LA competición ciclista más importante del mundo, un acontecimiento deportivo que se sitúa en el podio de los más seguidos junto a la Copa del Mundo de fútbol y los Juegos Olímpicos, se pone en marcha hoy en Euskadi con el recorrido más amplio por tierras vascas de toda su historia. El evento trasciende lo deportivo y constituye una apuesta múltiple que es un éxito desde las jornadas previas. Un éxito, en primer lugar, en la respuesta que la afición y la ciudadanía vasca ha empezado a protagonizar desde la presentación de los equipos el pasado jueves y que se verá refrendado por el seguimiento que desde hoy se espera en las carreteras del país. En segundo lugar, un éxito añadido en la constatación de la capacidad, contrastada muchas veces en el pasado y ratificada de nuevo, de la sociedad vasca a través de sus instituciones para ser referencia en la organización de eventos de magnitud global, que es a su vez una forma excepcional de proyectar a Euskadi. Y, además, es la confirmación de que los activos socioculturales son un atractivo de primer orden. El esfuerzo ha sido grande y sus retornos se verán no solo en la facturación inmediata alrededor de la Grand Dèpart del Tour, sino por la dimensión del altavoz que supone la proyección del país a través de cerca de 200 televisiones de todo el mundo. A lo largo de las carreteras de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa e Iparralde palpitará ante los ojos de cientos de millones de espectadores de todo el mundo una realidad que tiene mucho que ofrecer y una identidad abierta al mundo, acogedora y moderna pero orgullosa de sus tradiciones. El reto no ha estado exento de dificultades ni de molestias en la movilidad de estos días. Pero la identificación interna, la positiva acogida que se respira en las calles, permite intuir que se han amortizado las incomodidades y se ha reforzado el consenso en torno a sus virtudes. Un pueblo y un territorio humildes en dimensión, gigantes en historia y vocación de vanguardia se muestra en su enormidad social, cultural e innovadora a través de este escaparate. La multitud de valores positivos de la idiosincrasia del país, su humanidad y su responsabilidad colectiva construyen la imagen de éxito que Euskadi proyecta al mundo y revertirá en nuevas herramientas, relaciones y recursos que permitan seguir mejorando el bienestar y la convivencia.
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