La revolución urbana no se mide en infraestructuras, sino en calidad de vida
Regenerar barrios, mejorar la movilidad, garantizar la accesibilidad universal y avanzar en sostenibilidad son algunos de los retos que marcarán el futuro como se recordó en la segunda mesa
La segunda mesa del encuentro, moderada por el director de DEIA, Iñaki González, abordó la cuestión de cómo construir entornos urbanos más habitables, accesibles y sostenibles a través de la regeneración urbana, la movilidad sostenible y la mejora de la calidad de vida.
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El debate partió de una idea compartida por los tres participantes: el urbanismo ya no puede limitarse a planificar infraestructuras o diseñar nuevos desarrollos urbanos. Hoy, las ciudades deben responder a desafíos mucho más complejos, relacionados con el bienestar de la ciudadanía, la lucha contra el cambio climático, el envejecimiento de la población o la necesidad de garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a los servicios y espacios públicos.
En este contexto, la regeneración urbana aparece como una de las principales herramientas para construir ciudades más resilientes. Frente a los modelos de crecimiento expansivo del pasado, las administraciones apuestan cada vez más por intervenir sobre los barrios ya consolidados, mejorando sus espacios públicos, renovando infraestructuras y reforzando la cohesión social. El objetivo no es únicamente modernizar el entorno urbano, sino generar lugares más atractivos para vivir, trabajar y convivir.
Uno de los mensajes más repetidos durante la mesa fue la importancia de los barrios como piezas fundamentales de la ciudad. La planificación urbana actual busca fortalecer los espacios de proximidad, acercando servicios, equipamientos y zonas comerciales a la ciudadanía.
Esta filosofía conecta con modelos urbanos donde la accesibilidad y la cercanía se consideran elementos esenciales para mejorar la calidad de vida y reducir la dependencia del vehículo privado.
La movilidad sostenible ocupó también buena parte de la reflexión. El transporte público, los itinerarios peatonales, la bicicleta y los nuevos sistemas de movilidad compartida forman parte de una transformación que persigue recuperar espacio para las personas y reducir las emisiones contaminantes. Más allá de la cuestión ambiental, la movilidad se planteó como una herramienta de cohesión social.
La accesibilidad universal fue otro de los asuntos centrales del debate. El envejecimiento de la población y la necesidad de garantizar la inclusión de todas las personas obligan a replantear el diseño de los espacios urbanos. Ascensores urbanos, elementos mecánicos, eliminación de barreras arquitectónicas, ampliación de aceras o mejoras en los itinerarios peatonales son algunas de las actuaciones que están transformando numerosas ciudades y que permiten construir entornos más igualitarios.
Escuchar a todos
Otro de los aspectos destacados fue la necesidad de incorporar a la ciudadanía en los procesos de transformación urbana, como recordó Amaia del Campo. Las ciudades pensadas para las personas requieren escuchar a quienes las utilizan cada día. Por ello, cada vez son más frecuentes los procesos participativos que permiten recoger propuestas vecinales y adaptar los proyectos a las necesidades reales de los barrios.
“Las soluciones deben construirse con y para las personas, desarrollando proyectos que aporten un valor real al entorno y respondan a las necesidades de la ciudadanía. Solo así se logra un desarrollo urbano inclusivo, útil y alineado con la realidad local”, remarcó Irati Agirre al respecto en esta segunda mesa de debate del encuentro organizado por DEIA.