La solidez industrial de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa se manifiesta recurrentemente en inversiones millonarias que consolidan a los cuatro territorios forales como un indiscutible polo tractor económico y social. La fabricación del primer vehículo eléctrico en la planta de Volkswagen en Landaben es un hito que acompaña la inversión de la compañía y su apuesta por el futuro en la Comunidad Foral. Se suma a otras apuestas, como la adaptación de Mercedes-Benz en Gasteiz para su propia plataforma eléctrica VAN.EA, precisamente en un sector, el de automoción, en el que las apuestas son muy medidas por la situación que vive; o la también recientemente materializada apuesta descarbonizadora de Petronor en Bizkaia. Todo ello y decenas de iniciativas más demuestran que el ecosistema foral no solo resiste la transición ecológica y tecnológica, sino que puede ser su vanguardia. El modelo de autogobierno y política industrial propios, sumado a la colaboración público-privada es atractivo para proyectos de alto valor que benefician a todo su entorno. Profundizar en esta fórmula es un activo de la gestión política, que debe facilitar la operativa administrativa y dotarla de agilidad.

En ese marco, cobra de nuevo relevancia la saturación de las infraestructuras de transporte y conexión energética. La red eléctrica actual está al límite de su capacidad. Sin redes robustas, digitalizadas y con subestaciones preparadas para absorber la nueva generación renovable y la desbocada demanda de la electrificación industrial, el riesgo de perder inversiones estratégicas en favor de otras regiones es real. A los esfuerzos locales debe acompañar la planificación estatal que garantice la potencia que exige la industria del mañana.

Este desafío trasciende nuestras fronteras administrativas. El desarrollo del Arco Atlántico exige que los cuatro territorios unan fuerzas en defensa de la macrorregión europea. Frente a la pujanza del eje mediterráneo o de Centroeuropa, el Atlántico necesita voz propia en Bruselas para priorizar sus demandas de infraestructuras ferroviarias, logísticas y, sobre todo, de interconexión energética. Carecer de presencia puede relegarnos a una periferia desconectada. Empieza a ser imperioso poder defender la soberanía económica en los debates estratégicos de la Unión.