tiempos ha sido consolidar a jugadores en determinadas posiciones o elegir entre varios para un único lugar. Véase el caso de Vinicius, Mbappé o Rodrygo, que en origen comparten la misma posición sobre el campo. Las incógnitas asaltan a todas las líneas, desde la defensa, pasando por el centro del campo, hasta la delantera.
Un ecosistema con roles definidos
Mourinho no tendrá que reconstruir futbolistas o retocar su creatividad, sino generar un ecosistema donde el talento no tenga que resolverlo todo por sí mismo. En los equipos del portugués cada jugador conoce su papel, sus responsabilidades y sus límites. Los roles están muy definidos. Podrá gustar más o menos, pero rara vez existe confusión. Y ahí entrará el factor de los egos. Además, deberá corregir los desajustes y fragilidades defensivas mediante una mejora táctica y la optimización de la línea defensiva. Para ello ya se han anunciado los fichajes de los defensores Konaté y Dumfries, que llegarán con la carta de libertad. El entrenador tendrá que blindar el equipo y reconciliarlo con la regularidad.
Confección de la plantilla
La confección de la plantilla será una labor considerable. Con el adiós de Carvajal, Alaba y se entiende que Ceballos, Mou deberá decidir el futuro de jugadores como Brahim, Camavinga, Asencio, Fran García, Gonzalo, Mastantuono o Pitarch. Tras las anunciadas llegadas de Dumfries y Konaté, Florentino ya adelantó en campaña que lanzará la mayor oferta de la historia del club por un solo jugador, más de 150 millones de euros. Se especula con que podría tratarse de Neves, Vitinha u Olise. El retorno de Mourinho, desde luego, llegará con refuerzos para reestructurar el modelo táctico.
En el plano emocional Mou también tendrá que potenciar la mentalidad ganadora que es propia de su carácter. En este gobierno del vestuario, tendrá que dar con un equilibrio que le permita mantener la intensidad sin desgastar las relaciones internas. La experiencia y veteranía acumuladas a sus 63 años, con 26 de ellos en los banquillos, pueden ser sus aliados en este aspecto. El entrenador que vuelve hoy se espera que sea mucho menos impulsivo que aquel que aterrizó en Valdebebas convencido de que cada batalla debía librarse hasta el final y sin pensar en las consecuencias. Un ejemplo es que entre sus peticiones está la creación de una figura que ejerza como interlocutor, que pueda parapetarle para no asumir el peso de todas las cuestiones que atañen al club en cada exposición mediática, lo que puede terminar erosionándole.
Una reivindicación personal
Este segundo episodio en el Real Madrid también será una reivindicación personal. El desafío particular es demostrar que sigue siendo un técnico de primer nivel en el máximo escenario europeo, disipando así las dudas que han rodeado a su figura en los últimos tiempos. En su primera etapa en la entidad madridista, que se extendió durante tres temporadas, alcanzó tres títulos –una liga, una Copa y una Supercopa de España–, que para muchos se interpretaron como insuficientes. Para otros, sus defensores, la estancia sentó los pilares del éxito venidero; un año después de su marcha, el club inició una secuencia de cuatro Champions League en cinco años.
Las dudas sobre el actual Mourinho son lógicas. Desde que abandonó el club blanco dirigió, sin interrumpir su trayectoria en los banquillos, a Chelsea, Manchester United, Tottenham, Roma, Fenerbahçe y Benfica. En trece años ha logrado seis títulos, siendo los más prestigiosos la Premier League de 2015, la Europa League de 2017 y la Conference de 2022. Durante este tiempo solo conquistó una liga con el Chelsea.
Sin embargo, en los diez años previos a su primer paso por el Madrid levantó diecisiete trofeos. Ganó la Champions League con el Oporto en 2004 y con el Inter en 2010. También celebró la Europa League de 2003 con el conjunto portugués. Además ganó seis ligas: dos con el Oporto, dos con el Inter y dos con el Chelsea. Por lo tanto, el contraste con el antes y el después de su paso por el Madrid resulta obvio.
Por supuesto, los resultados deportivos marcarán su destino con independencia de la estética o los conflictos que protagonice. El tiempo no se ha detenido en su ausencia y el pasado no concederá ventajas. No será una tarea sencilla precisamente debido a que se trata de uno de los banquillos más exigentes del mundo, quizás el que más.
