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El 'antiengendro' y su primera víctima

El Salamanca se convierte en el primer club que sufre el rigor de la nueva norma federativa, articulada para que el sucesor solo pueda refundarse siempre y cuando asuma y pague las deudas pendientes

El 'antiengendro' y su primera víctimaDEIA

Bilbao

LA UD Salamanca dejó de existir oficialmente el pasado día 18. Máximo Mayoral, uno de los administradores concursales del club castellano, con 90 años de historia, no recurrió a eufemismos para definir el alcance de la situación. "Se puede decir que la Unión ha muerto", dijo. Y así lo parece. ¿Para siempre?

Si antes un club desaparecía por culpa de las deudas impagadas, al poco tiempo reaparecía en el mismo escenario, con los mismos colores y bajo la tutela de los mismos dirigentes que le llevaron al abismo, aunque, eso sí, en una categoría inferior. Simplemente se refundaba, pero ya saneado, cambiando algún trazo del escudo, o poniendo Club de Fútbol donde antes figuraba Fútbol Club. Una minucia bastaba para retomar la actividad.

Sin embargo, el pasado día 1 entró en vigor las modificaciones del Reglamento de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), sobre todo el artículo 104.1.c. En las mismas que se recoge la "obligación de los nuevos clubes de asumir las deudas de sus predecesores cuando estos últimos desaparezcan o dejen de competir". Y la deuda del Salamanca, equipo del grupo primero de la Segunda B, supera los 23 millones de euros.

Conocida como norma antiengendro, la modificación estatutaria persigue acabar con la refundación bajo la impunidad que hasta ahora han tenido los malos gestores en los clubes de fútbol. El alcance del artículo quiere afinar tanto su combate contra la picaresca que contempla que el club que suceda al extinguido no pueda jugar en el mismo estadio, en este caso de la UD Salamanca El Helmántico, o llevar el nombre de la ciudad a la que representa, lo cual crea un problema cuyo alcance es de una magnitud tremenda. Por ejemplo, se condena al estadio de la ciudad, muchas veces de carácter municipal, a no poderse utilizar jamás para acoger partidos oficiales, salvo que se pague la deuda contraída por el club disuelto.

la puja El pasado jueves, la Unión salió a subasta pública, pero nadie pujó por ninguno de los cuatro lotes. En el primero se ofrecía todo el patrimonio, desde los jugadores, valorados en 200.000 euros, al estadio, tasado en 14,7 millones de euros, pasando por la boutique, derechos de imagen, la fotocopiadora o el cortacésped. Todo por 15,9 millones de euros. Pero nadie acudió a la cita. En el segundo turno se retiraba el estadio de la puja, en el tercero la boutique y en el cuarto se ofrecían los derechos federativos por 500.000 euros.

El próximo jueves se procederá a la segunda subasta, que deja de ser conjunta, de tal forma que la cantidad exigida puede llegar a descender un 20%, y los derechos federativos, la parte más golosa del lote, ofrecerse a un precio de 400.000 euros.

Si alguien abona esa cantidad antes del 24 de julio adquirirá la plaza de la Unión, libre de cargos y sin la necesidad de pagar a los jugadores o al resto de trabajadores del club ni asumir la deuda de la entidad.

Si no se adquieren, el juzgado tendrá que proceder a la disolución de una entidad que, con García Traid como entrenador, logró dos ascensos consecutivos hasta llegar, en la temporada 1973-1974, a la Primera División, en la que permaneció siete años consecutivos.

Una historia que se repitió, en los años 90, con el guipuzcoano Juanma Lillo como entrenador. En las temporadas siguientes, el Salamanca hizo el ascensor, es decir, subió y bajó de categoría, aunque a partir del año 2000 ya no volvió a la máxima división.

el 'salvador' Y aquí es donde entra en juego Juan José Hidalgo, presidente del Grupo Globalia, antiguo propietario de la Unión y uno de los responsables con efectos retroactivos de la ruina del club charro.

Ahora va de salvador. O al menos amaga con hacerlo, aunque marcando sus condiciones. El pasado 28 de mayo dijo que estaba dispuesto a comprar los derechos federativos del Salamanca para crear otro club. Pero no lo hizo. En vísperas del óbito formal de la Unión alegó que estaba dispuesto a poner dinero para pagar a los futbolistas, pero nunca los 500.000 euros que costaba la plaza. Ante la segunda subasta y con la rebaja pertinente de los mismos en 100.000 euros deja entrever que a lo mejor acude a la cita, marcada para el 20 de junio, aunque pide colaboración. "Sigo ahí para ayudar, pero necesito la colaboración de la ciudad y de las instituciones para hacer un proyecto ambicioso e intentar que el nuevo club ascienda cuanto antes a Segunda División".

En sus declaraciones públicas, Hidalgo echa la culpa de la situación a los administradores concursales, que desde su óptica no han sabido sobrellevar la situación, y se mantiene en su idea de refundar el club en Salamanca. "La única opción es borrón y cuenta nueva". Es decir, partiendo de cero o renegociando los 23 millones de deuda en condiciones muy ventajosas. Como si la norma antiengendro no existiera.