Uno de los retos urgentes que se le presentan a las economías europeas es incrementar la productividad laboral y la competitividad empresarial en un escenario marcado por las obligadas transiciones energética y digital, la Inteligencia Artificial y la competencia de bloques económicos entre los que cada día crece la desconfianza y las reglas globales están quedando arrinconadas. De todo eso se habló la semana pasada en el foro ‘Del análisis a la acción: aprovechando las políticas locales para impulsar la productividad', organizado por Orkestra-Instituto Vasco de la Competitividad, junto con la OCDE, The Productivity Institute y CEPAL, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas. Uno de los ponentes fue Christian Ketels, economista principal de la Unidad de Competitividad del Banco Mundial. Este experto estadounidense reconoce los logros de la economía vasca en estas materias, pero advierte de que los desafíos que se presentan ahora son importantes, ya que Europa no puede permitirse titubear ante Estados Unidos y China. Por ello, recomienda a la UE fijar su propio camino y ejecutar reformas de carácter estructural.

La productividad es uno de los mejores termómetros del estado de una economía. ¿Cómo valora los niveles de Euskadi?

—En general, lo que veo es que, en el contexto español y europeo, la productividad vasca es alta. Y eso se ha logrado gracias a la formación de ecosistemas empresariales específicos. En Euskadi, no solo existen algunas empresas punteras, sino que ha habido una política y una comunida enfocadas en construir a largo plazo esos ecosistemas empresariales de éxito. En Harvard Business School analizamos varios casos de empresas vascas. Aquí se ha trabajado mucho en el campo de la innovación, y en todos los aspectos se ha desarrollado una muy buena labor, con resultados mucho mejores que en otras regiones. Pero eso no significa que no haya desafíos por delante, porque las empresas vascas están insertas en los mercados globales y afrontan retos similares a los de otros espacios, como las transiciones climática y digital. 

¿Qué puede aprender Euskadi de países como Alemania y Francia, que suelen liderar las tasas de productividad de capital y trabajo?

—Todos los países y territorios pueden aprender unos de otros. Pero lo bueno de Euskadi es que ya está en ese grupo de cabecera. Euskadi es un caso singular entre muchos de los territorios y espacios que hemos estudiado gracias a su nivel de autonomía. Eso le concede muchas más oportunidades para diseñar sus propias políticas, también con el apoyo de los análisis que realizan agentes como Orkestra. La habilidad de los gobiernos no reside solo en ejecutar las tareas más urgentes, sino en pensar en políticas a medio y largo plazo. Creo que se puede aprender mucho de la experiencia vasca.

“Las crisis pueden ser también episodios aceleradores de cambios, como vimos tras la pandemia con la digitalización”

¿Qué opina de la política de clústeres y de la colaboración pública-privada?

—Esta región, junto con Catalunya, es la que más tiempo lleva trabajando en esta línea. Tiene una larga tradición en el campo de la cooperación entre instituciones públicas y empresas privadas. Creo que, de nuevo, estamos en una coyuntura en la que esta colaboración es la herramienta adecuada, sobre todo en aspectos como la tecnología y el comercio, que van a ser decisivos en el futuro. La clave es preguntarse de forma conjunta la dirección en la que se desea avanzar. ¿Dónde queremos competir en el futuro? Pienso que estos clústeres son una plataforma potencialmente muy fuerte porque implican de manera unida a estructuras públicas y privadas. A veces, el avance a corto plazo no es fácil pero veo que, en todo el mundo, toda esta cooperación está regresando a primer plano, lo que es bueno para mejorar los niveles de productividad e innovación. 

Estamos entrando en una nueva situación de crisis mundial en la economía. ¿Cómo puede afectar a comunidades de base industrial, como es la vasca?

—Es una buena pregunta, pero complicada de responder. Yo creo que crisis anteriores, como la pandemia, demostraron que pueden ser episodios aceleradores de transiciones, como la digitalización masiva en las empresas. Tenemos que ver como evoluciona la situación a medio plazo, especialmente en materia energética, pero parece claro que todos estos problemas van a permanecer durante un cierto período de tiempo. Además, para la industria intensiva en el consumo de energía las cosas se van a poner cada vez más difíciles de lo que ya estaban por la guerra de Ucrania. Es probable que asistamos a un repunte de las energías renovables, porque van a permitir una mayor independencia de los combustibles fósiles. Pero, al mismo tiempo, estamos viendo que en esta transición a un modelo renovable siguen aumentando los precios de la energía tradicional. 

“Se necesitan decisiones políticas con un impacto duradero, y preguntarse en qué campos queremos competir en el futuro”

La presidenta del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, ha asegurado que debemos estar “preparados para lo peor”. ¿Está de acuerdo?

—Siempre es bueno estar preparados y el FMI ha sido creado precisamente para afrontar este tipo de situaciones. Desde el Banco Mundial también estamos trabajando para superar coyunturas como esta con una visión más a medio y largo plazo. Lo que analizamos en nuestro trabajo diario es que diferentes recesiones golpean a los países de forma diferente. Lo que estamos viendo es que, tras la crisis creada por la pandemia, la nueva situación que estamos atravesando está golpeando más seriamente a los países en los que los desequilibrios fiscales ya eran más pronunciados. Así que está claro que todos estos problemas nos obligan a una aproximación más creativa para resolverlos. Desde el Banco Mundial tenemos claro que se necesitan reformas. 

Los expertos aseguran que estamos en puertas de una gran crisis. ¿Cuál podría ser el impacto en los próximos meses?

—En términos generales es difícil decirlo, pero creo que para los países en vías de desarrollo la situación va a ser más difícil que la de hace diez años con la crisis financiera y de deuda. Creo que, desde el Banco Mundial, nuestra tarea con estos países no va a consistir tanto en programas de ayudas, sino en la realización de reformas estructurales. Tenemos que lograr la manera de que los mercados de capitales funcionen mejor.  Hay que buscar la manera de evitar los déficits que están afectando a muchos países, que les están impidiendo alcanzar los niveles de productividad que necesitan. Pero eso no solo pasa en las economías emergentes, sino también en la propia Unión Europea. Se necesitan decisiones políticas que busquen un impacto duradero.  

“Estamos en una coyuntura en la que la política de clústeres y la colaboración público-privada son una herramienta adecuada”

Los informes que han elaborado Mario Draghi y Enrico Letta advierten de la urgencia de que Europa acometa reformas en un contexto en el que la UE corre el peligro de quedarse retrasada respecto a Estados Unidos y China. ¿Qué puede hacer Europa para no quedar aprisionada entre estos dos gigantes económicos?

—Yo aconsejaría a los europeos que no se obsesionen con Estados Unidos o China, sino que se centren en lo que pueden hacer de forma concreta. La Unión Europea es el mayor marcado mundial de consumidores y necesita de una mayor integración. Europa tiene otras muchas fortalezas, como por ejemplo su sector científico. Existe una gran potencial que la UE no está utilizando. Pero se necesita salir de la espiral de respuesta inmediata a lo que se haga en Estados Unidos y en China. Lo que Europa necesita es marcar su propia agenda de objetivos y cumplirla. Incluso en el plano del comercio internacional, puesto que parece claro que la Administración Trump no va a dar marcha atrás en los aranceles que ha impuesto. Hace poco tuve la oportunidad de escuchar a representantes del Departamento de Comercio de Estados Unidos y mantienen su idea de los aranceles. Lógicamente, Europa tiene otro punto de vista. Existen más bloques comerciales además de Estados Unidos, y Europa tiene que trabajar con ellos. Una prueba es el reciente acuerdo firmado con India. Además, yo pienso que una política así puede conducir a una mejor relación con Estados Unidos, porque Washington entiende que los países deben velar por sus intereses nacionales. Es más fácil que en esa situación se produzca un nuevo acercamiento entre Estados Unidos y Europa. Pienso que para Estados Unidos lo más complicado es entender que algunos países no declaren claramente cuáles son sus objetivos y por qué hacen las cosas. Si el compromiso de Europa es con la defensa de las normas globales, entonces lo que tiene que hacer es comprometerse con esa idea y defenderla abiertamente.