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Especial Innovación

Un entorno social que cuide: la clave para una mejor salud colectiva

Más allá de la investigación biomédica, para seguir mejorando la atención sanitaria es imprescindible tener en cuenta los determinantes sociales de la salud, y el Gobierno Vasco quiere profundizar en dicho ámbito

Un entorno social que cuide: la clave para una mejor salud colectivaFreepik

El cuidado de los demás es uno de los rasgos más esenciales de la condición humana, como demuestra la evidencia arqueológica, que habla de prácticas de asistencia y apoyo mutuo en nuestros antepasados desde hace aproximadamente 500.000 años. Desde entonces, toda esta serie de cuidados no solo se han mantenido, sino que han ido evolucionado a la par que la humanidad se desarrollaba.

La salud va más allá

El conocimiento científico y la capacidad asistencial han crecido de forma constante, pero hoy resulta evidente que la salud no puede explicarse solo desde el plano de la biomedicina. Junto a los factores genéticos y ambientales emergen con fuerza otros vinculados a la organización social, económica y comunitaria, que condicionan el bienestar de las personas. En este sentido, el primer paso es seguir ampliando el conocimiento que se tiene y reforzar la concienciación colectiva sobre su importancia.

El entorno social influye y mucho

La Organización Mundial de la Salud ya ha recordado en varias ocasiones que las condiciones socioeconómicas influyen en la salud desde el mismo momento del nacimiento, e incluso antes.

Durante el embarazo, factores como la nutrición materna, el nivel de estrés, la calidad de la atención sanitaria, la actividad física o el consumo de ciertas sustancias pueden dejar una huella determinante en el desarrollo del feto; una etapa crítica en la que se establecen las bases de la vida futura de esa persona.

Tras el nacimiento, el contexto social sigue siendo un factor clave. La posición socioeconómica se relaciona directamente con la esperanza de vida y con la probabilidad de desarrollar enfermedades; más si cabe si hay situaciones de exclusión social. En este sentido, la pobreza, la discriminación o la marginación favorecen la vulnerabilidad y esto trae, con frecuencia, peores indicadores de salud y una mayor mortalidad prematura.

El cuidado de la salud es una tarea de fondo

En este escenario, también aumenta el riesgo de conductas de consumo nocivas, como el tabaco, el alcohol u otras sustancias, lo que refuerza la necesidad de apoyo social y comunitario. Y es que el aislamiento social agrava de forma significativa el deterioro del bienestar.

En muchos casos, el no tener empleo está en la base de dichas dinámicas. El desempleo, o incluso la precariedad laboral, no solo afecta a la estabilidad económica de una persona o una familia, sino que incrementa el riesgo de enfermedad y mortalidad. La incertidumbre laboral y el temor a la pérdida de empleo generan además niveles elevados de ansiedad y estrés, factores que tienen un impacto directo sobre la salud.

Su relación con la organización del trabajo y con los estilos de vida que llevamos en la actualidad hacen del estrés un factor de riesgo tras el cual están enfermedades cardiovasculares, infecciones, diabetes o trastornos de salud mental como la depresión.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que las condiciones socioeconómicas influyen en la salud desde el momento del nacimiento, incluso antes.

El transporte constituye otro determinante relevante, en la medida en que condiciona el acceso a oportunidades laborales, a servicios sanitarios o a una alimentación más saludable. Una red de transporte público eficiente ayuda a reducir las desigualdades sociales y aumenta las oportunidades de llevar una vida más sana.

Y, por último, en el ámbito de la alimentación, el desafío actual no se centra tanto en la desnutrición como en la malnutrición. El consumo excesivo de grasas, azúcares y alimentos ultraprocesados está asociado al aumento de patologías como la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer o problemas degenerativos. Además, las desigualdades económicas influyen directamente en los hábitos alimentarios, ya que los grupos sociales con menos recursos tienden a consumir con más frecuencia productos de menor calidad nutricional.

Prevención de una salud global

En definitiva, resulta evidente que la atención sanitaria, por sí sola, no es suficiente para mejorar la salud de la población.

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Por ello, en el marco de los llamados “Faros de Innovación” presentados por el Gobierno Vasco, el Departamento de Ciencia, Universidades e Innovación pondrá especial atención en los determinantes sociales de la salud para avanzar en la prevención y el diagnóstico precoz de enfermedades.

Analizando de forma integral las dinámicas de salud de la población vasca y trasladando el conocimiento adquirido a las políticas públicas, el objetivo es seguir construyendo una sociedad más justa y equitativa. Para que esa cadena de cuidados, iniciada hace tanto tiempo, no se rompa.