Aberri Eguna nació como expresión de una aspiración nacional y hoy interpela a toda la ciudadanía vasca, aquí y en la diáspora, con una vigencia persistente. La nación vasca no es un ejercicio de nostalgia, sino un sujeto político vivo que se construye cada día. Por eso, 94 años después de su primera celebración, el sentido de Aberri Eguna sigue actualizado desde principios firmes: democracia, convivencia, identidad y sentido nacional. El principio democrático reclama que la construcción nacional se haga desde las urnas, las instituciones y la participación ciudadana, no desde atajos ni maximalismos estériles que solo conducen a la frustración. Ejemplos de ello ha habido en el pasado dentro y fuera de Euskal Herria que han vaciado de contenido las apelaciones en ese sentido que puedan esgrimirse en el futuro. Un principio democrático que debe operar en todos los sentidos: en el de la iniciativa nacional vasca y en el de disponer de vías para su materialización. Junto a él, la convivencia exige además respetar la pluralidad interna del país y evitar monopolios sobre los ejes culturales e identidad comunes, porque la nación es de todas y todos y la identidad es un concepto de adhesión, no de exclusión. Y el principio de reconocimiento nacional del pueblo vasco reclama que se asuma, dentro y fuera, que Euskadi es un sujeto de derecho llamado a decidir su lugar en el mundo en pie de igualdad. Contra nadie, pero con voluntad plena de pilotar su devenir.
La patria se materializa en el autogobierno y eso pone el foco en culminar las transferencias pendientes del Estatuto de Gernika y redefinir un marco actualizado de organización y relaciones con el Estado español y con Europa que visibilice la naturaleza del pueblo vasco como sujeto de derecho. Que la gobernanza democrática vasca esté donde se fijan las estrategias compartidas que afectan a la calidad de vida, los derechos y el bienestar de la ciudadanía. Este proyecto de construcción nacional está vivo y será más fuerte si se preserva de instrumentalización, evitando reducirlo a parapeto para agendas ideológicas ajenas a él. Cultura, derechos, igualdad, integración y procedimientos democráticos aportan su esencia a Aberri Eguna, cuyo fundamento es la comunidad; distorsionar sus bases solo alejará su realización. Horretan datza abertzale izatea.