Alerta mundial por el coronavirus

Hasta la última gota

24.06.2020 | 01:30
Ben Lammers intenta colocar un tapón a Brandon Davies.

El Bilbao Basket exprime todos sus recursos físicos, tácticos y mentales para equilibrar la batalla ante el Barcelona, que tuvo que sufrir para seguir invicto y asegurar el primer puesto del grupo en la fase final

NADA se puede exigir ni reprochar a quien lo da todo. El Bilbao Basket ha exprimido al máximo todos sus recursos en esta fase final de la Liga Endesa que nació torcida y aunque ya está eliminado puede quedarse con la conciencia bien tranquila porque ha tratado hasta el último minuto evitarlo. Ayer jugó para llegar con opciones a la última jornada, pero tenía una montaña enorme que superar, ese Barcelona que le saca muchos centímetros y kilos. Valga un dato: la media de altura del cinco inicial de los culés era de 2,05 metros, ninguno medía más de 1,96, y en cambio los hombres de negro salieron con un trío de perímetro que apenas superaba el 1,90. Quien dijo miedo, pensaron una plantilla admirable en su rendimiento y un cuerpo técnico que les ha inyectado litros de fe y que ha conseguido desde septiembre grabar la palabra equipo a fuego en el vestuario.

Pues durante casi tres cuartas partes del partido no se notó la diferencia ya que el Bilbao Basket no se guardó nada. Álex Mumbrú era consciente de la inferioridad física de sus jugadores y desplegó una serie de variantes defensivas, llenas de sentido y inteligencia táctica, que incomodaron al Barça cuando debía alargar sus ataques. Entre que Hanga no es un puro base y que Heurtel no está fino, la defensa bilbaina logró complicar la circulación azulgrana. Además, el dominio del rebote era negro gracias a un enorme despliegue físico, lo que dio confianza para producir en el otro lado sin precipitarse.

Aún así, las pérdidas de balón (20 al final) empezaron a convertirse en el principal problema para el Bilbao Basket, algo lógico cuando en el tramo final del primer cuarto la línea exterior eran Ruiz, Rigo y Rafa Martínez. El Barcelona apretó para negar las líneas de pase y empezó a sumar canastas fáciles que, al final, hicieron una diferencia excesiva en el marcador. Los azulgranas se pusieron por delante y quién más quién menos pudo pensar en una rendición temprana. Pero ahí el Bilbao Basket enlazó unos minutos de excelente baloncesto, al nivel del de toda la temporada, para firmar un parcial de 14-0 para pellizcarse de placer.

Poniendo incluso al final del segundo cuarto un quinteto con Iván Cruz al tres para acompañar a Lammers y Balvin y equilibrar, al menos, la batalla del tamaño, los hombres de negro seguían avanzando en ese alambre sobre la Fonteta al que le han condenado las lesiones, agarrados al partido. La hiperactividad de Oriola causaba estragos y un parcial de 0-9 tras antideportiva a Rousselle y técnicas a Balvin y Mumbrú pareció el golpe definitivo. Pero tampoco. Los vizcainos contestaron con otro 9-0 y se mantuvieron en pie unos minutos más.

CAMBIO DE MARCHA Sin embargo, muchos tiros ya empezaban a quedarse cortos, un síntoma de agotamiento, que llevó al Barça a subir una marcha, acelerar sus transiciones para evitar las trampas defensivas (una zona 2-3, una 1-3-1, de ajustes€) y marcharse a 16 puntos de ventaja. Aún tenían los bilbainos que dejar otro sello en esta fase final con un postrero parcial de 9-0 que no alteró el rumbo del resultado, pero supuso la confirmación del valor de un equipo que durante muchos minutos de esta fase ha sido como David contra Goliat, estirando su rotación de once jugadores ante rivales que se han permitido dejar dos o tres jugadores en la grada porque han querido. El Bilbao Basket lo ha tenido que hacer a disgusto, porque no le ha quedado otro remedio.

Por eso, aunque pertenece al terreno del baloncesto-ficción, cabe pensar qué habría ocurrido si Mumbrú hubiera contado con todo el equipo al completo en este extenuante torneo de Valencia. Desde luego, el rendimiento con lo que había no ha desmerecido al resto de la temporada y ha sido muy alto para haber estado los jugadores casi dos meses sin tocar un balón. En realidad, en toda la fase se ha visto un baloncesto de alto nivel y el Bilbao Basket no ha desmerecido y ha podido construir para la próxima temporada sobre unas bases que se han mostrado como muy sólidas. Mañana llegará la última cita ante el Unicaja, el último plato de un menú exquisito, y después las vacaciones. Muchos jugadores saben que se van a reencontrar y tendrán el ánimo alto y la ambición intacta.

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