APOEL NICOSIA 0-3 REAL MADRID

APOEL NICOSIA: Chiotis; Poursaitides, Paulo Jorge, Oliveira (Min. 13, Kaká), Boaventura; Helio Pinto (Min. 72, Solari), Nuno Morais; Charalambide, Trickovski, Alexandrou (Min. 46, Helder Sousa); Ailton.

REAL MADRID: Casillas; Arbeloa, Pepe, Ramos, Coentrao (Min. 63, Marcelo); Sahin (Min. 84, Granero), Khedira, Özil, Higuaín (Min. 63, Kaká), Cristiano; y Benzema.

Goles: 0-1: Min. 74; Benzema. 0-2: Min. 81; Kaká. 0-3: Min. 90; Benzema.

Árbitro: Felix Brych (Alemania).

Incidencias: Estadio A. G. de Todos los Chipriotas. 23.000 espectadores.

BILBAO. Hay partidos que dignifican la Liga de Campeones como el mayor de los eventos y clubes cuya filosofía futbolística aporta a la competición mayor brillo y esplendor. Hay duelos, como el de ayer en Nicosia, que invitan a pensar en qué patio escolar se están dirimiendo y equipos, como el Apoel, con un estilo, más que rudimentario, carpetovetónico que solo afean hasta las victorias del contrario. Le sucedió al Real Madrid, que apenas sin hacer ruido se bastó de los chispazos de Benzema y Kaká, a raíz de los cambios introducidos por Mourinho, para sentenciar el pase a las semifinales.

Sorprendió el portugués al colocar al inédito Sahin como pareja de Khedira ante la ausencia de Xabi Alonso, y al situar en el lateral izquierdo a Coentrao en detrimento de Marcelo, aunque esto último es ya la tónica en la Champions. El primero de ellos fue el único que dejó constancia de su calidad en una primera parte anodina, plana y donde el equipo blanco se fue contagiando del ritmo espeso, lento y huérfano de imaginación del club chipriota, cuyo presupuesto lo dice todo: nueve millones de euros, o lo que es igual, menos de la ficha completa de Cristiano. Precisamente este lo único que ofreció fue la imagen de enfadado consigo mismo en un tramo de encuentro donde, aunque los muditos de Mou fueron amos y señores de la pelota, regalada por el rival, apenas disfrutaron de tres ocasiones de gol. A saber, un disparo peligroso a la media vuelta de Özil (minuto 11), un chut de Ronaldo al filo del descanso y, la más clara, un remate a bocajarro de Benzema (minuto 33) que se perdió por encima del larguero después de que el balón le botara mal en el instante en que llegaba a sus pies.

Pertrechado atrás, se entiende que al Apoel nadie le hubiese endosado más de dos goles en el torneo, pero también que su casillero se estrene solo cuando el porcentaje de acierto sea un pleno, porque ni siquiera se atrevió a probar fortuna desde posiciones lejanas. De amagar en el área, conjunto vacío. Para colmo, cuando aún no se había cumplido el cuarto de hora se le lesionó en la rodilla, con signos de gravedad, el central Oliveira, que fue relevado por Kaká, un brasileño que ni por asomo se parece al madridista y que se gusta cuando emplea los codos y las piernas para zafarse de los oponentes. Como el Madrid tampoco se fajaba en exceso en ataque, ni eso le hizo falta. El mensaje en el descanso estaba cantado: a los merengues les urgía meter una marcha más para solventar definitivamente la papeleta sin pensar en el Bernabéu.

los cambios, claves Arrancó la segunda mitad con un punto más de velocidad el Madrid, si bien Cristiano -silbado por la afición local, que le recordaba las gestas de Messi- empezó maldiciendo el césped por no hacerlo con su desviada puntería para gozo de Chiotis, que elevó incluso la numeración de su muralla. En el minuto 59 al fin se acercó el Apoel hasta Casillas... para lanzar una falta que fue aclamada a modo de gol, aunque antes Ayrton fabricó una acción de jugón. En este panorama Mourinho dio entrada a Marcelo para pisar el acelerador y a Kaká, el bueno, en busca de una individualidad. La encontró cuando se fue con la zurda y la puso justo en el punto de penalti, donde Benzema, libre de marca, perforó la red de cabeza en el minuto 74. Poco después fue Marcelo quien irrumpió por la izquierda, habilitado de tacón por Cristiano, para ganar la línea de fondo y ponérsela a Kaká, que solo tuvo que empujar el esférico para firmar el segundo, y ya con el tiempo cumplido Benzema hizo el tercero para acabar del todo con la ensoñación de un Apoel que nadie entiende qué pintaba ahí. Fue como un bolo veraniego.