bilbao - La histórica goleada conseguida el pasado miércoles por el Barcelona frente al PSG, en la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones, remontando con un 6-1 el 4-0 del partido de ida, volvió a escribir un nuevo capítulo en boca de ambos entrenadores, que ayer hablaron para ofrecer mensajes radicalmente opuestos. El vencedor Luis Enrique no quiso saber nada del polémico arbitraje. En cambio Unai Emery dejó un rastro de lamentaciones compartidas con su jefe, el jeque Nasser Al-Khelaïfi, quien sin embargo ofreció su “respaldo total” al preparador guipuzcoano.

Preguntado Luis Enrique si el árbitro alemán Deniz Aytekin influyó en la goleada ante el PSG, el técnico asturiano zanjó la cuestión con un concluyente “pasapalabra”.

Aytekin pitó dos penaltis a favor del Barça, transformados por Messi y Neymar, y no apreció infracción alguna en el área azulgrana.

Unai Emery sigue dándole vueltas a este decisivo detalle y ayer volvió denunciar la supuesta parcialidad que tuvo Aytekin y pidió más consideración a los árbitros europeos hacia su equipo. “El PSG necesita más respeto. Cuando visualizamos de nuevo el partido, esto está claro. Han pasado muchas cosas anormales. Son decisiones que no podemos controlar”, afirmó el técnico vasco, dando a entender otra vez que sin el determinante factor arbitral el PSG seguiría vivo en la competición. A modo de moraleja, Emery quiere imaginar que esta tremenda derrota servirá de ayuda en el futuro al PSG en su proyecto de ganar la Champions.

El jeque Al-Khelaïfi, en una entrevista concedida al diario Le Parisien, también le sigue dando vueltas al tema arbitral: “No puedes evitar pensar que el resultado podría haber sido distinto con un arbitraje más clarividente. (...) Todo el mundo vio el penalti sobre Di María que podría habernos permitido llegar al 3-2 y acabar sin duda con todo el suspense. Sin olvidar que no hubo penalti sobre Suárez”, afirmó el dueño del PSG.

bajas de Neymar y Rafinha Pero el fútbol no para y el Barça se enfrenta hoy al Deportivo en Riazor con las bajas de Neymar, el héroe del legendario partido frente al campeón francés, a causa de unas molestias en el adductor izquierdo, y de Rafinha, por culpa de una gastroenteritis. Pese a la racha que lleva el equipo azulgrana, Luis Enrique se puso ayer el traje de la modestia. “Me fío de la cordura y sapiencia de mis jugadores para saber de que estamos al tramo final de la temporada y que queda todo por disputar”, y añadió que en Riazor les espera un encuentro de “dificultad máxima”. “El Deportivo va a ser muy peligroso en su estadio”, añadió, en referencia a la buena racha del equipo gallego desde la llegada de Pepe Mel.

Sin embargo, el técnico madrileño ofreció otra visión más cruda: “El estado de ánimo es muy importante y ellos (los jugadores del Barça) lo tienen ahora mismo por las nubes. Si saben ya que son buenos, ahora se creen todavía mucho mejores y está claro que van a intentar hacerlo bien y divertirse”, argumentó Mel.