Jóvenes con estudios superiores participan en el programa Hazilan de inserción laboral
En dos meses han reforzado habilidades como la proactividad o el trabajo en equipo pero sobre todo han aprendido a valorarse, a salir del bache y a conocerse mejor
sON jóvenes, tienen estudios universitarios y muchas ganas de trabajar. Buscan con empeño esa puerta abierta que les dé entrada al mercado laboral. Alguno ya la ha encontrado, pero primero se buscan a sí mismos. “A veces es mejor dar un paso atrás para coger carrerilla y lanzarte a buscar trabajo con más fuerza”, explica Idoia Valencia, coach de trece jóvenes de Eibar y municipios de alrededor que participan en el programa de inserción laboral Hazilan, enfocado a parados con una alta cualificación. Son dos meses de formación teórica pero, sobre todo, práctica. “La actitud es clave, el trabajo no viene a casa. Hay que cambiar el chip”, resume Ane Urkiola, licenciada en comunicación audiovisual y con un máster en guion de cine que intenta hacerse un hueco en el sector como autónoma.
Como ella, Ekhi Velar, Izaskun Alberdi, Aitor Zubizarreta, Ane Usobiaga y Ane Basurto acuden cada mañana a las instalaciones de Debegesa, la agencia de desarrollo de la comarca de Debabarrena, a tratar de encontrar su camino. En una sesión especial, los seis jóvenes y su guía Idoia Valencia relatan a DEIA su experiencia en el programa impulsado por el Gobierno vasco y financiado por el Fondo Social Europeo y Garapen, la asociación vasca de agencias de desarrollo.
Diversos estudios calculan que en Euskadi hay unos 15.000 jóvenes con estudios universitarios o de Formación Profesional (FP) superior que no encuentran trabajo. El objetivo de Hazilan es que al menos un tercio pueda estar colocado en un plazo de cinco años, para lo que las distintas agencias comarcales se han puesto ya manos a la obra. En el caso de Debegesa se han seleccionado a trece jóvenes de Eibar, Elgoibar, Ermua y otros municipios de fuera de la comarca como Sondika, de entre más de medio centenar de candidatos.
Se trata de un equipo “supermultidisciplinar”, como dice la coach Valencia, que se define a sí misma como “la caja de herramientas” del grupo. Hay desde biólogos hasta informáticos. “No hay dos perfiles iguales y aprenden mucho unos de otros. Yo solo les he guiado un poco para que pudieran focalizarse en lo que quieren”, explica.
La especialización, o el dar con aquello que realmente motiva, es un punto crítico de Hazilan. “Más que cómo hacer un currículum nos han dado herramientas para reflexionar y dar tú mismo con tu camino. Conocer qué características te van a servir para encontrar trabajo”, expone Ane Basurto, pedagoga de 27 años que ha empezado a hacer prácticas en la consultoría social Daiteke. “Tengo poca experiencia laboral y esto es una oportunidad. Las prácticas te permiten darte a conocer a las empresas”, celebra.
la opción de emprender Ekhi Velar es periodista, tiene experiencia laboral, pero tras regresar del extranjero no ha dado con una nueva oportunidad. Reconoce que el mundo de la comunicación es complicado pero mantiene varias puertas abiertas. Una de ellas pasa por poner en marcha un proyecto con los compañeros con los que ha estado estas semanas ya que varios son de la rama de la comunicación. El emprendizaje como salida al paro.
“Tenemos la mentalidad de hacer una carrera e ir a una empresa a trabajar. No pensamos que igual tenemos que crear nosotros algo. Se están cerrando empresas y si tú no abres la tuya se van a ir terminando”, razona Aitor Zubizarreta, el informático del grupo.
Pero como siempre, lo más difícil es arrancar y encontrar financiación, la gasolina de cualquier proyecto. “Muchas veces no necesitamos una gran inversión para emprender. Con tener un espacio, unos ordenadores e Internet ya puedes arrancar. Si funciona ya irás dando los pasos siguientes”, les anima Valencia.
“Sobre todo aquí hemos adquirido la motivación de hacer algo. Estás en casa sin trabajo y estás hundido, te faltan ganas. El primer paso es enfocarte en lo que quieres. Tienes mil ideas y hay que juntarlas y definir tu objetivo”, expone Velar.
El objetivo principal del programa es aprender a valorarse a uno mismo. Hazilan es una especie de terapia grupal con muchas dosis de filosofía. “Lo primero es que ellos vean cuáles son sus motivaciones. Muchas veces nos ponemos a buscar trabajo sin rumbo, y primero hay que encontrarse uno como persona”, explica la coach. “Indagar y desarrollar primero las competencias personales, luego las profesionales, ver qué opciones hay e ir a por ello. Es ir para atrás para coger carrerilla y lanzarte para adelante con más fuerza”, ilustra.
Aunque se reúnen cada mañana en los locales de Debegesa, el programa va más allá de la tradicional clase “pasiva” en el aula. Los jóvenes realizan actividades por las tardes y acuden a todo tipo de eventos. No esperan a que el trabajo llegue a casa. “Esta es la primera promoción y queremos un 100% de colocación. Pero queremos que sean ellos los que busquen su oportunidad y no nosotros. Así la satisfacción es más grande”, propone Valencia.
Pero dar con esa puerta abierta es siempre lo más complicado. En pleno debate sobre la capacidad de los servicios públicos de empleo para hacer intermediación, los seis jóvenes trasladan una fórmula novedosa, la búsqueda de trabajo en grupo. Entre todos han puesto en marcha una plataforma digital, Gaztegan, en la que dan a conocer sus perfiles, sus gustos y sus inquietudes. Es una manera, explica Zubizarreta, de ampliar la red de contactos. No rechazan las vías tradicionales como Lanbide o los portales de Internet como infojobs, pero consideran que el trabajo hay que ir a buscarlo. Dar ese paso siempre es más fácil en equipo.
“Los jóvenes tenemos que tener claro que la actitud es clave. Tenemos en la cabeza que para encontrar trabajo hay que ir a Lanbide o entrar a Internet desde casa. Tengo amigos que buscan empleo en infojobs y no les va bien. El trabajo está en la calle y en las personas”, dice Ane Urkiola, apasionada del cine. “Vas a un evento, tomas un café con un productor y muchas veces está ahí el trabajo, has tenido que ir allí. La dinámica esa de estar en casa, mandar el currículum y esperar a que te llamen muchas veces no funciona y acaba frustrando”, asegura.
Urkiola es locuaz. Su propio camino hacia esa primera puerta abierta al mercado de trabajo le ha ido transformando. “A mí al principio me daba vergüenza hablar en público y me costaba hablar con la gente. Pero al final o comes o te comen. Está montado así. Hay gente superpreparada que no sabe ni hablar con el vecino. Para encontrar trabajo lo importante es saber comunicarte y saber venderte”, sentencia.
habilidades transversales Acostumbrada a orientar a jóvenes, Idoia Valencia asegura que hay algunos que tienen la actitud adecuada, “pero hay otros muy pasivos”. “Piensan que con una titulación es suficiente y hoy en día no es así. Más importantes son las competencias transversales como el trabajo en equipo, la autonomía, la iniciativa o la proactividad. Cosas que en este sistema educativo que tenemos no trabajamos”, dice. “En las empresas se valora muchísimo que sepas buscar tus propios proyectos. Claro, es muy difícil porque el tipo de contratos y los sueldos que nos ofrecen no nos motivan, pero esa es la actitud”, explica Valencia.
La precariedad laboral que sufren los jóvenes sale a debate. “Las prácticas son una buena manera de entrar en las empresas. Luego hay empresas y empresas, algunas se aprovecharán, pero es una buena opción si se hace bien”, dice Izaskun Alberdi, bióloga que ha empezado a hacer prácticas en Begibistan, una compañía que organiza visitas turísticas por la costa vasca. “Por ahora estoy muy contenta. Tengo trabajo tres meses y si se puede seguir luego pues mejor”, desea Alberdi.
“Cuando acabas la carrera tienes una titulación, pero luego hay un gran abanico de posibilidades. Aquí lo que hemos hecho es conocernos a nosotros mismos para ver en qué trabajo encajamos mejor”, coincide con sus compañeros.
Ane Usobiaga, de 33, es la veterana del grupo. Es ingeniera industrial, ha estado año y medio en paro a pesar de tener experiencia laboral en Holanda y buen nivel de inglés. Hace apenas unos días ha encontrado trabajo en Ekide. “Estaba bastante decaída y venir aquí me ha ayudado a centrarme. Cuando llevas mucho tiempo en paro parece que es tu culpa y que tú eres la vaga. Pero eso no es así”, afirma.
Zubizarreta recoge el testigo: “Yo sabía que tenía que moverme, pero al estar solo te da más pereza. Todos hemos entendido que nos venía muy bien estar juntos”, dice el informático. “En Euskadi tenemos una mente muy conservadora aunque nos creamos modernos”, opina Urkiola. “Nos cuesta comunicarnos hasta con el vecino. Eso hay que romperlo porque hoy día vivimos en una sociedad globalizada. Muchas veces es miedo a cambiar”, añade. “Hay que salir de la zona de confort”, refuerza la coach. “La gente a veces se pone barreras y pone la negatividad por delante”, remata Ekhi Velar.
“Nos han educado para hacer una carrera y ser superwoman. Pero sales de la universidad, te pegas la hostia y te entra una crisis existencial que no sabes cómo gestionar”, interviene Urkiola. “Creo que lo que hacemos aquí es emocionante. Mi amama ha luchado toda la vida para vivir mejor y le hunde ver que sus nietos, con carreras universitarias, están en casa. Que los mayores vean que los jóvenes le estamos dando la vuelta a esto es gratificante”.
“Tenéis la actitud y unos valores que vais a transmitir a otros, sois agentes de cambio. El impacto positivo a vuestro alrededor es muy importante”, finaliza Valencia.
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