“Estamos hablando de una selección cuatro veces campeona del mundo, esto es una tragedia deportiva, una vergüenza. Es de lo peor que le ha pasado al fútbol italiano en su historia reciente. Italia está de luto”, así se manifestó Fabio Capello, considerado uno de los entrenadores más prestigiosos de la historia, sobre la decepción de la selección italiana por su incomparecencia en la próxima edición de la Copa del Mundo, la tercera ausencia consecutiva y cuarta de toda su historia sin tener en cuenta una no participación de manera voluntaria en Uruguay 1930. La herida tardará mucho tiempo en cerrarse. Al menos, cuatro años. Tiempo que por otra parte dará margen para trabajar en los problemas, que no son pocos.

Tal y como reflexionaba Capello en una declaraciones concedidas a Marca, para resolver esta crisis “hay que sentar a expertos, analizar lo que está pasando y empezar una reconstrucción desde la base. El problema no es solo de resultados, es estructural”. El prolífico delantero alemán Jürgen Klinsmann, que vistió la camiseta del Inter y la Sampdoria, se sumó al debate en la cadena RAI asegurando que “Italia está pagando las consecuencias de la ausencia de líderes, jugadores técnicamente dotados y confianza en la cantera”. Y puso ejemplo a dos de los grandes talentos del fútbol mundial: “En Italia, jugadores como Lamine Yamal o Jamal Musiala estarían jugando en la Serie B para ganar experiencia”.

Capello fue uno de los que exigieron dimisiones inmediatas en la cúpula de la Federación Italiana de Fútbol. El reclamo no se hizo esperar. El presidente del máximo organismo, Gabriele Gravina, que llevaba en el cargo desde 2018 tras ser reelegido en 2021 y 2025, presentó su renuncia al cargo el pasado 2 de abril, dos días después del fracaso de selección tetracampeona mundial ante Bosnia y Herzegovina en la final de la repesca. Gravina no se ha ido sin más. Ha querido destapar las vergüenzas del fútbol italiano con la publicación de un informe que da respuestas al problema pero no soluciones.

El exdirigente atribuye la incapacidad de encontrar soluciones a la imposibilidad de intervenir con eficacia. “En la gran mayoría de los casos, la imposibilidad de intervenir eficazmente, debido a factores tanto internos como externos al sistema, se ha impuesto hasta ahora a la incapacidad de identificar posibles soluciones”, reflexiona en un documento que en principio iba a ser presentado en la Comisión de Cultura de la Cámara de los Diputados, como cuestión de Estado que se considera el asunto.

A juicio de Gravina, para comenzar cualquier transformación es “es necesario aclarar cuáles son las competencias reales de la federación, de las ligas (y, por tanto, de los clubes) y de las instituciones”. Después, los problemas se deberían abordar con una intervención radical y “una unidad de acción que supere los intereses particulares”.

Pérdidas anuales de 730 millones de euros

El informe expone datos sobre el Calcio que son demoledores. Cualquier intervención requiere de inversión económica. Y según el expresidente, desde 2018 hasta la actualidad, el fútbol italiano pierde más de 730 millones de euros al año, lo que dictamina un modelo insostenible.

Luego existen lo que considera como otro males que impiden al fútbol italiano y en consecuencia a su selección triunfar como otrora. Gravina habla de falta de talento, de una liga envejecida, de una excesiva dependencia de jugadores extranjeros y de una infraestructura obsoleta que distancia a Italia de la élite de Europa.

La incapacidad para retener el talento y la vejez deriva en una serie de datos que aporta el informe y que dejan en mal lugar a la Serie A: no figura entre las diez primeras ligas de Europa en metros recorridos en esprint y la velocidad media del balón en el juego es mucho más baja (7,6 m/s) que la media de la Liga de Campeones (10,4 m/s) y la de otras grandes ligas europeas (9,2 m/s). Es, además, la última de las cinco grandes ligas europeas en regates y en agresividad durante las fases de presión.

Las carencias del sistema de gestión del talento juvenil se demuestran con la clasificación de las 50 mejores canteras del mundo según los ingresos acumulados por la venta de futbolistas formados en casa, donde solo aparecen dos clubes italianos: Juventus y Atalanta.

El éxito juvenil no se refleja en la Serie A

Además, los mejores resultados históricos de las selecciones juveniles no se ven reflejados en la presencia de jugadores jóvenes italianos en las plantillas de la Serie A y tampoco en las competiciones europeas en comparación con los clubes de otros países. Gravina alude al modelo español, haciendo referencia a que los jugadores con edades de juvenil “ya no juegan en juveniles y acumulan casi el doble de minutos en liga y seis veces más en copas europeas”. Cabe recordar que Italia era hasta 2025 campeona de Europa en categorías sub’17 y sub’19 y es la actual subcampeona del mundo sub’20.

Uno de los factores que taponan el progreso de los canteranos es la apuesta por jugadores veteranos. La Serie A es una de las de mayor edad media, con 27 años. Otro argumento es la apuesta por futbolistas procedentes del extranjero, quienes han disputado el 67,9 % de los minutos totales de la liga, lo que representa el sexto peor dato de Europa. En LaLiga, los extranjeros representan el 39,6 % de los minutos y en Francia, el 48,3 %.

Aficionados italianos sostienen las bufandas en alto durante un partido de su selección. Europa Press

El peso de los extranjeros

El informe toma como ejemplo la última jornada de liga, la 31 en concreto: de los 284 futbolistas que han disputado un mínimo de media hora, solo 89 eran italianos, y cabe tener en cuenta que una decena eran porteros. Se da la paradoja además de que los dos guardametas que han ejercido como últimos titulares con Italia juegan fuera del país: Gianluigi Donnarumma (Manchester City) y Guglielmo Vicario (Tottenham).

Pero el problema de la falta de apuesta por el futbolista local ya se proyectó en la primera jornada, cuando la Serie A registró el número de jugadores italianos más bajo de su historia. De los 315 que participaron, 98 fueron autóctonos (31%). Según recuerda La Stampa, la temporada anterior el número fue de 106; en 2021 hubo 120; en 2017 fueron 128.

Sobre esta problemática ya habló Cesc Fábregas, el técnico de moda en Italia, entrenador de un insospechado Como que ocupa la cuarta posición tras ascender desde la Serie B en la 2023-24. El catalán ha tenido que hacer frente a las acusaciones de no apostar por jugadores italianos. Un día, harto de la crítica pese a su éxito deportivo, atajó la cuestión en rueda de prensa. “Entre un joven español y un italiano, siempre me quedo con uno vuestro. ¡Pero no tenéis ninguno!”, expresó. La gloria del Como de Fábregas es también el reflejo de una carencia que quizá explique el fracaso de la selección italiana.

Peligra la organización de la Eurocopa de 2032

El debate se centra ahora en la búsqueda de soluciones para la crisis del fútbol italiano. Sobre la mesa existen diversas propuestas como plan de choque urgente. Se habla de aplicar incentivos fiscales para la formación de jugadores italianos sub’23, de reducir el número de clubes profesionales o de acelerar la modernización de infraestructuras o estadios con la mirada puesta también en la acogida de la Eurocopa de 2032, la cual, para colmo, está peligro. El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, criticó en La Gazzetta dello Sport: “Tenéis una de las peores infraestructuras futbolísticas de Europa. Espero que estén listas para la Eurocopa. De lo contrario, el torneo no se jugará en Italia”. El torneo está previsto que se organice de manera conjunta entre el país transalpino y Turquía. Desde luego, el fútbol italiano está inmerso en una grave crisis.