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Dos escenas describen la victoria de Kaiku -ayer Usain Bolt en el Cantábrico, según la feliz metáfora de un aficionado verdinegro…- con poder y plasticidad. En la primera, el alcalde de Sestao, Iosu Bergara, va y viene, arriba y abajo, con paso nervioso. Agita las manos, se las frota, las une en forma de plegaria; pregunta y se va, como si no quisiese escuchar la respuesta. Se diría que recuerda a un preso en el corredor de la muerte a la espera de recibir la postrera llamada del gobernador. Esos fueron los preámbulos de una mañana feliz para Sestao, expresada en la segunda imagen: cuando todos los remeros de Kaiku se lanzan a las aguas que besan la rampa de los campeones -la rampa que asciende a los cielos del remo...- del puerto de Donostia, una joven aficionada sube a la trainera y se envuelve en una bandera verdinegra, bamboleándose en equilibrio. Parece la Marianne de la Revolución Francesa alentando a los suyos, hermosa y emotiva. Una heroína del pueblo.
En el contraluz de esos momentos felices, con el presidente de Kaiku, José Manuel Monje, hundido en el agua hasta la cintura agitando la bandera triunfal, los remeros de Urdaibai aplaudían a sus colegas de la Bizkaitarra en un gesto con mensaje: ahogar el hacha de guerra. Nadie quiere fuego sobre las aguas, salvo quizás ese par de aficionados que gritaron a la tripulación azul "esto es lo que hay, Urdaibai", cuyas voces fueron afeadas por gran parte de la afición sestaoarra.
Fue el amor en los tiempos del cólera -José Luis Korta no olvida...-, dicho sea con permiso de Gabriel García Márquez. El amor que serena las aguas revueltas, con ambas aficiones aplaudiendo a la trainera rival, a todas las tripulaciones que desembarcan. El amor real, que se plasmó en la oferta de matrimonio que realizó el remero de Urdaibai Moisés González a su pareja. La llevaba estampada en una camiseta y estaba escrita... ¡en alemán! La imagen traía a la memoria lo ocurrido el verano de 2010, cuando la remera de La Rianxeira, Vicky Piñeiro y el remero de Urdaibai, Óscar Viúdez, se prometieron que si ganaban la Bandera de La Concha pasarían por el altar. Se casaron en 2011. Y amor, también, en el beso de película con el que fue recibido un remero de Chapela... ¡Enorme recompensa!
Para entonces, para cuando se produjo ese estallido romántico, ya se habían vivido otras escenas dignas de recuerdo. Hubo un trompetista que jaleó la ascensión de las remeras de La Rianxeira por la rampa hacia la gloria de su quinta bandera y tres o cuatro gaiteros que insuflaron aire a Tirán, amén de las fanfarrias habituales que contrastaban con una peculiar bolsa de trabajo que podía leerse en la cubierta del Aquarium donde un cartel rezaba "Se busca guitarrista", quien sabe si no para cantarle a la loca noche de Sestao. Lo miró con media sonrisa Javi Polo, antiguo remero de Urdaibai, a su llegada. Hoy tengo envidia, murmuraba. Unos metros más adelante, José Manuel Francisco hacía público su pronóstico sin decir una sola palabra: iba vestido de azul completo, con un pañuelo arraunlari al cuello. En Portaletas, ese Bet&Win callejero del puerto donostiarra, alguien apostaba 200 euros a que Kaiku no le sacaba cinco segundos a Urdaibai en la regata. Siete segundos le amargaron el día...
Iba y venía la afición entre cánticos de aliento y sin refriegas. Entre ellos pudo verse al candidato a lehendakari del PNV, Iñigo Urkullu; a Jon Andoni Zarate, Juan Gondra, la gente del restaurante Eneperi, Alberto Zulueta y un sinfín de aficionados arraunlaris. En el corazón de la fiesta una voz chistó que ya era hora de revisar la letra del histórico Kaiku, que tú eres el amo, habida cuenta de que Pasajes San Pedro, Pasajes San Juan y Fuenterrabía hace tiempo que no les pisan los talones. Estallaron los aplausos, incluido el de un grupo de mujeres azules que no cejaron en su aliento, todas ellas tocadas con un desfile de diferentes sombreros color mar. Por momentos convirtieron los muelles en una pasarela parisién. En medio de aquel tumulto contrastaba la imagen de un aficionado punkie ataviado con la camiseta de Vasileiadis, el baloncestista griego, desencajado y como si se encontrase en otro mundo. También lo hacían, por insólito, Mari Carmen y Andoni. Ambos tenían una historia de amor en común y un desafío: él iba cubierto de verde y ella de azul. Estaría bueno que no nos hablásemos por esto, aseguraba ella. Claro, como siempre pierde no quiere callar, respondía él poco antes de bajar a la rampa.
La tripulación verdinegra subió en andas a Korta para que ondease la bandera albiazul y la tripulación de Astillero mostró una enseña en la que podía leerse "Va por ti, señor Palazuelos". La afición de San Juan -fabulosa con las bengalas, el confeti o la recreación de la famosa foto de Iwo Jima, con un grupo de aficionados rosas sujetando una bandera de proporciones descomunales...- celebró como los grandes la victoria de los suyos en la tanda de consolación y hubo, en todo el día, una sensación indescriptible: las nubes negras de los tribunales no encapotan el ánimo de la buena gente que mira a la mar.