Mbappé eleva el tono del caos del Real Madrid
Las declaraciones cruzadas entre el francés y Arbeloa revelan fisuras internas que desacreditan la realidad proyectada por Florentino Pérez en una rueda de prensa en la que acusó a la prensa y los árbitros de la crisis que vive el club
La fractura ya no se esconde. Florentino Pérez señaló el pasado martes a la prensa y los a árbitros como principales responsables de la crisis del Real Madrid; por lo segundo, podría exponerse a medidas disciplinarias solicitadas por el colectivo arbitral. Ahora, el entrenador y la gran estrella del vestuario se han encargado de proyectar una realidad bien distinta: la crisis interna que atraviesa el club blanco. El conflicto entre Kylian Mbappé y Álvaro Arbeloa estalló tras la victoria madridista frente al Oviedo, un partido que era el termómetro para medir el grado de hastío de la afición del Santiago Bernabéu, que fue silenciada por el volumen de la megafonía y también despojada de cualquier pancarta crítica contra la figura del presidente. Una noche marcada por los pitos como reflejo del desgaste institucional y por unas ruedas de prensa que dejaron al descubierto el verdadero nivel de tensión del vestuario.
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Mbappé, gran foco de la ira del graderío, por fin se puso ante los medios tras dos convulsas semanas que le habían dejado expuesto a la crítica por decisiones personales que han arrojado dudas sobre su nivel de implicación. El francés, suplente y abucheado a su entrada al campo, lanzó una frase demoledora que agitó el clima madridista, zarandeado por los diversos episodios que se vienen sucediendo deportivos y extradeportivos: “El míster me ha dicho que soy el cuarto delantero de la plantilla”. El atacante aseguró además que estaba “al cien por cien” físicamente y preparado para ser titular, aunque aceptaba la decisión técnica. “Pregúntale a él; yo estaba listo para ser titular”, zanjó sobre su relegación al banquillo.
Mbappé deja en evidencia a Arbeloa
Si bien, Mbappé puso en evidencia el trabajo de Arbeloa, quien agotó las opciones de levantar títulos. “Duele, porque teníamos la oportunidad de hacer algo mejor. Lo demostramos en la primera parte de la temporada”, sentenció en referencia a la etapa de Xabi Alonso en el banquillo. Asimismo, mostró indiferencia sobre el discurso de su entrenador: “No veo las ruedas de prensa del míster. En casa tengo la televisión francesa, no la española”. Cabe recordar que el propio Arbeloa, al ser cuestionado por las diferencias entre Vinicius y Mbappé, en plena vorágine de malos resultados y la ausencia del francés por una lesión que no le impidió viajar a Cerdeña, destacó al brasileño como un “líder nato” y seguido subrayó: “No hemos creado lo que es el Real Madrid con jugadores que salen al campo vestidos de esmoquin, sino con jugadores con la camiseta llena de sudor y de barro”.
Como si de un combate de boxeo se tratase, en el que los púgiles siempre encuentran respuesta a sus actos, llegó el turno de Arbeloa, quien con rostro cariacontecido desmintió a Mbappé y defendió su autoridad. “Ya me gustaría a mí tener cuatro delanteros. Ni tengo cuatro delanteros ni le he dicho semejante frase. No sé si no habrá entendido bien, no he dicho eso, no puedo decirle que es el cuarto delantero”, ironizó el técnico, que sentenció: “Yo decido quién juega, no importa cómo se llamen”.
El episodio es el reflejo de una ruptura más profunda. El caso Mbappé dejó hace tiempo de analizarse únicamente desde lo futbolístico. Sus números siguen siendo extraordinarios: 85 goles y 12 asistencias en sus 101 partidos con el Real Madrid. La temporada pasada se adjudicó la Bota de Oro y este curso suma 41 tantos, liderando la tabla de artilleros tanto de LaLiga (24) como de la Champions League (15). Sin embargo, el Madrid continúa sin conquistar grandes títulos desde su llegada –solo ha ganado una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental– y la sensación creciente es que el equipo no ha conseguido construir una identidad colectiva alrededor de su gran figura, a la que el propio presidente señaló horas antes del cruce de palabras como “el mejor jugador que tenemos en este momento”.
El toque de atención del entrenador
Las declaraciones de Arbeloa conectan precisamente con esa idea. El técnico justificó la suplencia del francés recordando que apenas cuatro días antes ni siquiera había viajado al Clásico por molestias físicas: “Un jugador que no está para viajar el domingo, cuatro días después no puede ser titular”. La frase sonó a toque de atención público en un contexto en el que se acusa al galo de falta de implicación.
En el club existe la percepción de que Mbappé vive desconectado emocionalmente de la realidad del equipo. Sus viajes durante procesos de recuperación, las imágenes sonriente en momentos críticos y ciertos gestos sobre el campo han ido construyendo un relato incómodo alrededor de la estrella francesa. El Bernabéu, históricamente implacable con quienes considera ajenos al sacrificio colectivo, empezó a emitir sentencia con los primeros silbidos significativos desde su llegada.
La polémica de las últimas horas agrava además otro debate sensible: el liderazgo. El Real Madrid no fichó únicamente a un goleador; fichó a un heredero simbólico del poder competitivo del club. Y ahí es donde el proyecto empieza a resquebrajarse. Mbappé sigue resolviendo partidos, pero no transmite la figura del líder capaz de ordenar el caos de un vestuario golpeado por la frustración y la falta de títulos. Incluso, ahora alimenta el caos quizá aprovechando su posición de poder ante un Arbeloa que tiene sus horas contadas en la entidad. Y así lo da a entender el propio entrenador, consciente de que apura sus últimos días al frente del vestuario: “Yo decido quién juega mientras esté sentado en esta silla, me da igual que no estén de acuerdo, se llame como se llame. Y sino, que esperen al siguiente”. El francés sabe que “el siguiente” tardará poco en llegar.
¿Rompe Mbappé el código del vestuario?
El choque con Arbeloa también evidencia una lucha de jerarquías. El entrenador quiso enviar un mensaje de autoridad en plena crisis institucional. Mbappé, por su parte, respondió exponiendo una conversación interna delante de los medios. Una escena curiosa teniendo en cuenta que Florentino Pérez arremetió en la comparecencia con carácter de urgencia del pasado martes contra los chivatos, contra esa persona que filtró el incidente entre Valverde y Tchouaméni. El mensaje de blindaje del vestuario parece no haber calado en la plantilla, donde no hay código de silencio.
El debate alrededor de Mbappé ya no gira sobre sus goles. Gira sobre su influencia en el ecosistema del Real Madrid. Sobre si mejora al equipo o lo condiciona. Sobre si representa el espíritu competitivo que exige el club o si actúa como una superestrella aislada dentro de una estructura cada vez más frágil.
Está en manos de Arbeloa adoptar medidas contra Mbappé o hacer oídos sordos. Sus decisiones no alterarán su futuro inmediato, y solo la mano del presidente le impediría actuar con plena libertad, sin consecuencias dada su más que previsible salida. El entrenador está en condición de poner en riesgo el trofeo Pichichi que ahora mismo iría a parar a manos de Mbappé. Con dos jornadas por delante, Muriqi está a la zaga del francés con 22 goles. Aunque quizás obedezca a la línea de Florentino Pérez, quien al manifestarse sobre la pelea entre Valverde y Tchouaméni concluyó: “Yo lo he tolerado durante 26 años y no ha pasado nada”.
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