Unas fotografías que se exponen en el Museo de Bellas Artes de Bilbao dan testimonio de cómo Félix Fernández-Valdés (Bilbao 1895-1976) había convertido su casa en el número 15 de la Gran Vía de la capital vizcaina, donde vivió desde 1920 hasta su fallecimiento, en un auténtico museo. En el salón colgaban obras de El Greco, Zurbarán, Valdés Leal y Murillo. Una puerta daba acceso a una capilla, en la que dispuso, entre otras, las dos tallas policromadas de Pedro de Mena y Lamentación sobre Cristo muerto, de Van Dyck. Y en su dormitorio contemplaba todos los días el Cristo muerto en la cruz, de Zurbarán, y el San Francisco de Paula, de Ribera.

El empresario bilbaino fue capaz de reunir hasta 400 obras de arte y configurar la colección privada más importante del Estado, de la que el Bellas Artes presenta ahora una magnífica exposición con una selección de 79 de sus mejores y más representativas obras.

Tras el fallecimiento de su propietario, la colección se desmembró entre sus diversos herederos y muchas de las obras que pueden verse ahora en el museo pasaron a formar parte de importantes colecciones privadas y públicas. La muestra es el resultado de una "exhaustiva investigación" para conocer el destino de las piezas. El recorrido planteado cronológicamente permite contemplar algunas obras inéditas, no expuestas antes en público, o poco conocidas, lo que pone de manifiesto "tanto la calidad del conjunto como el acierto coleccionista del industrial bilbaino" de la que está considerada "una de las mejores colecciones de arte de su tiempo", según destacó Miguel Zugaza, director del museo en la presentación de la exposición. Zugaza estuvo acompañado por el director general de BBK, Gorka Martínez, entidad patrocinadora de la muestra, y el nieto de Félix Fernández-Valdés, Jaime Fernández-Valdés Zubiría. Junto a ellos, comparecieron además los dos comisarios de la exposición: la jefa de Conservación e Investigación del Museo del Prado hasta 2017, María Pilar Silva, y el coordinador de Conservación e Investigación del Bellas Artes de Bilbao, Javier Novo.

Pasión por el arte

Félix Fernández Valdés tuvo negocios de importación de madera, aceite de palma y cacao en la Guinea española hasta su independencia en 1968. Según explicó su nieto, en el origen de su pasión por el arte se encuentra la figura de su tío, el también coleccionista Tomás de Urquijo, quien le legó todos sus bienes. Entre ellos se encontraba el Cristo crucificado (1577), muy acorde con las profundas convicciones religiosas de Valdés, de El Greco, quien, junto con Zurbarán, era uno de sus pintores predilectos.